Discurso del rector de la UMA en el acto académico del pasado 31 de enero de investidura de nuevos doctores - El Sol Digital
Discurso del rector de la UMA en el acto académico del pasado 31 de enero de investidura de nuevos doctoresToma de posesión de los nuevos doctores

Discurso del rector de la UMA en el acto académico del pasado 31 de enero de investidura de nuevos doctores

Esta tarde nos reunimos en este acto interno, intramuros, para reconocer a 372 hombres y mujeres que el curso pasado alcanzaron el máximo grado académico por la Universidad de Málaga. Los que esta tarde habéis recibido el birrete representáis a todos ellos, y recibís en su nombre el reconocimiento al esfuerzo y al trabajo para demostrar vuestra capacidad y vuestro mérito.

Esta ceremonia es muy importante para la Universidad porque reconocemos a quienes han alcanzado el grado de Doctor en nuestras aulas y en nuestros laboratorios y porque, además, hacemos visible nuestra capacidad para formar personas preparadas para mejorar y transformar nuestra sociedad a través del conocimiento, personas preparadas para hacer un mundo mejor trabajando para los demás.

Es el momento de expresar la satisfacción, la gratitud y la felicidad. A vosotros que habéis elegido esta universidad para formaros, que habéis trabajado con esfuerzo entendiendo que la formación es un arma de futuro, de vuestro mejor futuro, que será el nuestro. A vosotros que encarnáis nuestro mayor orgullo, los doctores por la Universidad de Málaga.

Pero también quiero felicitar, y reconocer, a vuestros tutores y directores de tesis, al mejor valor que tiene una universidad pública, los hombres y mujeres que trabajan con responsabilidad y con entrega para formar a los mejores, vengan de donde vengan, sin distingos de la condición social o económica y este es uno de los valores de la Universidad Pública.

Ellos han compartido con vosotros este tramo de vuestra vida académica, ellos os han enseñado a pensar con método y rigor, como científicos. A descubrir y a trabajar con vuestra intuición, a construir vuestro talento. Ellos siguen encarnando la figura insustituible del Maestro en el Libro de la Ciencia.

Recordadles siempre en cada uno de vuestros pasos. Su profesionalidad, su generosidad y su compromiso. Recordarlos como los discípulos de Séneca recordaban sus palabras: “Si me ofrecieran la sabiduría a condición de guardarla para mí sin ser transferida a nadie… no la aceptaría.”

Generosidad, responsabilidad y compromiso, los valores de las personas que conforman la Universidad. Lo que son capaces de dar y lo que han dado y nadie puede arrebatarnos, ni cuestionarnos. Lo que desde hace siglos venimos aportando a la sociedad, formación y conocimiento. Esta tarde representada en concreto en vosotros, los nuevos doctores que hoy reconocemos.

Y por supuesto quiero felicitar a vuestras familias y allegados, a los que hoy os acompañan, que con toda seguridad han sido un apoyo sólido y necesario en este periodo de vuestra formación. Hoy se pueden sentir orgullosos de vosotros, como se siente la Universidad. Ellos has sido testigos directos de lo que representa alcanzar el grado de Doctor.

Y de lo que eso implica, porque un doctorado no se improvisa, es el resultado de la investigación científica, de la búsqueda de la verdad y por eso precisamente, porque lo que buscamos es la verdad no puede haber investigación sin ética, sin valores. Y esto es también una seña de identidad de las personas que conforman la comunidad universitaria.

La ética y los valores son indicativos de la universidad pública, están en sus raíces y forman parte indisoluble de su cometido. Por eso, esta tarde permitidme que insista una vez más que para alcanzar el mérito y el reconocimiento universitario no pueden existir atajos.

El título de Doctor que habéis conseguido es el reconocimiento de vuestros méritos, es la certificación de vuestro conocimiento y de vuestra formación, es el resultado de vuestro trabajo.

Y esta tarde quiero, una vez más, reclamar la necesidad y la importancia de los valores sociales y éticos de los estudiantes, que hoy sois vosotros, los nuevos doctores, en los miembros de la comunidad universitaria y en la sociedad en general.

El engaño, el plagio o la falsedad inhabilitan la verdad y esto no es admisible en la Universidad Pública.

A quienes hoy cuestionan la utilidad de las universidades públicas, les invitaría a que os conocieran. A que conocieran vuestro trabajo y vuestro esfuerzo. Les invitaría a que vengan a nuestros laboratorios, a nuestros seminarios, a nuestras aulas y conozcan la realidad del trabajo de las personas que forman parte de la comunidad universitaria.

Ahí comprenderían que las universidades no son sólo meros centros de formación, sino lugares donde se investiga para crear conocimiento, donde se innova, donde se buscan y se perfeccionan nuevas soluciones, donde se interroga sobre el pasado para conocer el futuro, donde se explora cómo será el mundo que viene.

Formación e investigación son partes consustanciales e indisolubles del concepto de universidad. No se puede hablar de Universidad allí donde no existe una actividad investigadora contrastada.

La universidad pública nunca es el problema. Siempre será la solución. Apoyar la labor investigadora de las universidades tiene que ser una prioridad de cualquier persona con responsabilidades en la gestión pública. Los países más fuertes son los que más están invirtiendo en ciencia y conocimiento. Son aquellos que mejor reconocen y valoran el papel de sus universidades públicas.

Porque las sociedades, los grupos, los países, necesitan medios económicos, pero sobre todo talento. Necesitamos talento para avanzar, para crecer, para hacer sociedades mejores y más fuertes.

La fortuna juega siempre a favor del talento, de las mentes preparadas como las vuestras. Pero también a favor de los países que saben ver esto. Porque saben que, por encima de cualquier cambio, de cualquier contingencia, el valor de la universidad pública determinará el valor y la potencia de la sociedad en el futuro.

Yo confío en que vosotros seáis los protagonistas de ese futuro. No podemos seguir sufriendo una fuga de cerebros. Una cosa es que vuestro conocimiento, vuestras ideas, os proyecten hacia un mundo globalizado. Y otra bien distinta es que todo el esfuerzo humano y social de este país se disuelva en ese mundo globalizado.

Nos resistimos a resignarnos. Nos resistimos a pensar que somos poco más que un tronco inerme en el río de la historia sin posibilidad de intervenir en los acontecimientos que nos afectan.

Estamos para ser oídos. Para ver más allá. Con la verdad, con la ciencia y el conocimiento como única arma.

La sociedad, toda la sociedad, tiene que apostar por vosotros. Porque a todos nos va mucho en ello.

Entre tanto, seremos optimistas. Porque eso trae suerte.

Enhorabuena y un fuerte abrazo a todos.

 

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