Comienza la era Trump, Carlos Ramirez - El Sol Digital
Comienza la era Trump, Carlos Ramirez

Comienza la era Trump, Carlos Ramirez

Carlos Ramirez, abogado

El presidente electo Donald Trump se ha convertido en el candidato republicano más votado de la historia [1], a pesar de que la demócrata  haya obtenido 2.800.000 votos más, y  saliese victoriosa en 16 de los 50 estados. Casi ningún medio de comunicación norteamericano ni europeo supo ni quisieron entender el hartazgo con el establishment y el enorme descontento por la pobreza, los bajos salarios y la elevación de impuestos de la era Obama, además de los excesos en gastos públicos de una peculiar nueva política social.

Los giros de las élites del partido demócrata hacia planteamientos de la izquierda europea vinieron en la etapa de Bill Clinton, en los años 90, y su acercamiento al partido laborista británico y a partidos socialdemócratas  europeos. La esposa candidata del expresidente, inculpado por “mentiroso y adultero” en su mandato, suponía un continuismo respecto a Obama pero con un viraje a la izquierda del partido promovido por las bases del partido y el senador Bernie Sanders, el rival de la candidata en las primarias. Por otra parte, Clinton se oponía parcialmente, ahora, al tratado de libre comercio entre Estados Unidos y 11 países del Pacífico, en cambio como secretaria de Estado de Obama, entre 2009 y 2013, defendía con entusiasmo el TPP. Además, defendía una subida del sueldo mínimo federal de los 7,25 dólares por hora actuales a 12 dólares, siendo una bandera electoral de los demócratas ante la acuciante desigualdad de ingresos. Además, en Asuntos Sociales impulsaba la defensa del matrimonio igualitario y del derecho al aborto libre, o la apuesta por endurecer el acceso a las armas. En otros, como la reforma sanitaria y la regularización de migrantes indocumentados, la candidata demócrata prometió ir más allá que el presidente Obama.

Donald J. Trump lanzó su campaña en junio de 2015, y ganó las primarias del partido republicano con la oposición virulenta de las elites del partido, que continuó en la campaña presidencial boicoteando todos sus actos e intervenciones. Su discurso ha sido agresivo no sólo contra los mexicanos (11 por ciento de los habitantes de EE UU) sino contra los demás hispanos, con presencia decisivas en Nevada (28 por ciento de hispanos) o Florida (24 por ciento) pero más absentista que ninguna otra comunidad (48 por ciento de participación electoral en 2012).  ¿Y qué hizo Trump? Primero, contar con el enorme potencial de su granero de votos, los electores blancos con menor formación y mayor frustración socioeconómica. Segundo, tratar de obtener votos entre los cubanoamericanos de Florida. Fieles a los republicanos desde los tiempos del exilio de 1959, cuando su apoyo a los conservadores implicaba casi un pacto de sangre y reforzar las políticas contra el régimen marxista castrista. Un gesto significativo fue que un mes antes de las elecciones empezó a decir que no negociaría con La Habana si La Habana no aceptaba sus condiciones: plenas libertades políticas y religiosas en la isla. Sin embargo, los latinos no estuvieron tan volcados hacia Clinton, la movilización hispana creció pero no fue tan unidireccional como se creía, mientras que la masa blanca cerró filas en torno a él con solidez, y el único voto leal a Clinton fue el afroamericano. El futuro, dicen las proyecciones demográficas, es latino. Para el año 2060 se calcula que casi un tercio de la población será de origen hispano (120 millones) y que los anglosajones ya no sumarán más ciudadanos que las minorías (hispanos, negros y asiáticos) juntas.

¿Cuál es el programa que ha conseguido que el próximo presidente se llame Donald Trump?  Recetas conservadoras clásicas del partido y medidas rompedoras que se asemejan más al Partido Demócrata.

