Ernesto Cardenal: “Dios me llevó a los demás hombres. La contemplación me llevó a la revolución” - El Sol Digital
Ernesto Cardenal:  “Dios me llevó a los demás hombres. La contemplación me llevó a la revolución”Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal: “Dios me llevó a los demás hombres. La contemplación me llevó a la revolución”

Conversación con Ernesto Cardenal en Solentiname, Nicaragua (aún de Somoza), febrero/marzo 1974

Carlos Pérez Ariza

Sobre este texto, inédito y nunca publicado por circunstancias que no vienen ya al caso, han transcurrido 46 años. Por su importancia como un texto periodístico arqueológico de la política de América Latina, tanto por lo que representó el sacerdote trapense Ernesto Cardenal para el desarrollo y triunfo de aquel Movimiento revolucionario nicaragüense, llamado Sandinismo; como para la implantación y difusión de la Teología de la Liberación en el continente, creo que publicarlo ahora arroja luz sobre el plan de la revolución continental, fraguada en aquella época, y que los sucesos contemporáneos vienen a corroborar. Ernesto Cardenal explica en esta conversación que mantuvimos en Solentiname, Nicaragua, en unas dos semanas de febrero/marzo de 1974, su vademécum revolucionario desde su marxismo militante vestido de un cristianismo revisado. Desde aquella isla en medio del Gran Lago de Nicaragua (Cocibolca), este monje trapense construyó una comuna mística revolucionaria que irradió al mundo la lucha guerrillera contra el régimen opresor de Anastasio Somoza, el cual lograron derrocar en julio de 1979. Fue ministro de Cultura desde ese año hasta 1987. Cesó en el cargo, porque su ministerio fue cerrado. En marzo de 1983, un ministro de Cultura arrodillado en el aeropuerto de Managua ante el Papa Juan Pablo II, recibió la reprimenda del Santo Padre, quien le acusó de apóstata por ser un destacado dirigente del gobierno comunista. Un año después, 1984, el Vaticano le suspendió ‘a divinis’ del ejercicio del sacerdocio, tenía 59 años; le acompañaron en tal sentencia eclesiástica, los sacerdotes Fernando Cardenal (su hermano), Miguel D’Escoto y Egard Parrales. Todos eran, en aquellos años, notables militantes de la Teología de la Liberación. El papa Francisco le levantó la pesada sanción tras 35 años, justo poco antes de morir Ernesto Cardenal en marzo de 2020. Aunque sin cargo directo en el primer gobierno Sandinista y privado de su ejercicio vicario, Ernesto Cardenal no abandonó su militancia socialista. Cortó con el FSLN en 1994 con protesta pública contra Daniel Ortega, dio su apoyo al ala más centrista del Sandinismo. Apoyó la creación de Telesur (cadena auspiciada por el gobierno bolivariano de Venezuela) junto a Danny Glover, Eduardo Galeano y Adolfo Esquivel. En 2007, visitó México donde se entrevistó con el subcomandante Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Ernesto Cardenal transitó hacia el marxismo desde su ejercicio contemplativo como monje de la Trapa. Él mismo lo afirma en esta entrevista. Que fue un líder de la lucha guerrillera sandinista desde su trinchera de Solentiname, desde donde propagó el Evangelio de los nuevos santos, como él los llamaba, que eran aquellos líderes guerrilleros famosos: Camilo Torres, Che. Que fue un líder destacado en la extensión de la Teología de la Liberación por el continente, bajo la idea de que una América Latina de cristianos no sería liberada, para entrar en el Paraíso comunista, sin anunciarles la sociedad sin clases y que abrazaran el marxismo. Fue, por tanto, un ideólogo principal de tales postulados. Era un cristiano nuevo a toda prueba, que, al mismo tiempo, predicaba la nueva interpretación del Evangelio de los desposeídos de la Tierra. Cumplió su misión, como él mismo declara aquí. Su retirada del régimen encabezado por Daniel Ortega fue un fin de acto con un gobierno que había traicionado sus postulados iniciales, teóricos y prácticos. No obstante, Ernesto Cardenal, nunca dejó de existir como un militante destacado de una nueva sociedad en la que el creyó hasta el final. Otro latinoamericano, jesuita y argentino, intercedió al final de su vida para levantar el castigo y que pudiera morir en gracia Divina. Posiblemente, al final, la lucha de Ernesto Cardenal haya sido compensada por tener dos amigos jesuitas en el Vaticano: el papa Francisco, y el llamado papa negro, el Superior General de la Compañía de Jesús, el venezolano, Arturo Sosa Abascal, ambos no tan alejados de sus postulados, aunque en otro contexto internacional y otro tiempo, o tal vez no tan diferente.

