Editorial - ¡Alerta anticomunista! - El Sol Digital
Editorial – ¡Alerta anticomunista!

Editorial – ¡Alerta anticomunista!

¡Alerta antifascista! fue el grito ante los medios de comunicación y la sociedad en general de Pablo Iglesias, el autócrata de Podemos, el primer domingo de diciembre de 2018 cuando Vox irrumpió con fuerza en las elecciones andaluzas. Ya se sabe que, cuando los resultados electorales no gustan, porque me he dado un batacazo, pues hay que desviar la atención sobre un inventado enemigo común para no reconocer que he perdido y las razones del descalabro.

Pues bien, ahora, siguiendo la práctica de Iglesias, había que levantar la voz y decir ¡Alerta anticomunista! ante la llegada de éste al Gobierno de la nación. Porque la naturaleza de Podemos es comunista, de eso no cabe duda, por mucho que empezaran disfrazándose de indignados y después de lo que conviniera. Y el comunismo, no vamos a descubrirlo a estas alturas, es una excrecencia de la historia que ha causado más de 100 millones de muertos -conviene releer El libro negro del comunismo, obra de varios catedráticos franceses- y un sufrimiento inigualable en la historia de la Humanidad. Bien es cierto que el comunismo de Podemos es más hispanoamericano, bolivariano, donde sitúa sus orígenes, financiadores y mentores, como ahora nuevamente se destapa tras los descubrimientos de las nuevas autoridades de Bolivia.

Una de las señas de identidad de los comunistas es que al gobierno que llegan procuran no irse hasta el límite de sus fuerzas, y cuando pueden amañan elecciones o pervierten las leyes para su continuidad, que ellos consideran como una necesidad histórica y lo más normal del mundo. Son okupas.

Mucho cuidado debe tener Sánchez -primero todos los españoles, claro- con estos socios de gobierno, porque históricamente el PSOE ha sido víctima de los comunistas, como en la II República española. Quien no tiene escrúpulos en la conquista del poder juega con ventaja contra quienes hacen algunos remilgos a oponerles una feroz oposición.

En parecida tesitura se encuentra Pablo Casado al frente del PP, presionado –Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Alonso son buen prueba- para que no radicalice su discurso, como si una situación excepcional como la que vive España, con el golpismo catalán rampante y un gobierno socialcomunista en la Moncloa, no fueran circunstancias extremas que requieran de una política a la altura de la amenaza. Ya el debate de investidura de Sánchez le significó a Casado alguna crítica por la “bronca”, pese a que en absoluto cometió ningún exceso. Y el domingo pasado, el PP no secundó el llamamiento de Vox de concentraciones frente a los Ayuntamientos en los principales municipios de España, no fuera a ser que se le asociara con la presión en la calle. Pues claro que hay que presionar en la calle, ¿o se la va a dejar solo a la izquierda como si le perteneciera? La teoría del presidente del PP es que éste “no va a llevar el Parlamento a la calle, sino la voz de la calle al Parlamento”. Se equivoca y mucho. En la calle también se hace política y es un arma de presión tan legítima como los medios de comunicación, la presión sindical y el largo etcétera de recursos democráticos que los partidos y los ciudadanos disponen; si  estos instrumentos los deja en exclusiva a la izquierda y extrema izquierda perderá más fuerza todavía fuerza el PP frente a los ataques que, desde siempre, recibe. El recurso a los tribunales no bastará y, además, no es incompatible con otros.

Han llegado tiempos recios que requieren de líderes sin complejos, dispuestos con su proceder a la defensa de la Constitución y las libertades con la contundencia que sea necesaria, acobardarse y refugiarse en un rincón como un niño pequeño frente a sus temores no hace desaparecer el peligro, todo lo contrario, lo agranda.

 

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