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Editorial – El general sí tiene quien le escriba

Editorial – El general sí tiene quien le escriba

Cuesta mucho trabajo no manifestar indignación ante las palabras del general segundo jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago. Cuesta trabajo porque cuando se valora tanto y se quiere un Cuerpo como el de la Guardia Civil, que tan impagables sacrificios y servicios ha prestado y sigue prestando a todos los españoles, esas palabas no pueden más que producir dolor, y dolor por el daño que le pueden hacer a la propia Guardia Civil.

A nadie que esté en el ruedo político y que sepa mínimamente qué es el poder, y qué es el poder en manos de un Gobierno extremista -que pacta con los golpistas catalanes o recibe los votos en el Congreso de los filoetarras de Bildu, y que tiene comunistas en el Consejo de Ministros-, le puede sorprender que utilice todos los recursos del Estado que pueda y los ponga a su servicio. Y esto puede ser lo que está pasando. Que el Ministerio del Interior haya dado una orden y como disciplinados que son los hombres y mujeres de la Guardia Civil la hayan cumplido sin rechistar. El Estado al servicio del Gobierno, de eso se trata, y nuestras libertades y derechos por medio, y si se molestan pues… ya saben.

Aunque el ministro Grande-Marlska disculpara al general, “fue un lapsus”, dijo, posiblemente no se trate de un error, o quizá sí, de un error en otro sentido, el de revelar algo que no se puede decir, aunque sea una realidad, y cuesta trabajo entender cómo un gran profesional ha podido cometer ese error, o el que le escribe las notas que tiene delante.

Y ¿qué dijo el general? Textualmente esto: “Decirle que estamos trabajando con nuestros especialistas en dos direcciones: a través de la Jefatura de Información, con el objetivo de evitar el estrés social que producen toda esta serie de bulos, y la otra es minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno. Todos estos bulos los tratamos después de desmentir a través de nuestras redes sociales”.

Una cosa está clara. La Guardia Civil no debe estar “para minimizar ese clima contrario a la gestión de la crisis”, porque ese clima contrario es legítimo y fruto de nuestras libertades y derechos.

No trasladarle al general las preguntas de los periodistas, en la rueda de prensa siguiente a la polémica, tampoco fue un error. El secretario de Estado de Comunicación, respetuoso él con la libertad de expresión, tachó esas preguntas, ¿cómo se llama eso?

Que el general no rectificase, ni el Gobierno matizase sus palabras preocupa, y preocupa mucho. Por cierto, que no hemos conocido la voz de la flamante directora general de la Guardia Civil, María Gámez. ¿No tiene nada que decir de las palabras de quién está a sus órdenes?

Después hemos sabido que un correo electrónico del 15 de abril del Estado Mayor de la Guardia Civil a todas las comandancias pide identificar las fake news -menudo chollo tiene el Gobierno con las fake, le sirven para todo- contra el Gobierno que “pudieran provocar estrés social y desafección a instituciones del Gobierno”. Pues claro que las críticas de la sociedad deben provocar desafección a instituciones del Gobierno, igual que los reconocimientos satisfacción en éstas, es lo normal.

Y preguntamos, ¿este trabajo también lo hace la Guardia Civil con otros asuntos?, ¿con los desafectos a la negociación con los golpistas catalanes, por ejemplo?, ¿y la Policía Nacional y el CNI qué hacen al respecto si es que hacen algo?, ¿qué será lo que no sabemos en este ámbito del trabajo silencioso de los servidores públicos y que siempre suponemos que está orientado al bien común?, ¿se trata solo de la punta del iceberg? Todas las preguntas que nos podamos hacer son legítimas desde aquella rueda de prensa, e inquietantes.

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