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Editorial – El “dedazo” que no cesaPablo Montesinos

Editorial – El “dedazo” que no cesa

La elección del periodista Pablo Montesinos -nacido en Almería pero vinculado a Málaga por su familia y ejerciente en Madrid- como cabeza de lista al Congreso de los Diputados por el PP en Málaga, no solo ha causado la natural sorpresa sino también el no menos natural malestar. Una persona, gran profesional, del que no se tenía constancia alguna de su afiliación al PP, caso de que la tenga y no se trate de un independiente al uso, que aparece de pronto en el escenario político por el “dedazo” del presidente nacional del partido, Pablo Casado, no puede ni debe ser recibida sin ninguna crítica, aunque la dirección provincial del partido, y Bendodo a la cabeza, la haya celebrado pese al sentimiento de ninguneo que asumen.

No es un secreto que en los partidos políticos, las direcciones nacionales se imponen ante cualquier consideración de democracia interna. En el PP, más allá de las figuras de los compromisarios y el remedo último de primarias no se ha conocido nunca la elección libre de sus representantes políticos por todos los afiliados -un afiliado, un voto-.

En Ciudadanos, ya se ha visto lo que significan las primarias, la posibilidad de que haya “pucherazos” pero también de que se denuncie, se corrija y resulte elegido quien corresponda, pese a la dirección nacional, que apostó por quién no debía, una tránsfuga de última hora del PP, que no quería bajo ningún concepto apearse del disfrute del poder.

PSOE es el partido que ha practicado primarias desde hace mucho y con resultados muy desiguales pero, en cualquier caso, no siempre favorables a la dirección, lo que es signo de salud democrática; ahora, Pedro Sánchez ha impuesto a sus hombres y mujeres en las listas de candidatos al Congreso y al Senado en Andalucía, después de la pérdida de fuerza de Susana Diaz en la Comunidad tras su derrota en las autonómicas. Otro “dedazo”.

De Podemos, ya sabemos cómo se las gasta el estalinismo con sus disidentes, sean Bescansa, Errejón o sus confluencias, la democracia, más allá de su representación propagandística, les resulta desconocida y “burguesa”, como a todos los comunistas en general.

Para el fortalecimiento de la democracia española, bueno sería que se reforzase por ley, más allá del mandato constitucional, que los partidos han de ser democráticos, y que puedan llevarse a los tribunales, con garantías de prosperar, las demandas que se refieran a la vulneración del derecho de los afiliados a elegir democráticamente a sus dirigentes orgánicos y a sus representantes políticos en cualesquiera instituciones.

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