De la revolución copernicana - Emilio José Triviño Triviño, abogado. - El Sol Digital

De la revolución copernicana – Emilio José Triviño Triviño, abogado.

Nicolás Copérnico nació en Torún, Polonia, en el año 1473, y se educó dentro del paradigma ptolemaico, el cual situaba el planeta tierra en el centro del Universo, conformando de este modo la visión de la teología y el resto de las disciplinas, las cuales giraban en torno a ese modelo astronómico. Asimismo, se podría decir que la evidencia confirmaba esa “verdad” heredada, ya que bastaba con ver el movimiento descrito por el sol desde nuestro suelo para no cuestionarse otra solución cosmológica; en definitiva, era de sentido común lo que esa ciencia ptolemaica afirmaba.

Para oponerse a esa visión geocéntrica del Universo, Copérnico tuvo que superar el pensamiento aristotélico que fue aceptado e integrado por la teología, y con ello por las autoridades religiosas. No obstante, el papa Clemente VII, que aprobó sus enseñanzas, en 1536 le pidió que publicara sus teorías, lo que tendría lugar en el año 1543 con la publicación de su obra maestra De Revolutionibus. Su publicación fue atacada en un principio por los teólogos protestantes que mantenían que el universo heliocéntrico iba contra la Biblia, y posteriormente sería la Iglesia católica la que también se enfrentaría a esta teoría con el resultado conocido en Giordano Bruno o Galileo Galilei.

Pero lo más llamativo, es que, al parecer, entre 1543 y 1600, menos de una decena de científicos aceptaron la teoría copernicana (1). Es decir, el cambio de paradigma fue lento, muy lento, y sin embargo, entrañaba tanto para el destino de la Humanidad.

Les traigo a la mente este episodio de la evolución cultural, para decirles que la historia se repite. No se trata ahora del Sistema Solar, se trata del Sistema de Partidos. Como resulta evidente para todos nosotros, la ortodoxia sitúa a este Sistema de Partidos en el Universo democrático. Es algo que se da por sentado a diario, ya sea por nuestros dirigentes políticos, por los intelectuales más combativos como Noam Chomsky, o, por supuesto, por el mundo académico. Sin embargo, la ortodoxia se equivoca, porque este Sistema pertenece al Universo oligárquico.

Sí, para atreverme a afirmar esto, me apoyo en el pensamiento de otro genio, en este caso español. De hecho nació en Alhama de Granada, el 18 de julio de 1927, y su nombre es Antonio García-Trevijano Forte. Don Antonio es una persona de carácter excepcional, que con 16 años comenzó su propia acción política y aun sigue en ella. Su rigor y honestidad intelectual le han permitido ser el genio que es. Y siendo un español que defiende a su patria con las armas de la más Alta Política, distinguiéndose siempre por su sentido de la lealtad y por su carácter combativo, no ha contado nunca con el favor de las instituciones políticas españolas. Por el contrario, su figura ha sido castigada por la dictadura franquista con la clandestinidad y por el actual Sistema de Partidos con el ostracismo.

Pero hecha esta breve referencia al creador del pensamiento que inspira este artículo y los que seguirán, de lo que vamos a tratar es del pensamiento político de don Antonio y de su aplicación a la realidad de nuestro Sistema. Estoy dispuesto a demostrar que vivimos en un Universo oligárquico y que podemos crear nuestro Sistema de gobierno en el Universo democrático. Pero como condición previa, tengan presente que las puertas del pensamiento se abren desde dentro, y necesitará por tanto el lector hacer un ejercicio de verdadera agilidad intelectual, dejando cualquier prejuicio ideológico de lado, porque para empezar, les diré que la democracia formal carece de ideología. Por otro lado, será necesario especial cuidado en la utilización de los conceptos políticos, porque cada sistema tiene su lógica y cada universo tiene sus propias fuerzas gravitatorias, incluido el oligárquico, de tal modo que en su esfuerzo intelectual seguirán ejerciendo su propia influencia.