Sobre la literatura

No me gustan las entrevistas. Y no me gusta mucho hablar de literatura. Me interesa la literatura al servicio de algo más grande que ella. Yo renuncié a la literatura cuando entré a un monasterio trapense. Entonces para mí eso más grande era Dios. Pero yo no había entendido bien las Escrituras. Después he comprendido que a Dios no se la ama directamente: sólo se le conoce, en el sentido bíblico (o sea se le posee) a través del hombre. San Juan insiste en que nadie ha visto a Dios. Dios vino al hombre en la persona de Jesucristo. Pero no nos debemos equivocar tampoco con la persona de Jesucristo: ahora Jesucristo es el pueblo.

En la Trapa me orientó mucho en esto mi maestro de novicios, que era Tomas Merton. Mi estancia allí fue de dos años y pico. Después he tenido otra experiencia muy importante en mi vida y fue mi viaje a Cuba. Allí me convencí de que la salvación estaba más cerca de lo que nosotros creíamos.

Me interesa la poesía, sí, y es lo que más hago, pero me interesa en la misma manera en que les interesaba la poesía a los profetas. Me interesa como un medio de expresión: para denunciar las injusticias, y anunciar que el reino de Dios está cerca.

¿Qué opino de la Revolución?

Los hombres no pueden ser hijos de Dios si antes no son plenamente hombres. En condiciones infrahumanas no puede florecer la santidad. Por eso, la primera tarea del cristiano ahora es hacer la revolución. La lucha revolucionaria es una lucha sacerdotal, como dijo Camilo Torres.

Misión de la Iglesia en América Latina

La Iglesia tiene una misión muy importante en estos momentos en América Latina. Y yo creo que a ella le toca, sobre todo, predicar el comunismo. El obstáculo más grande que tiene la revolución en América Latina es el miedo al ‘comunismo’. Aun los pobres tienen ese miedo. Conocí a un campesino en Nicaragua, muy pobre, que tenía miedo al comunismo porque le iban a quitar las gallinas. La Iglesia ha contribuido en gran medida a meterle a la gente ese miedo. Ella puede ser ahora un factor muy importante para quitar ese miedo, y así acelerar la revolución. Por eso yo siempre que puedo predicar ante un público numerosos en una iglesia (que no siempre puedo) lo hago mencionando la palabra comunismo, y hablo a favor del comunismo. Además, el comunismo es profundamente cristiano. Es más, es la esencia del cristianismo. La palabra comunión es lo mismo que comunismo. San Pablo usa una misma palabra griega, Koinonia para la comunión eucarística y para la comunidad de bienes. Y usa también la misma palabra para la unión de los hombres con Dios: lo que él llama la comunión (o comunidad de bienes) del Espíritu Santo. O lo que podríamos llamar: el comunismo que hay entre los hombres y Dios. Por cierto, que para Pablo la puesta de bienes en común, y la eucaristía y la comunión con el Espíritu Santo son una misma cosa, y cuando en la Epístola a los hebreos habla de la puesta en común de los bienes dice que ese es el sacrificio que agrada a Dios. Como quien dice: la verdadera misa.

