Demografía y cambio climático. Carlos Ramírez. Abogado - El Sol Digital
Demografía y cambio climático. Carlos Ramírez. Abogado

Demografía y cambio climático. Carlos Ramírez. Abogado

Este 31 de diciembre se cumplieron 35 años del cierre de la línea ferroviaria Lorca-Almanzora-Baza-Guadíx que unía por tren las comunidades de Murcia y Andalucía, siendo clausurada “por su baja rentabilidad”.

El cierre definitivo de la línea Almendricos-Guadix, supuso la pérdida de la conexión de todo el Levante español con Andalucía, mientras tanto se proyectaban multitud de nuevos kilómetros de autovías. También afectó a la despoblación de esa parte de España “vaciada” y con menos oportunidades.

En el primer semestre de 2019 nacieron menos niños en España (170.074) que en cualquier fecha desde que hay registros; supone un descenso del 6 por ciento respecto de la ya raquítica cifra de 2018. La edad promedio de la primera maternidad ha subido a los 32.2 años, la más alta de la UE.

Ningún país de los 28 que componen la Unión Europea tiene una tasa de fecundidad de al menos 2,1, la mínima para asegurar la reposición de la población. Los datos publicados esta semana por la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat) muestran una Europa menguante en la que la población se sostiene únicamente por la inmigración y en la que varios países, principalmente de Europa del este van perdiendo población año tras año desde hace más de tres lustros.

Los datos que maneja Eurostat y los eurobarómetros que realiza puntualmente la Comisión Europea muestran que las ayudas sociales a la infancia, como una buena red de jardines de infancia públicos, son claves para sostener la natalidad.

La dificultad para el acceso a la vivienda también genera que se formen parejas estables de mayor edad y se pierdan los años de más fecundidad. También en los países en los que los hombres asumen más tareas domésticas la tasa de fecundidad es más alta.

¡Noruega necesita más niños!, advirtió la primera ministra de Noruega Erna Solberg en su discurso de Año Nuevo. Cada vez nacen menos niños en el norte de Europa. Un fenómeno que amenaza su preciado modelo social, vertebrado por la solidaridad entre generaciones. Tanto en Noruega como en Finlandia o en Islandia, la fecundidad cayó a su mínimo histórico en 2017, con entre 1,49 y 1,71 hijos por mujer. Unos años antes, esa tasa rozaba el nivel requerido (2,1) para que se renueven las generaciones. Hoy, la crisis financiera ha terminado pero la tasa de fertilidad sigue bajando.

A largo plazo, esto implicará menos activos en esas “sociedades envejecidas” que puedan asegurar la financiación de las generosas prestaciones sociales.  En este contexto, la inmigración puede suponer una solución o una amenaza.

Con una larga tradición de país de acogida, Suecia le debe gran parte de su alta tasa de natalidad a los inmigrantes, que en general tienen más hijos que la media, un fenómeno que se transmite de generación en generación.

En España, la tasa de fecundidad de las mujeres nativas es de 1.20 hijos/mujer: un 40 por ciento por debajo del reemplazo generacional. Estamos inmersos en una espiral que nos lleva a la insostenibilidad social. El decrecimiento vegetativo del 2019 fue de 91.000. En 2018, el decrecimiento había sido de 56.262; en 2017, de 30.772. En Galicia, Asturias y Castilla-León, mueren más del doble de personas de las que nacen.

La actitud de la sociedad española frente a este “colapso demográfico” se reconduce al son de “los bajos salarios, la precariedad laboral y el coste de la vida”. Sin embargo, nuestros abuelos tuvieron entre el doble y el triple de vástagos con unos ingresos reales varias veces inferiores. Los funcionarios, de media, no tienen más hijos que los trabajadores del sector privado.

Las causas del “lento suicidio demográfico”, son más bien culturales y morales. Los ideales de nuestra época son la libertad, el bienestar y el éxito, no la estabilidad familiar y la perpetuación de la especie. Impera un individualismo hedonista, un “solo se vive una vez”. Los restaurantes, hoteles y vuelos a Europa están llenos; las guarderías, casi vacías.

La primera consecuencia será la insostenibilidad del sistema público de pensiones, y más adelante, la inviabilidad del Estado del Bienestar por exceso de beneficiarios y falta de contribuyentes. La  inmigración no será la solución debido a su escasa cualificación laboral y bajos salarios (tasa de paro un 50 por ciento superior a la de los españoles nativos).

La natalidad se encuentra en caída libre desde 2009 y acumula un descenso del 33 por ciento. El número de defunciones fue de 215.000, lo que significa una pérdida natural de población de 45.400 personas

El invierno demográfico de España arrecia a medida que pasan los años. En los seis primeros meses de 2019 se registraron únicamente 170.074 nacimientos en España, el dato más bajo de la serie histórica y se sitúa ya por debajo del mínimo histórico, que llevaba vigente desde 1995. Solo en el último año se han perdido nada menos que 11.000 nacimientos, un descenso del 6,2 por ciento en un solo año, según los datos publicados por el INE.

