¿Dónde me opero del corazón? Miguel Such. Cirujano cardiovascular - El Sol Digital
¿Dónde me opero del corazón? Miguel Such. Cirujano cardiovascularLa enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte

¿Dónde me opero del corazón? Miguel Such. Cirujano cardiovascular

LA ECONOMÍA Y LA SALUD

(“Mi vecina me ha dicho que estos son muy buenos”)

Aún recuerdo la primera operación de cirugía cardiaca de la que fui testigo directo: era el año 1972 en el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla (hoy Parlamento Andaluz). Yo estudiaba 4º de Medicina y había conseguido ser “Alumno Interno” de Cirugía, lo que me permitía participar, como tercero o cuarto ayudante, en las operaciones de corazón que se realizaban “con circulación extracorpórea”. Para ello se utilizaba una máquina, la llamada “bomba de extracorpórea”, que hace las funciones del corazón y del pulmón mientras estos órganos están parados para la operación. Aquella “bomba” estaba apoyada en cajones de madera (parece que eran de cerveza) y funcionaba con ayuda de cuerdas de persianas pasadas a través de cáncamos clavados al techo, para poder subir y bajar el mecanismo, que debería haber sido eléctrico, y permitir que la sangre entrara o saliera del paciente hacia la bomba.

La cirugía cardiaca nació a la luz pública en 1967, cuando el Dr. Barnard realizó el primer trasplante de corazón. En realidad, las primeras operaciones de corazón habían comenzado en España nueve años antes, poco después de su inicio en Estados Unidos. En aquella época, la alternativa a la cirugía era solo la muerte, por lo que los resultados no eran importantes: si iba bien, habías salvado tu vida. Operábamos a pacientes de 20 o 30 años, y todos ellos morían sin remedio antes de la aparición de la cirugía cardiaca, así que sólo podían ganar. Por ello, la escasez de medios no impidió un desarrollo imparable que hizo que algunos cirujanos españoles se colocaron entre los más importantes del mundo. Desde entonces, decenas de miles de pacientes han podido reparar sus lesiones cardiacas aumentando enormemente su longevidad, y lo que es más importante, su calidad de vida. El prestigio de la cirugía cardiaca ha sido, y es, motivo de orgullo para todos los que la practicamos. La cardiología se limitaba entonces a diagnosticar a los pacientes y aplicar los pocos medicamentos disponibles para compensar algo los problemas cardiacos.

Los “tiempos heroicos” dieron paso a inversiones en alta tecnología que nos han permitido incorporar a la cirugía todas las técnicas conocidas y desarrollar otras propias. La evolución de la cardiología ha sido aún más espectacular, añadiendo a su papel de “diagnosticar” el de sustituir muchas operaciones por procedimientos menos invasivos a través de catéteres, en un camino que sin duda cambiará aún más en el futuro la forma de tratar las cardiopatías, permitiendo corregir problemas en pacientes de alto riesgo que no podían ser operados, y sustituyendo en muchos casos la cirugía tradicional. Nuestro nivel tecnológico y la capacidad de innovación de las mejores Unidades del Corazón, ha sido evidente a través de las publicaciones españolas en revistas internacionales de alto impacto. El tratamiento en España de las enfermedades de corazón es reconocido como de los mejores del mundo. ¿Podemos generalizar el trabajo de estas “unidades de élite” al resto de los servicios de Andalucía o de España?

Nos dice el Instituto Nacional de Estadística que en el año 2015 se produjeron en España 422.568 defunciones, 26.738 personas más que el año anterior, lo que supone un aumento del 6,8 por ciento, que en Andalucía, con un 8,5 por ciento de incremento fue mucho mayor que la media española.

La mortalidad se afecta por múltiples factores, entre los que destaca la edad media de la población en cada momento: a mayor número de ancianos, mayor tasa de fallecimientos.

Lo que se repite año tras año es la primera causa de muerte: la enfermedad cardiovascular, con 267,6 fallecidos de cada 100.000 habitantes y un aumento del 5,8 por ciento respecto al año anterior. ¿Podrían evitarse muchos de estos fallecimientos con mayor inversión en prevención y tratamientos más eficaces? ¿Podemos disminuir “sin costo” la muerte cardiovascular?

