Bandidos y extremistas. Ramón Echeverría p.b. - El Sol Digital
Bandidos y extremistas. Ramón Echeverría p.b.

Bandidos y extremistas. Ramón Echeverría p.b.

Han pasado muchos años desde que visité Nigeria y mis noticias son de segunda mano. Pero he querido tirar de archivo al leer los comentarios aparecidos en Crux, una estupenda agencia católica de noticias norteamericana en la que se menciona la persecución de los cristianos en Nigeria. “Masacre anticristiana en Nigeria”, titulaba un comentario del pasado 4 de agosto. Citaba una publicación del grupo internacional “Jubilee Campaign” (“La voz de los que sufren en silencio”) según la cual en los seis primeros meses de 2019 se habrían dado 52 ataques de militantes Fulani, y en 2018 habrían sido asesinados 2.400 cristianos. Un segundo comentario del 8 de agosto explicaba la situación para los lectores norteamericanos: Si las noticias mencionan a un sacerdote católico, aquí (USA) la primera idea que viene a la mente es “pedófilia”. En Nigeria, lo primero que se piensa es que el sacerdote ha sido víctima de un atentado.

 

La semana pasada, tras la visita a Nigeria de Agnes Callmard, Relator Especial de las Naciones Unidas para las ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias, Fundación Sur publicó un artículo de Victoria Ojeme, tomado del Vanguard Nigeria, sobre las conclusiones de la relatora de la ONU. Un párrafo resumía la violencia en el país: “Asesinatos arbitrarios en el contexto del conflicto militar, en el norte del país, contra Boko Haram y grupos escindidos; el conflicto en el Cinturón Medio, junto con algunas partes del noroeste y del sur, entre pastores fulani y comunidades campesinas pertenecientes a diversos grupos étnicos; las sectas religiosas en los estados productores de petróleo Sur-Sur y otras bandas criminales bien organizadas; las milicias locales dedicadas a la minería y al robo de ganado en el noroeste, particularmente en Zamfara; la represión del Pueblo Indígena de Biafra (IPOB), el Movimiento Islámico de Nigeria (IMN) y el Movimiento para la Supervivencia del Pueblo Ogoni (MOSOP)”. Callmard no habló explícitamente de “persecución anticristiana”, sólo mencionó “narrativas etnoreligiosas tóxicas”.

 

El asesinato de un campesino cristiano es tan horrible como el de un sacerdote. Pero el de éste tiene para los nigerianos un enorme valor simbólico. Estos son algunos datos sobre atentados contra sacerdotes en 2017. El jesuita Samuel Okwuidegbe fue uno de los secuestrados por bandidos el 18 de abril cuando se dirigía a Onitsha en el estado de Anambra, en el suroeste del país. Algunos familiares pagaron el rescate, y todos fueron liberados tres días más tarde. En julio el padre Raphael Pankyes fue asesinado en Plateau State. El 1 de septiembre, el padre Cyriacus Onunkwo fue sacado de su coche en Orlu, en el estado de Imo (sur de Nigeria). Su cuerpo apareció al día siguiente en Omuma, un pueblo vecino. También fue atacado ese mismo día el padre Jude Odokwu, que pudo huir. El 27 del mismo mes el padre Lawrence Adorolo, de Okpella (Estado de Edo) fue secuestrado y liberado cuatro días más tarde a pesar de que su obispo, Mons. Gabriel Dunia, se había negado a pagar el rescate. El 13 de octubre el misionero italiano Maurizio Pallù se dirigía a Benin City con otras tres personas. Los asaltantes robaron todo lo que había en el coche, pero sólo se llevaron al italiano, que fue liberado cuatro días más tarde. Y en noviembre, en Edo State, hombres armados entraron en la casa de formación de las Hermanas del Corazón Eucarístico de Jesús y se llevaron, junto con el botín, a tres religiosas y tres postulantes. Fueron liberadas dos meses más tarde. La superiora, la hermana Agatha Osarekho, insiste en que no pagó ningún rescate.

 

Algunos de los atentados de 2018 han tenido un marcado acento “etnoreligioso”. Entre las 19 personas asesinadas cuando el 24 de abril hombres armados irrumpieron en una iglesia católica en Ayar-Mbalom (Benue State), había dos sacerdotes, Joseph Gor y Félix Tyolaha. Benue State se sitúa en ese “Cinturón Medio” en la que el norte musulmán se encuentra con el sur cristiano y en el que se dan ataques de pastores fulani contra agricultores en su mayoría cristianos. Se trata de violencia económica con cierto trasfondo religioso. También fueron pastores fulani los que al amanecer del 27 de mayo atacaron el seminario menor de Jalingo, estado de Taraba, siempre en el “Cinturón Medio”. Los pastores hirieron al padre Cornelius Pobah y dieron una paliza al padre Stephen Bakari. En Nsude, Enugu State, el padre Paulinus Udewangu fue secuestrado el 4 de julio. Fue liberado por la policía. Los secuestradores habían pedido un rescate de 275.000 dólares. Está sin esclarecer el asesinato del padre Michael Akaw el 19 de agosto en un supermercado de la capital federal Abuja. Según la policía, Akaw no fue la única víctima y se trató probablemente de un intento de robo. Y el 6 de noviembre los padres Victor Adigboluja (de la diócesis de Ijebu Ode, Ogun State), Anthony Otegbola (diócesis de Abeokuta, capital de Ogun), Joseph Ediae (diócesis de Benin City, Edo State) y Emmanuel Obadjere (diócesis de Warri, Delta State) fueron secuestrados cuando se dirigían a una reunión en Edo State en la que iban a celebrar los 10 años de sacerdocio. El 20 de marzo de 2019 fue secuestrado en Enugu State el padre Clement Ugwu. Su cuerpo, ya en descomposición, fue encontrado una semana más tarde. El 1 de agosto, siempre en Enugu State, el padre Paul Offu fue asesinado supuestamente por un grupo de pastores fulani. Y el 29 de agosto, el padre David Tanko fue asesinado cuando se dirigía a Takum (Taraba State) para mediar en la disputa ente miembros de dos etnias, Tiv y Jukum.

 

Observando el carácter etnoreligioso de los atentados Callistus Onaga, obispo de Enugu, pidió el 4 de agosto que los elementos “malos” de la etnia fulani fueran expulsados de la zona, y que se permitiera la creación de grupos armados de protección, algo que ya en 2015 había propuesto ante la ONU el joven abogado protestante Daylop Solomon tras ser asesinados por Boko Haram numerosos familiares y amigos. Muy diferente ha sido la reacción de Matthew Kukah, obispo de Sokoto, que el 31 de julio pidió que parasen las incitaciones al odio contra los fulani, especialmente en las redes sociales. Ese tipo de ataque verbal, argumentó el obispo, suele conducir al genocidio. Ese es también el razonamiento del expresidente Olusegun Obasanjo, cristiano evangélico, en una carta al presidente Buhari advirtiéndole de un posible genocidio estilo ruandés “si el gobierno no toma medidas serias para parar la violencia”. En esa violencia se incluye no sólo la de Boko Haram o la de los pastores fulani, sino también la de los bandidos, tan abundantes en las zonas más cristianas del país.

 

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