Centauros del desierto - El Sol Digital
Centauros del desierto

Centauros del desierto

Esta semana hemos acudido a la filmoteca para ver la película de John Ford “Centauros del Desierto”. Richerdios

Eminente western de John Ford, para algunos el mejor de su filmografía. Escrito por Frank S. Nugent (“Fort Apache”), yerno de Ford y colaborador suyo en varios films, adapta la novela “The Searchers” (1954), de Alan LeMay. Se rueda en exteriores de Utah (Monument Valley), California (Bronson Canyon) y Colorado y en los RKO Studios (CA). Producido por Merian C. Cooper (“La legión invencible”) y Patrick Ford, se estrena el 13-III-1956 (EEUU). La acción tiene lugar en Texas y territorios próximos, a lo largo de 5 años, en 1868-73. Ethan Edwards (Wayne) es un personaje atormentado, solitario, obsesivo, terco y racista, que emprende junto con Martin (Hunter) la búsqueda de su sobrina, la pequeña Debbie (Wood), que los comanches han secuestrado tras asesinar a sus padres.

El film suma western, aventura y drama. Como western es una obra atípica y singular en muchos aspectos. Desarrolla un relato sombrío, en el que el protagonista se mueve a impulsos de deseos dudosos y oscuros, alejados de la iconografía del héroe y de la mitología del género ¿A qué se debe su sed de venganza? ¿Por qué alienta unas ansias de matar irracionales? ¿Cuáles son las intenciones reales que le impulsan a buscar a la sobrina? ¿Lo hace porque quiere matarla, como sospecha Martin? ¿En qué medida influyen en él sus frustraciones y derrotas? ¿Cuáles son realmente sus fantasmas interiores? ¿Padece algún tipo de trastorno psicológico? El comportamiento de Ethan muestra afanes contrarios a los códigos morales de la sociedad que le rodea (desea a la mujer del hermano, a su sobrina Lucy…). No oculta una actitud racista explícita, descarada, agresiva y exagerada (odia a los indios, les dispara por la espalda…). Practica una violencia desmesurada y escalofriante. Conoce los referentes de los comanches, como demuestra al disparar a los ojos de un comanche muerto para que sus hermanos de tribu sufran pensando que el alma del difunto no conocerá el reposo. Su comportamiento se basa con frecuencia en reacciones primarias, compulsivas y viscerales, en las que no anida la compasión, la comprensión, la tolerancia, el afecto, el respeto. Sumido en un abismo de odio y vileza, conforma uno de los personajes más crudos, desabridos, trágicos e intensos de Ford. Su caracterización, dramática y terrible, incorpora hechuras y dimensiones propias de un personaje de Shakespeare. A través de él, Ford explora algunos de los rincones más oscuros del ser humano y de la conciencia colectiva norteamericana. Algunos críticos advierten paralelismos entre Ethan Edwards y Travis Blickle, el protagonista de “Taxi Driver”.

SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. La narración deviene una odisea que enfrenta al personaje con lo que parece ser su inevitable destino de calamidades, adversidades, derrotas y desarraigo. Al servicio del relato, Ford despliega un estilo claro, limpio, transparente, equilibrado y natural, que enriquece con toques líricos (la puerta que se abre al comienzo y se cierra al final) y emotivos (abrazo de Ethan a Debbie tras elevarla al aire con los brazos). Como es habitual en Ford, abundan los toques de humor. En esta ocasión se apoyan en razones de situación (compra por error de una esposa india), en personajes excéntricos (Mose Harper), en la extraña manera de hablar (Lars Jorgensen), etc. La música, de Max Steiner, aporta una rica y variada partitura de más de treinta temas. Incorpora canciones de época (“The Yellow Rose Of Texas”, 1853) y la balada “The Searchers”, de Stan Jones, que se canta al inicio y al final de la cinta. La melodía en off de “Lorena” subraya el interés concupiscente de Ethan por su cuñada Martha (Jordan). La fotografía muestra la notable habilidad de Ford para la composición de imágenes, su admiración por la belleza, exotismo y grandiosidad del paisaje de Monument Valley, el acertado uso que hace de emotivos contraluces crepusculares y el dominio de una rica paleta de color. Gran interpretación de Wayne, en el que posiblemente es su mejor western. Película de culto para muchos.

La Deriva

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