Confidential ESD38

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El 26 de marzo de 1985, en el restaurante Solchaga, de Madrid, un periodista le preguntó a Alfonso Guerra por la sentencia del Constitucional sobre la Ley del Aborto y el entonces vicepresidente del Gobierno le contestó, como recordaba recientemente otro periodista: “Por la estructura de poderes de este país, estamos viviendo en el tiempo de Montesquieu y ese señor hace mucho tiempo que murió”. Vamos, lo que se ha conocido siempre como que “Montesquieu ha muerto”, y así nos va.

Unos días antes, el PSOE apoyó la enmienda del diputado de Euskadiko Ezkerra, Juan María Bandrés, de retirar a los jueces la facultad de escoger a 12 de los 20 vocales de su órgano de gobierno y trasladársela al poder político para que éste tuviera aún más poder. De ahí que el CGPJ pueda influir de manera indirecta en las decisiones de los tribunales. Por eso, los medidores de la independencia judicial del Foro Económico Mundial sitúan a España a la altura de Zambia y los de percepción ciudadana de la Comisión Europea por detrás de Bulgaria.

El CGPJ tiene competencias que son determinantes en las carreras profesionales de los jueces: inspección, sanciones y los nombramientos de altos cargo. Para presidir el Supremo, una Audiencia o un tribunal autonómico solo se llega por designación discrecional del Consejo. Según sus propios informes, apenas el 6 por ciento de la carrera cree que se realizan conforme a criterios de mérito y capacidad. El equilibrio de poderes se hizo añicos así por la clase política en su propio beneficio y sin importarle el alto coste democrático de su omnipotencia. Hoy esa clase política está en sus peores momentos.

EIFOR

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