Argumentos falaces para la liberalización farmacéutica (y II)

Una comparación con el sector financiero

 

Israel Mármol, Economista

 

¿Es aventurado e injusto sospechar que se producirían uno o varios de los siguientes efectos?

a) Si un enfermo preguntara al boticario que le atiende sobre la conveniencia para su caso concreto del producto Roussell XXX o el alternativo YYY, que es más moderno, con menos efectos secundarios o sin interacciones con otros medicamentos que el mancebo sabe que el cliente está tomando que el de la farmacéutica, ¿puede que el mejor consejo profesional resulte sesgado por las directrices recibidas de la matriz o incluso objetivos marcados para la venta de Roussell XXX?

 

¿Es una conclusión aventurada e injustificada? Me remito al estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios: “Las entidades financieras no aconsejan bien a sus clientes” de septiembre de 2012, continuación de otro del mismo título publicado en 2008 con un resultado similar.

 

b) Si la duración aconsejable del tratamiento es de una semana y existe una presentación del principio activo YYY con la dosis exacta o aproximada para ese tiempo y alternativamente existe una presentación del Roussell XXX para cuatro veces la duración recomendada del tratamiento, ¿puede que se termine dispensando este último y no el adecuado? Incluso si Roussell XXX se presenta en envases para una semana y para cuatro semanas, ¿puede darse el caso de que el grueso de las ventas se concentren en esta presentación, incluso si estadísticamente se sabe que la evolución del padecimiento aconseja que se entregue la primera de las presentaciones?

c) Las 500 farmacias reservarían un lugar destacado para los productos de Roussell, ocultando o incluso no ofreciendo los de laboratorios competidores.

 

Ustedes me podrán argumentar que hay otros países en los que se ha implantado el sistema propuesto, en el que grandes cadenas de distribución dominan el negocio de las farmacias y no se han producido estos posibles efectos perversos que fabulamos, pero es que en otros países se persiguen y multan los comportamientos inadecuados del sector financiero, por lo que podemos presuponer que algo similar se hace con el de la distribución de medicamentos. En España, no sólo la supervisión se ha manifestado susceptible de mejora, es que al responsable del mayor fiasco financiero reciente se le acaba de premiar con un puesto de consejero no ejecutivo muy bien remunerado en una empresa nominalmente privatizada pero en la que la influencia del poder político es muy palpable.

 

Existe una bolsa de farmacéuticos que no pueden abrir una oficina de farmacia libremente por las restricciones actuales y se puede estar de acuerdo en que hubo abusos en el pasado. Pero el proyecto de liberalización no les ayuda en absoluto y el único efecto que puede tener es acabar con la actual dicotomía entre los farmacéuticos empresarios que pueden obtener un rendimiento de su inversión, cuantiosa habitualmente porque las adquisiciones de licencias son muy onerosas, y los empleados cobrando un sueldo más o menos adecuado según el convenio y estatuto de los trabajadores. Pero el efecto de la liberalización tal y como se plantea no va a ser mejorar las condiciones de estos últimos sino empeorar las de los primeros, igualando en unas peores condiciones para todos si no se pueden mantener como profesionales independientes y deben entrar a trabajar para las grandes cadenas.

 

  1. Una última posibilidad, aunque pueda parecer absurda, sería un dialogo como este:

 

MEDICÁNDONOS PARA EL FUTURO

 

– Buenos días Israel, soy Manuel Torres, de la farmacia. Te llamo porque hemos recibido un envío de Policolinosil y creo que te interesaría tomarte dos cajas, son muy buenas y te vendrán muy bien

 

– Perdona, no lo entiendo, ¿cómo me puedes recomendar espontáneamente un tratamiento médico? ¿Has considerado si tengo alguna condición médica que lo requiera y si interactúa con alguna otra medicación que esté tomando? ¿Puede tener efectos secundarios adversos que deba considerar?