Eso es como lo que usted ha dicho en aquel verso: ‘Comunismo, o reino de Dios en la Tierra que es lo mismo’

Exacto. El comunismo, según Marx, la sociedad en la que ya no habrá egoísmo ni injusticia de ninguna clase, es lo mismo que los cristianos entendemos por reino de Dios en la Tierra. Y el comunismo como lo entendió Marx (‘dé cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades’) es el sistema social de los primeros cristianos. Los Hechos de los Apóstoles dicen que ninguno decía que las cosas fueran suyas porque eran de todos, ‘y se repartían a cada uno según sus necesidades’. Cuántas confusiones ha creado la propaganda capitalista. Yo me he encontrado gente culta que me ha dicho: ‘Yo estoy de acuerdo con el marxismo, pero no con el comunismo’. Por comunismo entienden estalinismo. Que es como entender por Evangelio a la Inquisición. Y no sólo en América Latina. Acabo de estar en Alemania, y cuando en mis intervenciones públicas yo hablaba de marxismo siempre había alguien que atacaba al marxismo citando el caso de la Unión Soviética. Yo tenía que recordarles que Marx no era ruso, sino alemán. Lo que quería decir es que el marxismo era universal, pues había un marxismo muy ruso, y otro chino, y otro cubano que era muy latinoamericano, y también iba a haber un marxismo alemán. En un famoso monasterio benedictino en Alemania, los monjes se espantaron porque yo defendía el comunismo. Les tuve que recordar que ellos eran comunistas, según su regla de San Benito. Tenían todas las cosas en común. Les recordé un capítulo de su regla, donde San Benito condena lo que él llama ‘el infame vicio de la propiedad privada’. Discutieron conmigo hasta muy avanzada la noche, pero al final me dieron la razón.

Cristianismo y Revolución en América Latina

En América Latina se están uniendo cristianos y marxistas para hacer la revolución, y eso es una cosa nueva en el mundo. Yo creo que este será el gran aporte de América Latina a la revolución mundial. Se trata de un cristianismo distinto del que era antes, un cristianismo que no es antirrevolucionario, y un marxismo distinto que no es anticristiano. Fidel ha dicho que un cristiano podía ser revolucionario. Y el Che dijo que cuando los cristianos fueran realmente revolucionarios la revolución de América Latina sería invencible. Después de esta experiencia latinoamericana, ni cristianismo ni marxismo van a volver a ser lo mismo que antes. En Venezuela oí decir a un viejo líder del partido comunista que hasta ahora, que los cristianos se estaban haciendo revolucionarios, iba a ser posible la revolución en América Latina. Que ellos antes habían creído que la revolución se podía hacer sin los cristianos, pero que en eso no habían sido buenos marxistas, porque no habían tomado en cuenta que el pueblo era cristiano, y que una revolución así tendría que ser una revolución sin el pueblo y, por tanto, una falsa revolución. Estábamos en una gran reunión de gente humilde que en su mayoría eran cristianos y revolucionarios. Fidel me dijo en Cuba que el aporte de los cristianos no solo era importante para lograr el triunfo de la revolución, sino que lo era más todavía para después, ‘para los sacrificios que exige el establecimiento del socialismo’. Si los marxistas necesitan de los cristianos para el establecimiento del socialismo, también los cristianos necesitan del marxismo para el establecimiento del reino de Dios en la Tierra. Para que se pueda celebrar válidamente la eucaristía, como decía Camilo Torres. Roger Garaudy, el comunista francés, se ha atrevido a decir que así como el cristianismo sin el marxismo estaría incompleto, también estaría incompleto un marxismo sin San Juan de la Cruz.