Esta fase de hundimiento de la natalidad se inició en el año 2009 con el estallido de la crisis y la pérdida de inmigrantes que volvían a sus países de origen ante la falta de oportunidades en España. En ese momento comenzó una nueva fase descendente del número de nacimientos que acumulan ya una caída superior al 33 por ciento.

En 1995 este indicador era de 9,15 nacimientos por cada 1.000 habitantes y en 2019 se sitúa ya en 7,94 nacimientos. Este descenso ha sido generalizado en todas las comunidades autónomas salvo en La Rioja, donde aumentaron un 5,9 por ciento. Por el contrario, Asturias y Castilla-La Mancha registran los peores datos con una caída de la natalidad de doble dígito, del 12 por ciento y 11,1 por ciento, respectivamente.

El número de defunciones en los seis primeros meses del año fue de 215.478 personas, 12.000 menos que en el mismo periodo de 2018, pero en línea con los datos de los últimos años. De esta forma, en 2019 se vuelve a producir una pérdida natural de población, esto es, mayor número de muertes que de nacimientos.  Son urgentes medidas públicas que fomenten la natalidad: ayudas a hijos, guarderías, maternidad, paternidad, y horarios flexibles.

El 25 de julio de 1968 el Papa Pablo VI publicaba la encíclica “Humanae Vitae”, que aborda la cuestión de la transmisión de la vida y el problema de la natalidad. Respecto a esta encíclica, el Papa Francisco ha resaltado su “genialidad profética”, pues “pues tuvo el coraje de ir contra la mayoría, de defender la disciplina moral, de aplicar un freno cultural, de oponerse al neomalthusianismo presente y futuro”.

En España se da por inmutable la realidad que vaya a haber pronto más decenas de miles jubilados que contribuyentes no es un grave problema, pero sí, en cambio, que la temperatura del planeta se haya elevado un grado en un siglo (1,3 grados desde 1900). No son incompatibles.

No existe una “hecatombe climática”, y si un grave deterioro en el cambio climático. Entre 1900 y 1950 –periodo en el que emitimos solo el 11 por ciento del total de CO2 que hemos vertido por nuestra actividad industrial- la temperatura se elevó en 0.5 grados; entre 1950 y 2018 (86 por ciento de las emisiones históricas), ha subido en 0.8 grados. De cinco décimas en cinco décadas (1900-1950) a ocho décimas en siete décadas (1950-2019).

El IPCC pronosticó en 1990 que la Tierra se iba a calentar a razón de 0,3 grados por década. Sin embargo, el aumento en 1990-2019, según datos del UK MetOffice, ha sido de 0,1 grados por década: un tercio de lo que predecían los modelos.

En 1989 Noel Brown, director del Programa Ambiental de Naciones Unidas, dijo que “si para el año 2000 no revertíamos el calentamiento global, “naciones enteras serían borradas de la faz de la tierra por la subida del nivel del mar”. Nada de eso ha ocurrido.

En África, cada año, la exposición a la contaminación del aire en espacios interiores (CAI) mata a 4,3 millones de personas, más que la suma de muertes causadas por el VIH/SIDA, el paludismo y la tuberculosis. A lo largo y ancho de África, por ejemplo, más del 80 por ciento de las personas aún dependen de la biomasa como su principal fuente de energía. Si las tendencias actuales se mantienen, los africanos seguirán usando tales combustibles para cocinar en el año 2050. El segundo mayor impulsor del cambio climático después del CO2 es la cocción con combustibles sólidos, únicamente en el África subsahariana da cuenta de alrededor del 6 por ciento de las emisiones de carbono negro sobre el clima.

Una nueva iniciativa apunta a cambiar esto. El Fondo para soluciones de Cocina Limpia (CCF) del Banco Mundial, lanzado en la cumbre de acción climática de las Naciones Unidas en septiembre de 2019 en Nueva York, movilizará 500 millones de dólares para ayudar a garantizar el acceso universal a soluciones de cocina limpia hasta el año 2030.

Greta Thunberg, opina que en realidad la “crisis climática” se debe a “los sistemas coloniales, racistas y patriarcales de opresión”. He aquí manifestaciones de un marxismo caduco, el anticapitalismo y la demonización generalista de la libre empresa en el mundo libre. Greta, aún, no ha llegado a manifestarse ante las embajadas de China, o la India, países muy contaminantes cuyas emisiones están fuera de control verificable hace décadas. Le animamos a que lo haga, aún es joven.

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