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos para sacar cualquier conclusión es la ausencia de datos “oficiales” fiables. Existen diferentes registros de actividad en cirugía cardiaca, pero no están contrastados ni auditados. Los datos de mortalidad publicados (aunque no accesibles al público), por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, entre los distintos centros andaluces con cirugía cardiaca, muestran diferencias de mortalidad, en operaciones similares de corazón, que en algún caso multiplica por 4 el número de pacientes fallecidos entre el mejor servicio y el peor, lo que supone que las posibilidades de sobrevivir a una operación de corazón dependen de dónde vivas. Y los pacientes no lo saben. Los datos se han obtenidos por los servicios de documentación de los propios hospitales públicos.

Con el apoyo de la Administración Sanitaria, hemos avanzado mucho en los últimos años en la calidad del “consentimiento informado” para la cirugía. Pero ¿“informamos” de verdad si sabemos (y ocultamos) que nuestros resultados son peores (o mejores) que en otros hospitales?

Los datos que recoge la Consejería de Salud forman parte de un índice internacional obligatorio. En el año 2015 ha dejado de publicarse (aunque sigue elaborándose y hemos conseguido acceder a ellos). ¿Debería ser público para que todos pudiéramos verlos en Internet? Cualquiera puede desde su casa comprobar la mortalidad de hospitales y cirujanos del Sistema Público de Salud Británico (NHS). ¿Por qué aquí no, si tenemos los datos?

Tampoco es fácil conocer los resultados en los procedimientos realizados con catéter, ya que los registros que existen también son “voluntarios” y ningún organismo comprueba su veracidad.

Aún es más difícil saber qué pasa con los pacientes después del alta hospitalaria: no sabemos cuántos años vive después de la cirugía ni con qué calidad de vida. ¿Por qué el acceso a los escasos datos “oficiales” no está al alcance de los ciudadanos? ¿Son realmente fiables? En nuestro servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Virgen de la Victoria, hemos comparado los resultados obtenidos por el Servicio de Documentación Clínica con nuestra “base de datos” (que sí está auditada), y los datos coinciden año tras año. Pero en otros servicios hay discrepancias muy importantes con los datos que tienen los propios médicos.

Algunos estudios internacionales muestran que “el precio de evitar la cirugía cardiaca” en algunos pacientes (utilizando procedimientos con catéter), es el aumentar su mortalidad a largo plazo, lo que significa disminuir sus años de vida; pero no tenemos los medios para registrar la evolución en el tiempo de nuestros pacientes intervenidos y permitirnos modificar los tratamientos.  Los resultados adversos de “la cirugía con catéter” podrían disminuir aún más en los próximos años, pero los criterios con los que se decide qué hacer con cada paciente, son tan diferentes entre los hospitales que resulta casi imposible conocer datos reales.

Los estudios internacionales han demostrado que el aumento del número de operaciones en un servicio disminuye la mortalidad de la cirugía cardiaca (un fallecido menos por cada 60 pacientes más que se operan). Así que concentrar la actividad en pocos centros es indispensable si pensamos en la supervivencia del mayor número de pacientes.

Hacer públicos los resultados “reales” de cada hospital, ha demostrado disminuir la mortalidad de los pacientes en hasta un 20 por ciento en un año, por lo que no es comprensible la ausencia de cifras públicas “oficiales y auditadas”. Los medios están en los propios hospitales. Y son medidas “sin costos” que permitirían una mejora continua de la mortalidad cardiovascular en Andalucía.

Nuestros pacientes ya no sólo piden una “medicina gratuita”, sino “la mejor medicina” que podamos proporcionarles. Y la “sociedad de la información” en la que nos encontramos, no debería permitir que la principal referencia sobre resultados de cada servicio siga siendo el “a mi me fue muy bien” o “me han dicho que son muy buenos”. Tenemos que perder el miedo a conocer la realidad, única vía para mejorarla.

La conclusión es que “SÍ” tenemos la forma de reducir la mortalidad cardiovascular en Andalucía sin gastar dinero, se llama información y transparencia.

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