Sirva de ejemplo que la Constitución española establece en su artículo 1, apartado 1, que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho. Pero insisto lector, “eppur si muove” dentro del Universo oligárquico y no en el democrático, y como anticipo de mi defensa, estableceré dos condiciones “sine qua non” para que un sistema de gobierno sea democrático, la primera, que debe existir el principio de representación política, y no la hay; la segunda, que debe haber separación de poderes, y tampoco lo hay. Valga citar, en relación a este último requisito, el artículo 16 de la Declaración Universal (nota bene) de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que declara que: “Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución.”. Por lo tanto, en términos de cosmovisión política, tenemos un primer conflicto de leyes universales.

Dejo dicho lo anterior, para acabar este primer artículo con una contradicción evidente, si no hay separación de poderes, no hay Constitución, salvo que sendos textos formen parte de dos universos distintos.

En el próximo artículo nos comprometemos a explicar por qué no hay representación política en el Sistema de Partidos.

En recuerdo de Ignacio Bastos “Maese Íñiguez”, compañero repúblico del Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional, quien compartía conmigo las similitudes existentes entre el descubrimiento del Maestro Nicolás Copérnico y el del Maestro don Antonio García-Trevijano.

(1) Véase en el libro titulado “A hombros de gigantes. Las Grandes Obras de la Física y la Astronomía. Edición comentada por Stephen Hawking”, página 14. Editorial Crítica, cuarta edición.

One thought on “De la revolución copernicana – Emilio José Triviño Triviño, abogado.”

Gonzalo

19 abril , 2017

La resistencia a aceptar nuevos fundamentos, nuevos paradigmas, está enraizado en lo más profundo de la psique humana. Nos cuesta enormemente desprendernos de la comodidad de lo social, política e incluso científicamente aceptado y ``exponernos´´ a las dificultades y el desgaste que conlleva oponernos al pensamiento convencional reinante en cada momento de la historia. Y es verdad, como bien explica en su artículo Emilio Triviño, que a Antonio García Trevijano le ha tocado en su vida el papel más difícil, igual que le pasó a Copérnico en su época. Sin embargo, también es cierto que el ser humano no puede aceptar como verdadero aquello que la realidad, la ciencia, la lógica y el sentido común le está demostrando día tras día que es falso. Es decir, el pensamiento convencional también tiene fecha de caducidad, afortunadamente, porque si no sería imposible el progreso y la evolución de la humanidad. En España, el pensamiento convencional dice que Juan Carlos I fue maravilloso, casi un héroe (pero la realidad demuestra que es mentira, traicionó primero a su padre que era el rey legítimo y a España muchas más veces, empezando por el 23F). El pensamiento convencional dice que Suárez y la transición fueron el apoteosis de la ejemplaridad de un país pasando de una dictadura a la democracia (pero la realidad vuelve a demostrar que es mentira, Suárez -franquista- dio el famoso café para todos para perpetuarse como presidente y cuando se le acabó el café se tuvo que marchar, y nos dejó 17 miniestados ruinosos y una partitocracia que ha sido, es y siempre será corrupta, porque no tiene control de poder, no hay separación de poderes y los ciudadanos pintan un pimiento porque sus supuestos representantes defienden al partido que les ha colocado, no a los ciudadanos que pagan su sueldo. Trevijano lleva toda su vida, y sobre todo los últimos 30 años explicando y demostrando de forma incontrovertible que el sistema político que padecemos NO es una democracia. Y cuando digo incontrovertible digo bien, porque no hay ni un sólo político, magistrado, catedrático, politólogo, discrepante, enemigo,...que le haya podido contradecir nunca. Y es por eso precisamente, porque es incontrovertible, por lo que está sentenciado al ostracismo. El establecimiento actual (igual que el de Franco) tiene pánico a que los ciudadanos conozcan el pensamiento de nuestro Copérnico español. Simplemente porque se les hundiría el negocio estrepitosamente.

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