El combate contra la inmigración ilegal y el yihadismo en España. - El Sol Digital

El combate contra la inmigración ilegal y el yihadismo en España.

Carlos Ramírez. Abogado

La guerra entre las mafias por el control del tráfico de personas provenientes de África y Asia Occidental, es algo cotidiano desde hace varios años, lo que se ha denominado “crisis de inmigración en el Mediterráneo”. El “fondo del problema” y sus posibles soluciones es lo que atormenta a decenas de países europeos que no saben dar con las claves. La lucha contra la inmigración ilegal nuca debió limitarse al Mediterráneo, donde desde principios de este año se han ahogado más de 1.700 personas, sino que debió incidir en los países de origen y tránsito.

La actual política de inmigración española –diseñada por José Luis Rodríguez Zapatero– es una prueba del relativo éxito de su modelo: los cayucos que llegaban por cientos a Canarias se han reducido casi a cero desde hace tres años. Sin embargo, falta aún trabajar más en una verdadera construcción de política migratoria que tenga en cuenta el contexto y las particularidades de cada país afectado. El error al elogio de una política de “vigilancia de costas” que tiene un coste económico muy elevado y que solo “desplaza” el problema de un territorio a otro, sin abordar las verdaderas causas, debe irse olvidando.

El mensaje central debe focalizarse más en las soluciones, y no en las “amenazas”, para nuestro país y la UE sobre las que hay que actuar con urgencia, porque las mafias clandestinas en las rutas migratorias, los grupos armados yihadistas del Sahel, siguen enriqueciéndose y aumentan su poder territorial y económico, y los flujos migratorios a la UE por vía marítima que parten de determinadas costas siguen aumentando. Dice un proverbio que “el que duerme sobre el suelo, no teme caerse”.

¿Y qué tienen en común el auge del yihadismo en África Occidental, la migración ilegal de subsaharianos y el desplazamiento de poblaciones de otros países en conflicto?: la desesperanza. El colapso de un sistema. Las luchas de radicales musulmanes por los recursos naturales y las tierras. Se suele olvidar que el gran hito en el radicalismo islámico no fue la revolución iraní de Jomeini, que creó la primera república islámica en torno a la sharia, sino el encuentro de wahabistas saudíes con salafistas de otros países en la guerra de Afganistán. Fue ahí donde nació Al Qaeda. Los grupos salafistas se extendieron por todas partes con un discurso homogéneo y con acentos mucho más políticos que religiosos: el pueblo musulmán es sólo uno –la umma, la comunidad de los creyentes-, su forma natural de organizarse es la sharia –la ley islámica-, el retorno a la pureza originaria –salafismo y para llegar a tal fin es imprescindible hacer la yihad contra Occidente.

En la reconstrucción del imaginario salafista faltaba un elemento: recuperar el califato. Ahí es donde ha entrado el Estado Islámico, nacido de la red de Al Qaeda, pero de la que se separó con un planteamiento estratégico distinto: Al Qaeda proponía la guerra en un frente que está en todas partes, y el EI aspira a la creación de un espacio político concreto, material. La capital del Estado Islámico es Raqqa, la misma ciudad en la que comenzó, en el año 657, la división del islam en varias sectas.

Así las cosas, la cuestión que se le plantea al mundo musulmán[1] es la siguiente: acertar a separar eficazmente los elementos religiosos de los políticos. El reputado arabista francés René Marchand sostiene que el error es nuestro por considerar el islam como una religión más, cuando en realidad se trata de un credo tan religioso como político. En eso reside su carácter explosivo.

Bajo el paraguas de la ONU y la resolución 1973 del Consejo de Seguridad, Francia, Reino Unido y Estados Unidos abanderaron la operación militar contra el dictador que llevaba 42 años en el poder. Muerto el sátrapa no hubo una transición política y democrática.  Ahora Libia es un país roto, desgajado y desangrado por una guerra indefinida. Es el feudo de los yihadistas en el norte de África y un lugar propicio para mafias y traficantes de personas, armas y drogas por la porosidad de sus fronteras y la ausencia de una autoridad que ejerza un control eficaz. Es tierra de los señores de la guerra. Libia tiene hasta tres gobiernos simultáneos. Dos están en Trípoli. Uno, respaldado por la ONU que debía ser el gobierno de unidad nacional. El otro, respaldado por Qatar y Turquía, es de tendencia islamista y considerado rebelde. El tercero está en Tobruq, al este del país, y es reconocido por la comunidad internacional tras las elecciones de 2014. Este último controla los principales recursos petroleros. Pese a que cuenta con el pleno apoyo de Naciones Unidas, carece de respaldo popular.

