Consumo made in Spain. Alvaro Simón de Blas. Director de BIC Euronova CEEI de Málaga y presidente de ANCES (Asociación Nacional de CEEIs Españoles) - El Sol Digital
Consumo made in Spain. Alvaro Simón de Blas. Director de BIC Euronova CEEI de Málaga y presidente de ANCES (Asociación Nacional de CEEIs Españoles)

Consumo made in Spain. Alvaro Simón de Blas. Director de BIC Euronova CEEI de Málaga y presidente de ANCES (Asociación Nacional de CEEIs Españoles)

Estamos asistiendo desde hace más de una década a una acelerada globalización de la economía mundial. ¿Y qué entendemos por globalización?, pues en esencia un intercambio de bienes y servicios entre los oferentes situados en diferentes países y los demandantes igualmente localizados en diferentes destinos. Cuando estudiamos en la facultad teoría económica y los flujos de bienes y servicios entre países, profundizábamos sobre la teoría de la ventaja competitiva formulada por el economista David Ricardo en el siglo XIX, que defendía las ventajas del comercio internacional. La defensa se basaba en la especialización de países para la producción de determinados bienes y servicios que los hacían más competitivos. Y así hemos asistido desde hace al menos 30 años al traslado de la mayor parte de la producción manufacturera a China por ofrecer unas ventajas competitivas que en Europa no se podían lograr, en especial las referidas a la reserva de mano de obra cualificada y barata para incorporar a las plantas de producción. Esto fue lo que más me llamó la atención, cuando tras transcurrir 25 años de mi primera visita a China comprobé, en 2007, en una misión organizada por los parques tecnológicos españoles a Tianjin, el puerto de Pekín, que  la carretera que unía ambas ciudades era una sucesiva continuación de plantas de fabricación de empresas europeas y norteamericanas. Esta ventaja competitiva china se ha ido diluyendo progresivamente, a medida que la fuerza laboral china está cada más organizada, reivindicando salarios más dignos, en favor de países del sudeste asiático como Vietnam y otros, como también tuve ocasión de comprobar en posteriores viajes a China a partir de 2013.

El sector industrial no cabe duda de que hace una aportación en forma de Valor Añadido al Producto Interior Bruto, muy importante en términos de país o Comunidad Autónoma. Es, por tanto, una prioridad en las políticas europea y española reivindicar una mayor presencia del mismo en nuestro país. Sin embargo, la globalización y el incremento del comercio internacional han venido a alterar algunas de las premisas de las que los economistas partimos. Y, concretamente, me refiero a las empresas distribuidoras a nivel global, la más conocida de las cuales es Amazon. Lo que empezó por ser una distribuidora de libros, ha pasado a ser un gigante de la distribución mundial y del comercio internacional. Amazon es  el tendero de nuestro barrio de proximidad que nos hace accesible cualquier bien y, además, lo entrega en nuestro domicilio. El valor global de la compañía es estratosférico y su fundador Jeff Bezos es el hombre más rico del planeta. Todo esto ha sucedido de forma muy rápida. El problema es que para las economías de los países los proveedores de Amazon son nada, porque el consumidor que es el rey en la economía de libre mercado no tiene ningún conocimiento, ni poder sobre ellos, y no le es posible reivindicar por ejemplo el made in Spain.

Por ello, para defender la economía de un país y sus empresas, se debe regular este tipo de distribución. Se puede hacer de varias maneras, mediante impuestos nacionales, tema debatible a nivel de la Unión Europea donde todas estos conglomerados han decidido establecerse en Irlanda, donde el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades es inferior a cualquier otro de los países miembros de la Unión o por impuestos locales tasas por utilización de las redes y viales etc., construidas y financiadas con nuestros impuestos para que se circule por ellas. También cabe exigir a estos gigantes, que en sus operaciones en un determinado país, incentiven y ofrezcan proveedores de ese país, en nuestro caso España. De esta manera, defenderemos la producción nacional. Para nuestras empresas innovadoras de producto no cabe duda de que Amazon puede ser una gran plataforma de venta, pero tiene también el riesgo de dependencia de ese canal que les puede hacer vulnerables. Y, de hecho, ya se ven algunos proveedores que han sido llevados a la ruina por este gigante tecnológico de la distribución.

Como corolario de todo esto, España está necesitada de reivindicar la marca made in Spain, tanto a nivel exterior, como entre los propios españoles. Donde sí ha funcionado muy bien la marca España, gracias a los esfuerzos realizados en sucesivas campañas publicitarias y presencia en ferias,  ha sido en el sector turístico, que nos ha permitido liderar esa industria a nivel internacional. Sin embargo, se ha invertido menos y generado menos marca en el resto de sectores de nuestra producción nacional de bienes como de servicios, y ahora toca hacerlo.

 

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