Confidential ESD35

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Escribía Durkheim que cuando la gente se marea porque ve sangre no hay que investigar qué propiedades tiene la sangre para producir esas consecuencias, sino qué le pasa a la gente que se marea. Pues bien, algo parecido sucede en el escenario de la política española: los máximos dirigentes de PP y PSOE, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, han conducido a sus respectivos partidos a los peores resultados de su historia y no se les ha pasado por la cabeza dimitir y/o hacer una autocrítica veraz y a fondo del por qué de lo sucedido. Parece claro que se han enrocado en posiciones que eluden afrontar la realidad; Rajoy, en conseguir su reelección como presidente invocando que es la fuerza más votada y que el país necesita estabilidad; y Sánchez, interpretando esos resultados como una invitación al cambio, a la vez que busca apoyos de más de media docena de partidos para ser él, claro, el investido. Las posiciones de Ciudadanos y Podemos son algo más airosas pero no han conseguido enterrar el bipartidismo porque, hay que recordarlo, éste tiene más del sesenta por ciento del Congreso. La de Alberto Garzón es patética ya que ha hecho casi invisible a IU y prefiere cambiarle el nombre antes que irse él a su casa, aquí en Málaga. De los independentistas catalanes qué decir sino es que son unos mentirosos, además de sediciosos,  porque ya en los comicios plebiscitarios catalanes perdieron pero dijeron que habían ganado, y ahora andan tirando como pueden. Por supuesto, en provincias, caso de Málaga, nada se mueve porque nada se puede, todo está en manos de los líderes nacionales. Así las cosas, la cerrazón de Rajoy en no apartarse –lo que podría facilitar los movimientos de su partido- y la ambición de Sánchez en ocupar la Moncloa entretienen al ciudadano.

EIFOR

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