Obama reconoció en una entrevista con la cadena Fox en abril de 2016 que su peor error como presidente ha sido “no planear el día después de lo que creo que fue la decisión correcta de intervenir en Libia”. Libia aglutina los principales puertos de embarque para los refugiados que se juegan la vida para intentar llegar a las costas de Europa, los que llegaban de Oriente Medio antes de recorrer la ruta del Egeo en 2015 y los que vienen del África subsahariana. Tras el acuerdo de la Unión Europea con Turquía, que ha frenado el flujo de migrantes en el Mediterráneo Oriental, la ruta central que parte de Egipto y Libia vuelve a ser la más concurrida. La UE quería un pacto similar al de Turquía con Libia. Frontex afirma que este año llegarían a la UE 300.000 desde Libia. Actualmente, los libios están obligados a elegir entre dos extremos: el caos de las milicias y los extremistas islamistas o un régimen militar, dice a AFP el analista libio Mohamed Eljarh, del centro Rafik Hariri para Oriente Medio.

En nuestro país, cientos de los yihadistas detenidos habían estado antes en prisión por otras actividades como tráfico de drogas, robos o falsificación de documentos, sin embargo los Servicios de Inteligencia advierten de que las conexiones que este tipo de terrorismo tiene con la delincuencia común están mutando hacia grupos criminales más organizados y complejos. El Gobierno aprobó en el año 2014, por fin, la creación del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), precisamente para dar respuesta a las nuevas amenazas que se ciernen contra la Seguridad Nacional.

España es un país con altas posibilidades de que convivan las redes yihadistas con el crimen organizado. Una relación que consiste en que integrantes de una célula se dedican también a actividades delictivas, como traficar con droga para financiarse, o que los terroristas delegan algunas de sus necesidades logísticas en organizaciones que se mueven en el ámbito del crimen organizado. Es probablemente en la financiación donde más estrechos parecen ser las vinculaciones entre el yihadismo y el crimen organizado. El proceso de financiación suele tener dos fases. Una primera, referida a la captación de fondos. Puede ser a través de medios legales  o ilegales (tráfico de drogas, armas, explosivos, robos, falsificación de documentos, estafas, delito fiscal…).

El número de extranjeros residentes en España es de aproximadamente 5,7 millones, de los cuales el 30 por ciento proceden de países que profesan el culto al Islam. En 2012, el 26 por ciento de los grupos relacionados con el crimen organizado detectados en España estaban integrados por algún ciudadano de origen marroquí. Y se dedicaban especialmente al tráfico de hachís y cocaína.

El caso es que en las sociedades occidentales[2], y por tanto en España, se percibe, con razón, cierto fracaso en la integración de inmigrantes de origen musulmán. Según los informes de los servicios de Inteligencia, la distribución geográfica de las redes yihadistas desarticuladas hasta el momento coincide en gran medida con las zonas de España donde se concentra mayoritariamente la inmigración de origen musulmán. Y según estas mismas fuentes, el ámbito de actuación de los grupos de crimen organizado con integrantes marroquíes y argelinos se centra principalmente en Andalucía y Madrid.

Las soluciones a gran parte de los problemas citados se basarían en los países en zona de conflicto, y apoyar con la emergencia que requieren los sistemas sanitarios, la marcha de planes de desarrollo integral de educación, iniciativas de autoempleo y la formación profesional, a cambio del apoyo de los gobiernos a las mejoras de sus poblaciones y de lucha contra organizaciones criminales. A ello debe sumarse la mayor colaboración entre las policías europeas y que los gobiernos nacionales asuman y actúen en una situación de guerra contra ejércitos sin uniformes, y que la contienda no tiene fecha de caducidad.

[1] https://gaceta.es/noticias/archivo-2/islam-islamismo-yihadismo-chiies-sunies-cosa-significa-11012015-0851/index.php

[2] http://www.abc.es/espana/20141020/abci-yihadismo-delincuencia-vinculacion-201410182036.html

 

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