África: alguna ventaja tenía que tener. Ramón Echeverría p.b. - El Sol Digital
África: alguna ventaja tenía que tener. Ramón Echeverría p.b.

África: alguna ventaja tenía que tener. Ramón Echeverría p.b.

Septiembre nos ha traído dos inesperadas y bienvenidas preguntas que la BBC se hace sobre el Covid-19 en África. ¿Por qué entre los infectados la proporción de muertos es menor en África? (2 de septiembre). ¿Está desacelerando el contagio en África? (7 de septiembre). También este mes ha traído una buena noticia de cara al futuro, esperemos que próximo. Richard Mihigo, responsable de los programas de la OMS para África declaró el pasado día 4 que en cuanto se apruebe una vacuna, África recibirá una entrega inicial de al menos 220 millones de dosis.

 

Durante meses, expertos y autoridades han repetido que el hacinamiento en las grandes ciudades y la escasez de infraestructuras sanitarias en la mayoría de los países africanos hacían temer lo peor. Aunque también esperaban que la juventud de su población (60% menos de 25 años) y la escasez de comunicaciones entre las ciudades y el campo frenarían algo la expansión del virus y bastante sus efectos mortales. Hay que decir que muchos gobiernos reaccionaron con rapidez ante la pandemia. El 22 de marzo Ruanda fue el primer país subsahariano que impuso el confinamiento en todo el país, seguido rápidamente por Botsuana, África del Sur y Uganda. Temiendo un éxodo hacia el campo, en donde hay menos facilidades sanitarias, el 30 de marzo el gobierno de Nigeria confinó Abuja, la capital, y Lagos, la mayor ciudad del país (13 millones). Ahora se puede decir que tal vez no fuera la mejor solución. Los trabajos informales, a los que se dedican la mayoría de los habitantes de las grandes ciudades, y los arrabales en los que muchos conviven, no permiten ni confinamiento ni distancia social. No es pues de extrañar que casi la mitad de los casos de Covid-19 se hayan dado en las grandes aglomeraciones de Sudáfrica y Nigeria.

 

Al parecer hemos tenido un pico y ahora disminuyen los casos en el conjunto de la región”, ha declarado la sudafricana Matshidiso Moeti, directora de la región de África de la OMS, refiriéndose a que el número de nuevos infectados ha caído un 14% de media durante las últimas cuatro semanas. Ese bajón se debe en buena parte a la disminución de los casos en los tres países más poblados, Egipto, Nigeria y Sudáfrica. Porque todavía el Covid-19 ha seguido expandiéndose paulatinamente en Uganda, Ruanda y Marruecos, y de manera preocupante en Libia. Además, advierte la OMS, hay que tomar las cifras con cautela, dada la irregularidad con la que se llevan a cabo los tests y la tardanza con la que llegan los datos. Diez países concentran el 78% de los tests efectuados en el continente: Sudáfrica, Marruecos, Etiopía, Egipto, Ghana, Kenia, Nigeria, Ruanda, Uganda y Camerún. Entre estos, Kenia, que ha anunciado una disminución de casos durante las últimas semanas, ha hecho los tests sólo a los grupos de más riesgo, 8 por cada 1000 habitantes hasta el 4 de septiembre, más que Nigeria (2 por cada 1000 hasta el 6 de septiembre) y menos que Sudáfrica (64 por cada 1000 habitantes). Para hacernos una idea, en USA la cifra era el 6 de septiembre de 276 por 1000 habitantes.

 

Y, sin embargo, por mucho que la escasez de tests y de datos nos hagan pensar, con razón, que la expansión del Covid en África ha sido bastante mayor de lo que las cifras oficiales indican, éstas no pueden estar totalmente equivocadas: A día de hoy África contiene el 17% de la población mundial pero poco más del 3% de los infectados por Covid-19 en el mundo, y un 2% de los muertos a causa del coronavirus. Pero es muy probable según Matshidiso Moeti, que aunque sigan disminuyendo los casos, la pandemia seguirá latente en África durante mucho tiempo. Los colegas de Moeti en la OMS hablan de “un contexto ecológico y social único” que explicaría tanto las menores cifras en contaminaciones y muertes por el Covid, como la posibilidad de que la pandemia siga afectando a África. El profesor Salim Karim, uno de los principales expertos en enfermedades infecciosas de Sudáfrica, declaró a la BBC: «La mayoría de los países africanos no tienen un pico. No entiendo por qué. Es increíble”. Y el profesor Shabir Madhi, un epidemiólogo que ha estado asesorando al gobierno sudafricano en su respuesta al Covid-19, añadió: “Es posible que nuestras luchas, nuestras condiciones de pobreza, trabajen a favor de los países africanos y nuestras poblaciones”. Esas declaraciones las recogió el 4 de septiembre MailOnline, el sitio web del británico Daily Mail, que titulaba: “¿Es su pobreza la que protege del Covid-19 a los países en desarrollo?”. Y la BBC, con una cabecera semejante, dedicó una página a las explicaciones propuestas por los científicos sudafricanos. El que se mencionara la “pobreza” no gustó en las redes sociales, y la BBC cambió el título del artículo al mismo tiempo que pedía excusas a sus lectores: “Coronavirus en Sudáfrica: los científicos exploran una sorprendente teoría sobre la baja tasa de mortalidad”.

 

La teoría es sencilla. Expertos y políticos han apuntado a las condiciones de vida de los townships, el hacinamiento en las viviendas, los servicios higiénicos comunales y la imposibilidad de mantener la necesaria distancia social, como causas de la expansión del Covid 19. Pero ahora algunos expertos se preguntan si no será verdad lo contrario, y el hacinamiento estará en realidad dando a la población una protección extra contra el Covid-19. ¿Cómo explicar si no, que Sudáfrica esté saliendo de la primera ola de la pandemia con una tasa de mortalidad siete veces menor que la del Reino Unido? El 4 de agosto, Chris Baraniuk escribía en The Scientist: “Están apareciendo señales de que algunas personas han tenido mayor protección contra el SARS-CoV-2 gracias a haber sido infectados recientemente por otros coronavirus”. Al día siguiente Rachael Rettner afirmaba en LiveScience: “Los catarros comunes entrenan al sistema inmunitario para reconocer el Covid-19”. El 12 de agosto, The Conversation informaba que científicos del La Jolla Institute (California) habían probado que los catarros pueden generar una reacción de inmunidad semejante a la causada por el Sars-CoV-2, el virus que causa el Covid19. La noticia ha saltado a la prensa general: “El resfriado podría proteger de la Covid”, titulaba El Mundo este 9 de septiembre. Y como no hay duda de que los catarros se transmiten rápidamente en situaciones de hacinamiento, ése sería uno de los motivos a los que los científicos sudafricanos achacan la baja tasa de mortalidad por el Covid-19.

 

Se suele decir que en casa de los pobres las noticias nunca son del todo buenas. Los científicos apuntan a que la inmunidad producida por el coronavirus de los catarros es limitada en el tiempo. Pero algo es algo, sobre todo si se traduce en una menor tasa de mortalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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