 La Teología de la liberación

Otro de los aportes nuevos de América Latina es la Teología de la liberación. La Teología de la liberación no es un capítulo más de la teología tradicional, inventada ahora en América Latina, como suelen creer los teólogos europeos. Así como hay teología del matrimonio, teología de la Iglesia, teología del sacerdocio, teología del trabajo, etc.; ellos suponen que la teología de la liberación es un apéndice más de la teología tradicional aplicada ahora al tema de la revolución. Y no es así. Esta es una teología enteramente nueva, que replantea, a la luz de la revolución, todos los temas de la teología tradicional: Dios, Cristo, la Iglesia, el sacerdocio, el matrimonio, el trabajo, en fin, todo. Esta es una teología de la clase oprimida, mientras que la otra es de la clase dominante. No es hecha por teólogos profesionales y para otros teólogos profesionales, como la otra. Sino que suele ser fruto de reflexiones comunitarias, y es elaborada por personas que pertenecen a comunidades revolucionarias, y para uso de esas mismas comunidades. Esta teología no se suele hacer en libros, sino en pequeñas revistas, folletos humildes, papeles mimeografiados. Y como señala Giulio Girardi (precisamente en uno de esos papeles mimeografiados) mientras la otra teología es puramente intelectual, ésta no se pude hacer si uno no está comprometido con una praxis revolucionaria. La otra teología se auxiliaba de la filosofía aristotélica. Esta se auxilia de la ciencia: el marxismo. La otra teología se basaba en la Palabra de Dios, en la Biblia, ésta se basa igualmente en la Biblia, pero también en la Palabra de Dios expresada en los acontecimientos actuales, en el periódico, es decir en el terreno de la política. Porque como lo hace ver el mismo Giulio Girardi, que es uno de los teólogos de la liberación, nuestro Dios es un Dios vivo, que sigue hablando en la historia, que no se calló después del último libro de la Biblia. Esta teología también se basa en la Biblia, pero con una nueva interpretación de la misma. No es que creamos que la Biblia se puede interpretar de cualquier manera. Pero hay una interpretación revolucionaria de las Escrituras, como también hay una que es contrarrevolucionaria. La frase de Cristo de poner la otra mejilla, puede ser interpretada como que no hay que luchar contra los que oprimen al pueblo. Aquí en Solentiname comentamos todos los domingos el Evangelio con la gente, y una vez que se trató de esa frase, un joven campesino de nuestra comunidad, Laureano, la interpretó así: ‘Quiere decir que si la revolución le ha quitado a un rico una propiedad, él debe entregar la otra propiedad’.

