El Cultural - El Tercer Hombre - El Sol Digital
El Cultural – El Tercer Hombre

El Cultural – El Tercer Hombre

Esta semana hemos estado en la filmoteca para ver la película “El Tercer Hombre” de Carol Reed. Richerdios.

El Tercer Hombre

 

Título original. The Third Man (The 3rd Man)

Año. 1949

Duración. 104 min.

País. Reino Unido

Director. Carol Reed

Guion. Graham Greene (Novela: Graham Greene)

Música. Anton Karas

Fotografía. Robert Krasker (B&W)

Reparto. Joseph CottenAlida ValliTrevor HowardOrson WellesBernard Lee, Paul HörbigerErnst DeutschSiegfried BreuerErich PontoWilfrid Hyde-White, Hedwig Bleibtreu

Productora. London Films. Productores: Alexander Korda, David O. Selznick

Género. Cine negroIntrigaDrama | Amistad

Sinopsis. Comienzos de la Guerra Fría, en Viena, 1947. El norteamericano Holly Martins, un mediocre escritor de novelas del Oeste, llega a la capital austríaca cuando la ciudad está dividida en cuatro zonas ocupadas por los estados aliados de la II Guerra Mundial. Holly va a visitar a Harry Lime, un amigo de la infancia que le ha prometido trabajo. Pero su llegada coincide con el entierro de Harry, que ha muerto atropellado por un coche en plena calle. El jefe de la policía militar británica le hace saber a Martins que Lime estaba gravemente implicado en el mercado negro. Pero a Martins no le cuadra un detalle: todos dicen haber visto a dos hombres en el lugar del atropello intentando ayudar a Lime, pero un testigo asegura haber visto a un tercer hombre… Adaptación de la novela homónima de Graham Greene.

Premios.1950: Oscar: Mejor fotografía B/N. 3 nominaciones. 1949: Premios BAFTA: Mejor película británica. Nominada a Mejor película. 1949: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor dirección. 1949: Festival de Cannes: Gran Premio del festival (mejor película)

 

