Consenso delenda est. Alejandro González Herrera. Abogado - El Sol Digital

Consenso delenda est. Alejandro González Herrera. Abogado

En el “régimen de partidos” de esta España del siglo XXI, existen una serie de mantras, una suerte de palabras mágicas, que cuando salen de la boca de la oligarquía política dominante, causan un efecto de sometimiento y servidumbre colectiva en la sociedad civil, que previamente han sido convencidos y adocenados para que produzcan tal efecto. Me estoy refiriendo a los conceptos tolerancia, moderado y consenso político. ¿Hay que ser tolerante con el terrorismo etarra y yihadista? ¿Buscamos la moderación en penas a los violadores y pedófilos? A esas actitudes en la antigüedad se la llamaba tibieza y era denostada. Ya lo dice el Apocalipsis 3:16 “Así, puesto que eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

¿Pretendemos la antítesis de cada una de ellas?, por supuesto que no, pero lo que no debemos admitir es que la retórica de baja estofa sustituya a las decisiones de verdadero calado político que se supone que se deben de tomar, por el bien común, nuestros rectores políticos.

“Carthago delenta est” (Carthago debe ser destruida). Con esta frase terminaba Catón el viejo sus discursos en el Senado Romano allá por el año 150 a.c. La expresión, usada hasta la saciedad, no hacía más que reflejar a Carthago como el antagónico enemigo de Roma, en el escenario de las Guerras Púnicas.

Pues bien, al igual que Carthago era enemigo irreconciliable de Roma y cuando fue extirpado, la Ciudad Eterna acabó transformándose en Imperio, podemos afirmar con base en la ciencia política, que la eliminación del consenso político, sería una señal inequívoca de que la democracia formal (representación real y separación de poderes) está más cerca.

El vacío intelectual sobre esta cuestión lo llena de sobra gran parte de la obra del jurista don Antonio García-Trevijano (Granada, 1927), sobre todo en su libro “Teoría Pura de la República” y sus postulados como presidente del MCRC (Movimiento Ciudadano para la República Constitucional). Establece sin ambages que el consenso es la definición exacta de la prohibición de libertad de pensamiento, y lo califica como un valor negativo. Igualmente, la autora norteamericana Ayn Rand, consideraba a la ideología del consenso como una antiideología. No sólo hay teóricos, los hay también que habiendo estado en la arena política tenían claro su idea de consenso. Dígase del ex presidente checo Václav Havel, que señalaba al consenso político, basado en el miedo, la propaganda, y una falsa representación que hace creer al pueblo que tiene poder de decidir, como origen de la gran “cultura de la mentira”.

El consenso político, es una fórmula vacía, una mercancía averiada, que el social-progresismo ha vendido a precio de oro a la derecha sociológica como el quijotesco bálsamo de fierabrás. La prueba la tenemos en España, cuando Rajoy, por mor del consenso, convirtió su primera legislatura en la tercera de Zapatero. Expresión de todo esto fue, por ejemplo, no derogar la irresponsable y revanchista Ley de Memoria Histórica, traicionando a sus votantes y convirtiendo en papel mojado su programa electoral. Primero el consenso, después nuestros votantes, debió pensar el político gallego.  Consenso y traición van indisolublemente unidos como impostura moral dentro del orden político, pues donde no hay representación hay consenso.

El consenso, como transacción, lo justifica todo y es el arma perfecta para no romper el círculo vicioso de la oligarquía de partidos vigente. Los representantes rinden cuentas a sus partidos, nunca al ciudadano, por eso los programas electorales, son quemados en una procesión de fumatas negras, como símbolo del desprecio más absoluto que los partidos políticos actuales tienen sobre el pueblo. Es el humo de la soberanía popular. Es esa inmensa tarta, que bajo el paraguas del consenso, se la reparten como aves de rapiña.

En una democracia formal, cuyo representante fuera elegido en pequeños distritos de unos 100.000 habitantes y por mayoría absoluta, no tendría cabida el consenso. Cualquier individuo podría presentarse como candidato, avalado por un partido o no. Una vez elegido, tendría la libertad de aplicar su programa electoral, y no habría componendas ni transacciones, estaría al servicio del ciudadano. Como decía Ortega y Gasset “donde está el consenso está el reparto del botín”, por eso las mal llamadas democracias actuales han devenido en cleptocracias y es que, como señalara García-Trevijano “de la dictadura no se pasa la democracia, se pasa a la oligarquía, porque ésta es un degeneración de la dictadura”.

6 thoughts on “Consenso delenda est. Alejandro González Herrera. Abogado”

Alicia Garrido

5 julio , 2017

Con el prestigio que el sistema ha otorgado al consenso político es difícil hacer ver a la gran mayoría lo negativo que es y el perjuicio que nos ha causado desde el engaño de la transición, es la constatación de que en España no se hace política y de que no tenemos Democracia. Muy buen artículo que hay que difundir.

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Bird33

5 julio , 2017

Magnífico artículo y muy claro, que es lo complicado. El consenso es el mecanismo de imposición del pensamiento único. Las leyes no responden a cambios sociales reales, es el poder el que a través del "consenso" (leyes aprobadas por consenso, cuestiones en las que existe consenso...) impone a la sociedad el cambio o la ruta por la que esta ha de seguir en su forma de sentir y pensar. Donde hay consenso la libertad de pensamiento se oprime.

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Alejandro

4 julio , 2017

Magnífico artículo por el gran ejercicio de síntesis que ha realizado, poniendo en tan pocas palabras (las justas) ideas de tantísimo calado. El consenso político es el cáncer de Europa y la antítesis de la Libertad Política. Como bien dices no pueden existir la Democracia y el consenso en el mismo momento y lugar.

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Juan manuel

4 julio , 2017

El consenso implica unanimidad. Todos debemos estar de acuerdo con el aborto, la memoria histórica y el orgullo gay, entre otras idioteces

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Irene

4 julio , 2017

Magnífico artículo!

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javitang

4 julio , 2017

Directo al grano. Hay que acabar con el consenso y empezar a llamar a las cosas por su nombre. En una #partidocracia todos los partidos políticos estatales son lo mismo. No hay ni derecha ni izquierda. Todos quieren gobernar agradando a todos, y lo único que consiguen es no contentar a nadie. Enhorabuena por su artículo. Saludos

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