Sobre mi marxismo y mi cristianismo

Soy un marxista que cree en Dios y en la vida después de la muerte. Creo que esto no se opone al marxismo, sino que lo complementa. Como dijo nuestro poeta José Coronel Urtecho, aquí en Solentiname, en uno de los comentarios del Evangelio con los campesinos: ‘El dogma de la resurrección de la carne significa que la revolución no acaba en este mundo, que el comunismo sigue después de la muerte’. Y yo repito a Porfirio Miranda, que en su libro ‘Marx y la Biblia’, dice que si no triunfamos sobre la muerte triunfaría definitivamente el statu quo. Marxismo y cristianismo no son incompatibles; lo cual no quiere decir que lo confundamos, porque no son lo mismo. Democracia y cristianismo no son incompatibles, y eso no quiere decir que sean lo mismo. Pero en América Latina ya no tiene sentido hablar de cristianos y marxistas, porque ya hay tantos cristianos que son marxistas. Pierre Teilhard de Chardin (jesuita francés y sobrino-nieto de Voltaire) había profetizado que cristianos y marxistas se encontrarían en la cima; eso ya ha sucedido en América Latina. Creo que América Latina producirá unos tipos nuevos de marxistas, muy peculiares y muy interesantes. Cuba produjo ya la primera modalidad. Y habrá otras modalidades. El marxismo, según Lenin, es ‘(…) el análisis concreto de las condiciones concretas’. El marxismo fue anticristiano, pero es porque el cristianismo era antirrevolucionario. Pero la verdad es, como dice el apóstol Santiago, que los que persiguen a los cristianos son los ricos. Yo creo, como dice el padre Camilo, que no se puede ofrecer en forma auténtica el sacrificio de la misa si antes no se ha realizado en forma efectiva –o sea con la revolución– el amor al prójimo. No podemos sentarnos a la misma mesa para eucaristía si estamos divididos en clases. Esa, ‘no es la Cena del Señor’, como dice San Pablo. El socialismo es un sistema económico que hace posible vivir el Evangelio. Vivirlo en la sociedad, sin que uno se tenga que retirar al desierto o a la vida religiosa. ‘Se trata de que reine la igualdad’, como dice San Pablo en la Epístola a los Corintios. El socialismo no era posible en la Edad Media, allí solo era posible el feudalismo, y San Benito lo que hizo fue fundar monasterios. Yo creo, como dice el teólogo norteamericano Jordan Bishop, que la Iglesia tiene que ser el sacramento, el signo, de una sociedad socialista, de una sociedad sin clases. En cuanto a lo que dice Marx de la religión: ‘Opio del pueblo’. Marx y la religión son incompatibles. Pero no Marx y la Biblia. El mensaje de la Biblia es completamente marxista, aun en lo que se refiere a religión. Hay que leer el libro que escribió el jesuita mexicano, Porfirio Miranda, ‘Marx y la Biblia’ (él ya no es jesuita). Como él lo hace ver muy bien, el Dios de la Biblia está siempre diciendo, a través de los profetas, que él no quiere culto, que está aburrido de las plegarias, de las oraciones, de los sacrificios, del incienso, de los ayunos. Lo que quiere es que se rompan las cadenas de los oprimidos, que no explote al débil, que no se despojen a los huérfanos y a las viudas, que haya justicia entre los hombres. Y el mensaje que predicó Cristo va en la misma línea. El cristianismo en realidad no es una religión. Su culto religioso es socorrer a los huérfanos y a las viudas como dice Santiago. Todavía en el siglo III Minucio Félix decía: ‘Los cristianos no tenemos ni templos ni altares’. Y los romanos consideraron ateos a los primeros cristianos. Porque ante las religiones el cristianismo aparecía como un ateísmo. Después adoptó formas religiosas porque la humanidad aún necesitaba de religión. Y todavía los sectores más primitivos la necesitan. El cristianismo no es una religión, sino una fe. Y el marxismo es una ciencia (y una práctica de esa ciencia). Y no tiene por qué haber contradicción entre la ciencia y la fe. Eso se ha sostenido tradicionalmente en el cristianismo. También puede hablarse del marxismo como filosofía. Y podría haber una contradicción o no haberla. Ahora, algunos teólogos latinoamericanos están haciendo una teología con esa filosofía, que está más cerca de la Biblia que la de Aristóteles. Y en América Latina no sólo hay una teología marxista. También empieza a haber una teología mística marxista. Cuando yo estuve en Chile me llegó a ver a mi hotelito un religioso y me dijo: ‘Usted dijo anoche en la televisión que un cristiano puede ser marxista. En Chile algunos sacerdotes y religiosos decimos otra cosa…que actualmente un cristiano, para ser auténticamente cristiano, debe ser marxista’. Por cierto que cuando le conté después al presidente Allende que había oído esto en Chile, se asombró mucho. Después se lo conté a Fidel, en la conversación que tuve con él en La Habana, y Fidel en cambio no se sorprendió en absoluto. Me dijo: ‘Por supuesto’. Bueno, ese religioso que me llegó a ver me dijo también: ‘Nosotros creemos que la religión es funesta y debe acabar. La humanidad es ahora como una niña de 12 años. Antes esa niña jugaba con muñecas; le gustaban los cuentos de hadas; estaba totalmente dependiente del papá y la mamá. Eso fue la religión en la infancia de la humanidad. Pero ahora la niña ha crecido y ya no quiere jugar con muñecas. También quiere hacerse independiente, y cree que se basta sola. Este es el ateísmo en el que está entrando ahora la humanidad, y es un progreso en su desarrollo. Pero la niña de 12 años todavía no es una mujer. Un día su cuerpo habrá madurado más, y entonces se sentirá sola y que no está completa, y sentirá la necesidad de amar. Allí aparece Dios: el esposo que se desposará con esta humanidad. Ahora, todavía no hay humanidad, sólo hombres. El cuerpo de la niña tiene que desarrollarse más. Por ahora no conviene perturbarla hablándole mucho del esposo, ella todavía no siente la necesidad de él. Y en realidad ahora lo que importa es que ella se haga mujer. Por eso la única prioridad ahora es la revolución. Formar la humanidad completa. Pero conviene hablar de vez en cuando a la niña de su futuro matrimonio, para que no crezca egoísta o se haga lesbiana (sic); o se desespere en su adolescencia sintiéndose sola y se suicide. Esa es la función del contemplativo. Aun los ermitaños tienen un papel revolucionario muy importante. No todas las células del cuerpo maduran al mismo tiempo; algunas células pueden madurar antes y sentir ya, desde ahora, esa necesidad de unión: esos son los contemplativos. Esa unión ya se consumó, individualmente, en la persona de Jesucristo. Después se va a consumar en la humanidad entera. Pero la tarea inmediata es la revolución’. Este religioso pertenecía al MIR (chileno) y andaba armado. Me dijo que estaba casi en la clandestinidad. Eso me sorprendió mucho. Era en 1971. Ahora, después del golpe fascista comprendo por qué ya desde entonces andaba así.

