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Confidential – ESD141

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Los sindicatos españoles cifraron en 5,3 millones de personas  el seguimiento de la huelga general feminista del pasado 8 de marzo. En las manifestaciones y piquetes de la mañana se veía, principalmente, a jóvenes, aunque en las de la tarde-noche la franja de edad era mayor. Las demandas hacían referencia al fin de la llamada brecha salarial, la violencia contra las mujeres o la paridad en los puestos directivos de las empresas.

En Barcelona y Valencia se produjeron cortes forzosos de carreteras y retrasos en los servicios públicos. El apoyo de los medios de comunicación españoles a favor de la huelga y del manifiesto del 8 M fue total pero en la gran mayoría de las empresas privadas el seguimiento fue prácticamente nulo y en las públicas solo se registró en educación, sanidad y justicia, principalmente. Entre otros casos, se conoció el de Araceli Sainz, de Ciudadanos, expulsada de la manifestación del 8M en Madrid por su adscripción política, quien manifestó: “Cuando nos cercaron sentí el mismo miedo que cuando me pegaba mi marido”. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, también fue increpado por intentar colocarse a la cabeza de la manifestación.

Por otra parte, las voces de las mujeres que no comparten las consignas y los métodos de la huelga apenas se escucharon en los periódicos, los canales de televisión y de radio. Una de esas voces disidentes fue de la historiadora y filóloga Elvira Roca Barea. Durante un coloquio celebrado en el Congreso de los Diputados, dijo:

“Hemos creído que es fácil tenerlo todo, no es cierto. Por tener hijos se paga un precio. Yo renuncié a cosas que supuestamente tenían mucho valor por tener hijos, y no me arrepiento ni un minuto. Tengo un marido que está más allá de la conciliación porque ha alcanzado la perfección en el don de la ubicuidad, trabajando todos los días para que su mujer ande predicando por estos mundos de Dios. Y ese hombre merece un reconocimiento. Los hombres no son enemigos”.

Organizaciones católicas como Cáritas o Manos Unidas defendieron la igualdad de hombres y mujeres, pero en sus oficinas no hubo seguimiento de la huelga.

EIFOR

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