 

– Hombre, no lo he mirado todo, pero seguro que te viene muy bien y nos harías un favor si te las llevas. Tenemos que llegar a la cuota de este mes que nos ha puesto la distribuidora y vamos cortos. (Esto sólo te lo diría si hubiera extrema confianza y ya nos hubiéramos negado categóricamente a comprarlas.) Venga, que si te las llevas miramos con cariño si te vendemos la Dibutiladima que te toca el mes que viene, que todavía no estamos seguros de si te la vamos a dar

 

– ¡Pero si la necesito y me la ha recetado el médico! Cumplo con todas las condiciones para aplicar el tratamiento con Dibutilamida ¡Y SI NO ME LA TOMO ME MUERO!

 

– Bueno, puede ser, pero resulta que tenemos que ver si podemos ofrecerla. Y sin que te lleves el Policolinosil, en confianza, no veo fácil que podamos hacerlo.

 

¿Absurdo? Pues ahora sustituyan Policolinosil por el Fondo Moloch Seguridad Nórdica estructurado y Dibutilamida por la póliza de crédito que la empresa, que ha mantenido los ingresos en mitad de la crisis y conseguido mantenerse en beneficios, menores pero estables, pero que necesita imperiosamente la liquidez que le proporciona la póliza de crédito, además de no poder inmovilizar ningún importe en otro producto financiero. Sobre todo si el producto es el Moloch Seguridad Nórdica, que es un depósito estructurado garantizado por obligaciones convertibles, ligadas a la cotización de las acciones islandesas, sin liquidez ni garantía de la rentabilidad salvo al vencimiento.

 

¿Por qué permitimos prácticas comerciales que en otros sectores son inaceptables? La planificación financiera es un asunto muy complejo. Los inversores buscan solvencia, seguridad, rentabilidad y liquidez. El problema es que sabemos que en casi todos los casos, sólo se puede conseguir más de una de las variables renunciando en cierta medida a otra u otras. Quien las prometa todas o no sabe de qué habla o lo sabe demasiado bien y no nos está contando todo.

 

El caso extremo se da cuando se renuncia a una o varias de las anteriores sin obtener a cambio ningún incremento en ninguna de las alternativas. Entonces entramos directamente en prácticas cercanas a las tipificadas en el Código Penal.

 

Sabemos que debemos considerar los efectos en nuestra salud de nuestros hábitos y considerar modificar, con consejo y ayuda profesional, aquellos que pueden ser nocivos, incluso si pueden producir efectos a largo plazo. Por esta razón acudimos a profesionales para que nos ofrezcan sus prescripciones, de acuerdo a la mejor praxis profesional, y no se admiten actuaciones unilaterales. La conclusión final de este artículo sería que hace falta independencia a la hora de asesorar y recomendar lo más conveniente para el cliente. En el caso de las farmacias, el sistema ya la ofrece y los cambios sólo pueden tener efectos secundarios indeseados. En el caso de la asesoría financiera se ha demostrado que los gestores comerciales de los bancos no han cumplido con el papel y se han centrado en la venta pura y dura de los productos, por inconvenientes que sean. El problema para el cliente español es que no está dispuesto a pagar por este servicio, pero es inevitable argumentar que quien paga, manda, y sólo abonando los honorarios del asesor independiente podemos tener la seguridad de que defiende nuestro interés a la hora de planificar nuestras finanzas.

 

ANEXO I. Cómo se diseña un producto tóxico

 

El producto puede provocar cuantiosas pérdidas a los suscriptores, no está garantizado y no es líquido, salvo en las ventanas de liquidez fijadas para los dos 29 de febrero que se dan en el periodo de vigencia, sin asumir pérdidas incrementadas en un 150% del valor liquidativo del momento en que se soliciten.

 

Un producto que sólo interesa a la entidad por una sencilla razón: si un cliente suscribe 100.000 euros del muy inconveniente producto, la entidad se embolsa entre un 85% y 90% de la cantidad y emplea el resto en la suscripción de opciones con las que crea la estructura de inversión a la que se refiere la denominación de estructurado. Al vencimiento el cliente recibe el resultado de la ejecución de las opciones en función de la evolución de los índices. Y es posible que las opciones las haya emitido “Valladolid financial derivatives, S.A.”, perteneciente al mismo conglomerado empresarial, de modo que todo queda en casa.

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