 Sobre el golpe militar en Chile

Claro que eso no va a quedar así. Allí va a haber lucha. Era un país con una inmensa población revolucionaria. Y eso fue lo que más me impresionó. Recuerdo que cuando Allende me recibió en aquel lujoso palacio, ahora destruido y quemado, me preguntó que me había parecido el proceso en Chile; y le dije que lo que más me había impresionado fue ver tanto espíritu revolucionario, y que mucha gente me había dicho, aun señoras que me había encontrado en la calle, que irían a la clandestinidad o a la guerrilla si a él lo derrocaban. Y recuerdo muy bien que vi una sombra en el rostro de él cuando yo dije lo del derrocamiento. Seguramente él ya sabía bien…

 Sobre el Cardenal Silva

Ah, recuerdo también que una de las primeras preguntas del presidente Allende fue que si ya me había visto con el Cardenal y con otros obispos. Se extrañó de mi respuesta cuando le dije: ‘Yo no me meto con esa clase de gente’. Le expliqué que con los que me había visto era con los sacerdotes socialistas, y que había muchos sacerdotes marxistas en Chile y aun marxistasleninistas. Él dijo que de todos modos el cardenal se había portado bien y que le había dado su apoyo…yo sabía que en realidad no era revolucionario. Después del golpe, el cardenal ha dicho que la Iglesia debe dar su apoyo a la Junta, como antes se lo dio al gobierno de Allende. Es como decir: ‘Nosotros no distinguimos entre la justicia y el crimen’. Es como una puta que dice: ‘Yo me acuesto con cualquiera’. Esto no es para ofender a nuestras hermanas prostitutas, ellas no son culpables, sino víctimas del sistema que las obliga a vender su cuerpo. Sí son culpables los cardenales y obispos que apoyan este sistema. Y cómo yo puedo pertenecer a esta Iglesia. La pregunta sería cómo pueden ellos pertenecer a esta Iglesia. Ellos son los que deberían salir. Los que están con el poder y el dinero no pertenecen a la Iglesia de Cristo. En realidad, están fuera. En cambio, Cristo dijo: ‘Tengo otras ovejas que no están en este aprisco’. Esas ovejas son las que luchan por la justicia sin ser cristianos. Son la otra Iglesia de Cristo. Cuando yo estuve en Chile acababa de estar allí el padre Blanquart, sacerdote obrero de Francia, y marxista, y él había dicho en la Universidad Católica que la Iglesia del futuro iba a ser muy distinta de la de ahora: ‘Una Iglesia compuesta sólo de revolucionarios’. Yo así lo creo. Ese cristianismo será casi irreconocible. Más bien como el de los primeros cristianos. Sobre el materialismo marxista. En Cuba vi que toda la gente comía lo mismo por medio de una libreta de racionamiento. Todos se vestían con la misma calidad de ropa. Todo el mundo tenía servicio médico (gratuito). Todos tenían la misma oportunidad de educación, incluso educación universitaria. Nadie estaba sin techo. No había prostitución, ni mendigos, ni desocupados. Todos los niños en Cuba recibían juguetes en Navidad; un juguete grande y dos pequeños, que el mismo niño o niña escogían en la tienda, y era la misma calidad de juguetes para el niño de un alto funcionario o el de un campesino. Cuando yo después conté todo esto y expresé mi admiración por la revolución cubana, un hombre de letras que es millonario me atacó diciendo que yo me había deslumbrado por el ‘materialismo marxista’, y que había olvidado aquello de que ‘no solo de pan vive el hombre’…y él era millonario. Otra de las confusiones es creer que el materialismo dialéctico es igual al materialismo del positivismo. El materialismo marxista a lo que se opone es al idealismo, que debería llamarse más bien realismo. Con mucha razón me dijo Fidel, aquella vez que hablé con él: ‘El materialismo marxista es más espiritualista que el positivismo, ¿verdad?’. Y en verdad el marxismo de Marx es espiritualista, como lo es también el de Fidel y el Che. El materialismo marxista, ¿no se opone a Dios? Se opone al idealismo. Se opone también a un Dios idealista. La Biblia se opuso también tenazmente a la deidad idealista y le llamaba ídolos. Los ídolos son ideologizaciones de las fuerzas naturales, y el gran ataque que les hace la Biblia es porque ellos no son nada. Y porque ellos no liberaron al pueblo de la esclavitud de Egipto. San Juan dice que Dios es amor. Esta es una frase vaga, que no dice nada –a no ser que entendamos con precisión qué quiere decir San Juan por amor–. Por amor, San Juan entiende una cosa muy concreta, y una cosa a la que nosotros corrientemente no le damos el nombre de amor. Y que Jeremías describe así: ‘Defender la causa del pobre y del indigente’.

