16 octubre, Día Mundial de la parada cardíaca. Israel Díaz Álvarez. Enfermero Especialista Grupo ANP - El Sol Digital
16 octubre, Día Mundial de la parada cardíaca. Israel Díaz Álvarez. Enfermero Especialista Grupo ANP

16 octubre, Día Mundial de la parada cardíaca. Israel Díaz Álvarez. Enfermero Especialista Grupo ANP

Podemos definir la parada cardiorrespiratoria como el cese de forma brusca e inesperada de la circulación sanguínea y de la respiración espontánea y, por tanto, el cese del aporte de oxígeno a los órganos vitales.

En España, ocurren alrededor de 30.000 paradas cardiorrespiratorias (PCR)  extrahospitalarias y cerca de 20.000 intentos de reanimación. Las medidas de reanimación cardiopulmonar pueden conseguir que siga bombeándose sangre al cerebro, y a los órganos vitales, pudiendo así mantener a la víctima mientras llegan los servicios de emergencias. La reanimación debe empezarse de forma extraordinariamente precoz ya que por cada minuto que pasa las posibilidades de sobrevivir disminuyen un 10 por ciento por lo que al cabo de 10 minutos estas posibilidades son mínimas

Para mejorar el pronóstico y la atención a la parada cardíaca hay definidas una serie de actuaciones que son vitales y forman parte de lo que se ha definido como cadena de supervivencia.

  1. El primer eslabón de la cadena es saber reconocer una parada cardíaca, darse cuenta de su importancia y saber que empezar a actuar rápidamente es esencial. Ante cualquier persona desplomada hay que comprobar si respira y responde a estímulos. Observaremos si respira realizando la maniobra llamada “maniobra frente mentón“, que nos asegurará una apertura correcta de la vía aérea. Tras la apertura de la vía aérea debemos “ver, oír y sentir“, la respiración de la víctima.

Si no lo hace hay que avisar al 112 aclarando que es un caso de posible parada cardíaca y la localización más exacta posible.

  1. El segundo eslabón es iniciar las compresiones torácicas y las respiraciones. Se realizarán ciclos de 30 compresiones y dos insuflaciones. Para las compresiones se deben poner ambas manos entrecruzadas en el centro del esternón del paciente y hacer compresiones hacia abajo haciendo presión con la base de la mano y mantener los brazos extendidos en ángulo recto respecto cuerpo de la víctima. Hay que comprimir el esternón hacia abajo unos 4-5 cm, con una frecuencia aproximada de 100-120 veces por minuto, e intentar que las compresiones sean rítmicas y regulares, es decir, con las mínimas interrupciones posibles. Para realizar las insuflaciones de alguien en PCR debemos realizar la maniobra frente mentón, sellar nuestros labios con los de la víctima, taparle la nariz e insuflar aire de manera profunda comprobando cómo se eleva el pecho de la víctima. . En caso de niños hay algunos cambios con respecto al adulto ya que se realizarán 5 insuflaciones de rescate y se realizará la reanimación durante un minuto antes de avisar a los servicios de emergencia. En el caso de las compresiones se realizaran sólo con una mano en el centro del esternón o con los dedos índice y corazón en caso de lactantes. En el caso de lactantes también se realizará en vez de el boca a boca el boca-nariz, sellando con nuestra boca la nariz y los labios de dicho lactante. La maniobra frente mentón también deberá ser menos amplia cuanto más pequeño sea el niño, llegando a colocar en caso de ser lactante en una posición leve de “olfateo“. Estos ciclos de 30 compresiones – 2 insuflaciones se deben mantener hasta que la víctima recupere el conocimiento o hasta que llegue la asistencia médica. Es fundamental que estos ciclos comiencen cuanto antes y se mantengan en el tiempo, por eso debe ser iniciado por la primera persona que vea la parada cardíaca. Si esperamos a una ambulancia sin hacer nada lo más probable es que la víctima fallezca. En muchos países se han hecho grandes esfuerzos en concienciar y enseñar a la población en técnicas de reanimación.

Hay que enseñar estas técnicas, que son sencillas y muy efectivas, en escuelas, universidades, centros de trabajo, culturales etc. Tenemos que perder el miedo a intentar hacer algo, una persona que sufre una parada cardíaca se halla en una situación tan desesperada en la que cualquier ayuda puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Ninguna de las atenciones que se intenten puede ser perjudicial

  1. El tercer eslabón de la cadena es la desfibrilación. Consiste en administrar al corazón una descarga eléctrica controlada con un dispositivo que se conoce como desfibrilador. Básicamente, lo que hace este dispositivo es descargar la actividad eléctrica de todas las células del corazón a la vez y al reiniciar “desde cero” la actividad del corazón para que éste recupere su ritmo habitual normal. El desfibrilador externo automático (DEA) es un aparato de sencillo uso que puede salvar muchas vidas.
  2. Finalmente, el cuarto escalón hace referencia a las técnicas de reanimación avanzada que administra el personal sanitario. Son muy importantes, pero si no se ha mantenido al paciente con vida durante los minutos que puede tardar en llegar una ambulancia en la mayoría de los casos serán inútiles.

La atención a la parada cardíaca no puede ser sólo un problema de los servicios de emergencia, si no hacemos nada el porcentaje de vidas que podemos salvar se sitúa en torno al 5 por ciento. Cuando la población hace algo, cuando actúan los voluntarios, hay intentos de reanimación y se aplica la desfibrilación precoz la supervivencia puede aumentar al 15 por ciento, al 30  por ciento e incluso más. Pero para ello necesitamos hacer muchas cosas, realizar mucha formación en empresas y en colegios, necesitamos implantar DEAs en centros comerciales, calles y plazas, y necesitamos algo todavía más importante, necesitamos la colaboración y concienciación de todos los ciudadanos.

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