Anticorps, La realidad descarnada  de Antoine D’Agata

Anticorps, La realidad descarnada de Antoine D’Agata

Ángeles Ramos

“Yo que todo lo prostituí, aún puedo / prostituir mi muerte y hacer / de mi cadáver el último poema”,

Con estos versos de Leopoldo María Panero, Antoine D’Agata abre uno de los capítulos de su libro Anticorps (Anticuerpos, Xavier Barral), y que da voz a la exposición del mismo nombre que se exhibe en La Térmica hasta el próximo 5 de febrero. Sin duda, son la entradilla perfecta al universo de este fotógrafo atípico de la agencia Mágnum, que se expone por primera vez en un centro de arte español.
Hombre tremendamente sensible, comienza a trabajar como fotógrafo en la década de los 90, claramente influenciado por sus mentores Larry Clark y Nan Goldin. La necesidad de afrontar sus miedos y de denunciar la hipocresía de la sociedad, lo llevan a experimentar en primera persona la noche más sórdida, a viajar no sólo físicamente sino emocionalmente, a descender a los infiernos, a consumir todo tipo de drogas en prostíbulos, a pasearse por esos espacios marginales, donde la violencia y el horror, nacidos de una sociedad económica y política, deshumanizan a aquellos que allí habitan, convirtiéndolos en carne de exclusión social que han de reinventarse a través de más violencia. El propio D’Agata afirma: “Mi trabajo no consiste en mirar al mundo sino en buscar un modo de estar en él”. De hecho, su obra no tiene un estilo narrativo o discursivo. Son imágenes congeladas en el tiempo y el espacio, situaciones vividas, sentimientos, excesos, emociones que van mucho más allá del morbo que puedan suscitar en los espectadores por haber sido vividas en primera persona por el autor. En ellas encontramos la lucha entre el instinto animal del ser humano y la razón.
Este ir y venir por todo el mundo se convierte en su modo de vida, abriendo heridas que nunca se curarán.
Hace unos años, cansado, exhausto de este flujo de viajes y emociones, decide parar y reflexionar sobre lo vivido para liberarse de todas aquellas imágenes que poblaban su memoria. Es entonces cuando, ante la necesidad de revisar y reorganizar tantos años de trabajo sin detenerse, y en trabajo conjunto con los comisarios Fannie Escoulen y Bernard Marcadé, nace Anticorps.

Concebida como una gran instalación, la muestra es un enorme collage de imágenes impresas en vinilo, superpuestas muchas de ellas con fotografías de los distintos trabajos realizados por todo el mundo durante dos décadas, que inundan la sala número 014 de La Térmica. El dramatismo de las escenas se ve reforzado por el sonido incesante de la video creación Osurana (2014), realizado en colaboración con la video-artista mejicana Tania Bohóquez. Un montaje novedoso que añade un plus al atractivo de esta magnifica exposición.
En este espacio, se entremezclan el día y la noche. El día es el trabajo de carácter documental, más objetivo. Imágenes rotundas de lugares desolados, abiertos y fríos, donde laten la tragedia y la desesperación, tal y como encontramos en la serie Renovación Urbana (Marsella, 2004). Cuando estos espacios están habitados, sus personajes se mueven en el mundo de lo bélico, series como Jerusalén durante la segunda Intifada y Toque de queda en Cisjordania (2002) dan fe de ello, y en la desesperación y el abandono recogidos series como Centro de acogida para niños de Phhom Penh (2005).
La noche se corresponde con la subjetividad y la experimentación, con el lado más oscuro, cruel y violento. Un mundo al límite de la civilización, poblado de seres que han sido despojados de toda protección, que se encuentran desnudos ante la sociedad, sin identidad propia, arrastrados a sobrevivir, a reinventarse utilizando aquello que tienen más cerca, la prostitución, las drogas o la delincuencia. La mujer se convierte en la protagonista de muchas de estas imágenes. En su mayoría son prostitutas con las que D’Agata mantiene una relación personal. Son sus amantes, sus amigas, sus confidentes. Mujeres victimas de la sociedad que gritan de manera silenciosa su desesperación a través del objetivo del fotógrafo. Las retrata como trozos de carne informe, figuras desdibujadas, movidas, cercanas a la abstracción dentro de un espacio oscuro, pero que con los años van tomando forma y la abstracción está dando paso a imágenes más nítidas y con más color. Son escenas íntimas, memorias de una vida intensa llevada al límite, que en muchos casos muestran al autor interactuando con ellas.

Anticorps, es una de esas exposiciones que no podemos dejar escapar. Una experiencia dura que nos muestra la cara más oculta de la sociedad de forma cruda y violenta, vivida en primera persona por uno de los mejores fotógrafos contemporáneos. Adentrarse en ella es sufrir un golpe brutal a priori. Esos trozos de carne humana nos hieren y desconciertan, transmiten dolor y repulsión. Pero una vez iniciado el recorrido por la sala, las imágenes-memorias de D’Agata despiertan la curiosidad, y aquello que, en principio, nos era repulsivo es asimilado por la vista y da paso a la reflexión, a preguntarse el por qué de tanta injusticia y a buscar respuestas ante tanta cruda realidad. Es paradójico que en estos tiempos de comunicación al instante, de guerras televisadas, de obscenas ejecuciones o de imágenes de refugiados huyendo de conflictos bélicos, a las que estamos más que acostumbrados, aún nos produzca rechazo ver tanto dolor. Sin lugar a dudas, Antoine D’Agata consigue su objetivo, remover la conciencia del espectador.

La Deriva

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