Violencia y no violencia

La Biblia dice no matarás. Pero en el mismo libro de la Biblia en que está ese precepto, se ordena que al que cometa un asesinato hay que matarlo, porque quebrantó ese precepto. En cambio, algunos interpretan ahora en no matarás en el sentido de que a un tirano que ha cometido muchos asesinatos no se le debe matar. La palabra violencia tiene varios significados. Si se entiende meramente el uso de la fuerza, es algo neutro. Hay que distinguir el uso de la fuerza para asaltar a un niño, o el uso de la fuerza para defender a un niño asaltado por un asesino. Si por violencia se entiende la fuerza injusta, entonces la violencia entre nosotros es sólo la institucionalizada; la de los guerrilleros es contra-violencia. El odio es otra cosa. Como le oí decir al padre Gonzalo Arroyo en Chile (no sé dónde estará él ahora): ‘El odio es siempre reaccionario. Sólo el amor es revolucionario’. El Che alguna vez habló de odio, pero yo creo que era más bien una manera de hablar. También Cristo dijo: ‘El que no odia a su padre y a su madre no es digno de mí’. Naturalmente, que debemos preferir la no-violencia cuando se puede escoger.

Mi venida a Solentiname

Vine a Solentiname huyendo de lo que tradicionalmente se llama en el lenguaje cristiano ‘el mundo’, y que ahora es el capitalismo y la sociedad de consumo. Vine a esta isla buscando la soledad, el silencio, la meditación, y en último término buscando a Dios. Dios me llevó a los demás hombres. La contemplación me llevó a la revolución. He dicho otras veces que no fue la lectura de Marx la que me llevó al marxismo, sino la lectura del Evangelio. ¿Cómo se compaginan contemplación y revolución? No debe hacerse diferencia entre lo espiritual y lo temporal. O entre Evangelio y política. Por tanto, tampoco entre contemplación y revolución. Los verdaderos contemplativos de todas las épocas nunca han sido indiferentes a los problemas de su tiempo. Y la contemplación es importante para la revolución. Porque existe también el otro aspecto: la revolución interior. O como dijo Leonel Rugama, el joven poeta nicaragüense que murió a los 20 años en la guerrilla urbana: ‘La revolución interior y la otra son la misma’. También, la humanidad está destinada a unas bodas. Los contemplativos son las células sexuales que ya están madurando en la niña de 12 años. Yo considero que mi misión es predicar desde aquí el marxismo, pero un marxismo con San Juan de la Cruz. 

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