Escrita por G. Greene y dirigida por C. Reed, alcanzó un gran éxito. La acción tiene lugar en Viena en los primeros años de la Posguerra (1947). Narra la historia de Harry Lime, traficante desaprensivo que en el mercado negro vienés compra penicilina robada, la diluye y la vende a un alto precio, a costa de la salud de las personas. Su actividad le lleva a simular su muerte y a ocultarse en el sector ruso de la ciudad. Cuando Holly Martins (Joseph Cotten) llega a Viena, decide emprender una investigación sobre su muerte, dadas las informaciones contradictorias que recoge. La película describe la perversidad de un hombre siniestro y diabólico, que aborrece a sus semejantes; desprecia la justicia, la solidaridad, la democracia y la paz; y ama la guerra, el terror y el asesinato. Su objetivo es convertirse en un personaje poderoso, a la manera del superhombre de Nietzsche. Es el protagonista del film y el eje de la acción. Por lo demás, la película pone en tensión la lealtad, el amor y la amistad frente a la verdad, la justicia y el bien. Su amante, Ana (Alida Valli), y su amigo de la infancia Martins, se debaten entre dudas, inseguridades y contradicciones. La estética de la obra es marcadamente expresionista. Abundan los encuadres dislocados, las perspectivas de ruinas, las imágenes deformadas por los bombardeos (escaleras, vías, etc.). A ello se añaden juegos de luces y sombras que crean un clima fantasmagórico, reflejo de las opciones éticas y de los sentimientos de los protagonistas. Además, la obra suma un compendio amplio y heterogéneo de ambigüedades y dudas, que elevan la atmósfera de tensión y desasosiego. La música, de Anton Karas, se basa en una melodía sencilla e hipnótica, interpretada con cítara, muy adecuada. La fotografía ofrece un recital de recursos innovadores de gran efectividad. El guion toma un argumento excelente de Graham Greene, adaptado con aportaciones de Alexander Korda y Carol Reed. La definición de los personas principales es modélica: Ana encarna la lealtad al amante; Lime la perversidad y la locura; y Martins la mediocridad, ahogada en alcohol, y una ambigua fascinación por Lime. La interpretación de Welles es breve, pero magistral, y son excelentes las intervenciones de los otros protagonistas. La dirección, correcta y solvente, se apoya en Welles en tres ocasiones: la aparición nocturna de Lime ante la mirada de Martins, la conversación de Lime y Martins en la noria y los dedos tensos que buscan la libertad ante un fondo de árboles otoñales sin hojas. Tercera colaboración de Reed y Greene. Una de las mejores películas de todos los tiempos. La frase “me gusta perder el tiempo”, que cierra el turno de voz del film, deja abiertas las puertas a un cúmulo de preguntas sin respuesta, que alimentan la sensación de magia del film e impulsan las ansias del espectador de pensar y comentar. En una entrevista que Antonio Lucas le hace al académico de la RAE, Arturo Pérez- Reverte, en El Mundo (Madrid, 21-11-12), pg. 67, este último manifiesta algo que bien pudiera usarse como introducción a la figura del “tercer hombre” o malvado sagaz y con mucho intelecto: “El peor cáncer que sufre la humanidad no es la maldad, sino la estupidez, un malo inteligente hace el mundo mejor, porque te obliga a estar despierto. Los malos son necesarios. (…) Evitar todo asomo de mal es cargarte el sistema inmunológico de la humanidad.” Pues bien, el protagonista de fondo o “tercer hombre” en esta película, representa a ese tipo de humano desenfadadamente malévolo (interpretado por Orson Welles), una clase de individuo relativista que busca ante todo su propio beneficio material aunque sea a costa de causar grandes sufrimientos de por vida a personas inocentes, pero sin perder el humor ni las formas aparentemente civilizadas; un modelo de malvado o bribón por quién suele sentirse atraída con amor incondicional la bella de turno, tanto que se lo puede perdonar todo al tiempo que se mostrará inclemente con cualquiera, no específicamente “malo”, que traicione a un amigo (no importa que sea un amigo degenerado). Hay una escena cúspide, de altura (nunca mejor dicho): la de la noria y el diálogo cresta que allí tiene lugar entre los dos amigos protagonistas, el hombre con más escrúpulos de conciencia, interpretado por Joseph Cotten, y el hombre con menos escrúpulos, que de manera sublime escenifica Orson Welles. El personaje de este último representa y expone, mediante su discurso ergotista, la razón de ser del dañino relativista; reivindicando la lógica del sobrevivir caiga quien caiga; haciendo filosofía de su criminal comportamiento; desdramatizando la propia maldad y justificándola como un contrapeso acicateador de la evolución en todos los campos; acogiéndose también con tunantería argumentativa y hasta religiosa a la mismísima teología (tratado sobre Dios y el Más Allá) a fin de defenderse o defender que esta vida no debe elevarse al bien máximo ni la muerte a lo peor. Sin duda, estamos ante una obra de arte cuyo análisis sobre la moral/inmoralidad es eminentemente maquiavélico, tan realista, sincero y dialéctico que hasta logra caer simpático, además de “amontonar brazas encendidas sobre las cabezas” de los que se decantan mediocremente del lado del “bien”, de ésos que se creen los “buenos” en la película de la vida; o lo que es peor, que van de “buenistas” aunque resulten ser o idiotas o idiotizadores mil veces más peligrosos que el peor de los malos declarados.  En definitiva, esta obra de Graham Greene y Carol Reed resulta toda una cavilación racionalmente maquiavélica acerca del mal y el sujeto del mal, que el mismísimo Nicolás Maquiavelo refrendaría con la cita de su libro “El príncipe”: “Los hombres no saben ser ni enteramente buenos ni enteramente malos”.

La Deriva

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