En economía atribuye al libre comercio la pérdida de empleos por deslocalizaciones y un supuesto declive de Estados Unidos. Así, se opone al tratado de libre comercio entre Estados Unidos y 11 países del Pacífico y promete negociar los acuerdos y frenar la llegada de productos extranjeros mediante la imposición de un arancel del 45 por ciento a todas las importaciones de China y del 35 por ciento a la mayoría de importaciones de México. Propone castigar, sin ofrecer más detalles, a las empresas que trasladen su producción fuera de Estados Unidos. Y esto ya empezó a conseguirlo antes de ser elegido el 20 de enero; las grandes compañías de automóviles de coches que se fueron a México en busca de salarios más baratos y menos impuestos y ya han confirmado que vuelven a su país y harán inversiones millonarias. Al mismo tiempo, Trump abraza dos posiciones clásicas republicanas: propone rebajar impuestos y recela de una subida del sueldo mínimo.

En política exterior defiende una estrategia más agresiva, reforzando el gasto militar, por ejemplo, en la lucha contra el Estado Islámico y, a la vez, aboga por un EE UU más aislacionista en la arena internacional. Sin embargo, cuestiona el compromiso de Estados Unidos con la cláusula de defensa colectiva de la OTAN y la no proliferación nuclear en Asia, y se muestra cercano al polémico presidente ruso Vladímir Putin. Sin embargo, una de sus medidas más polémica es “el muro con México” que se debe construir lo antes posible y “México va a reembolsarle a Estados Unidos todos los costos que deba adelantar”. Su intención es iniciar de inmediato las negociaciones con el Gobierno de Enrique Peña Nieto para acordar la forma de pago, pero no quiere esperar a que estas concluyan para empezar su construcción, es decir quiere adelantar el proyecto fronterizo con dinero de los contribuyentes estadounidenses y que en la próxima ley presupuestaria, que será aprobada en abril, se incluya una partida para comenzar la construcción del muro. El país vecino ha rechazado, de forma reiterada, esa devolución de todo el dinero invertido en la construcción, sin embargo el presidente electo asegura que no echa la culpa de haberse aprovechado de EE UU al pueblo mexicano, “algo que no va a suceder más” sino a la nefasta gestión del equipo de Obama.

La visión incendiaria de Trump de que los inmigrantes mexicanos traen “crimen, drogas y son violadores” no es la mejor manera de relacionarse con uno de los principales socios políticos y comerciales de EE UU, y más cuando los ejemplos de que un país intentase amurallarse para separarse de su vecino han sido Alemania en 1961 e Israel en el 2012. Este asunto ha sido objeto de crítica del Santo Padre.

En Asuntos Sociales respalda la oposición feroz a la reforma sanitaria de Obama, la defensa del derecho a portar armas o el cuestionamiento del impacto del cambio climático.  Y apoya las tesis más extremistas del partido en inmigración, el hilo conductor de su campaña, alegando que hay que restringirla porque supone una amenaza a la seguridad del país. Propone construir un muro en la frontera con México, que asegura pagaría el país vecino, deportar 3 millones de  los 11 millones de indocumentados que se calcula hay en EE UU e imponer una prohibición a la entrada de personas musulmanas de países radicales a Estados Unidos como solución para minimizar la amenaza yihadista.

Sus primeras decisiones marcarán una parte del cambio rumbo de sus políticas, que contarán con una fuerte división interna en el país, radicalizado en muchos estados por congresistas demócratas, líderes de centenares de asociaciones feministas y culturales con postulados radicales alejados de la mentalidad tradicional americana, así como a los movimientos conservacionistas. A ello se seguirán sumando la mayoría de la prensa nacional que desligitima su elección por no haber ganado en votos ciudadanos y beneficiarse de ayuda rusa y del FBI, la NBA y de las elites de actores multimillonarios de Hollywood.

Comienza, así, una nueva etapa, muy distinta de las anteriores, en la que un hombre, un populista, y un pequeño equipo venció a una infinita muralla de obstáculos y redes clientelares tejidas durante décadas por los Clinton, que pocos ciudadanos salvo él supieron que podrían vencer. A la Unión europea y la OTAN le esperan cambios de estrategias y de posicionamientos en zonas del mundo que hasta ahora estaban consensuadas. Acaba de empezar un periodo en el que China, Rusia y la Unión Europea se verán afectados y que a pocos ciudadanos les dejará indiferentes. ¿Hará de nuevo a América grande? ¿Satisfará las necesidades de la propia ciudadanía y el acomodo con los demás países? Nos interesa a todos que tenga éxito.

 

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