Editorial ESD115 – Los españoles contra el golpe de Estado en Cataluña

Editorial ESD115 – Los españoles contra el golpe de Estado en Cataluña

Los separatistas catalanes perpetraron la pasada semana en el Parlamento su último atentado a la democracia española, saltándose la Constitución y dejando expedita la vía al referéndum secesionista. Llegados a este punto hay que perder cualquier complejo en la actuación contra estos presuntos delincuentes, algunos ya condenados por la pantomima del 9N de 2014. Si la ciudadanía española no recibe un mensaje claro de que el Estado se vuelca en la defensa de la ley, ¿qué puede esperar de su Gobierno y de la clase política en general que administra los asuntos públicos?

El actual estado de cosas en Cataluña es producto de una larga lista de desaciertos que comienzan, y hay que decirlo, desde el mismo momento del Estado de las autonomías, aprovechado por los nacionalistas, después reconvertidos en separatistas, para avanzar en un camino inequívoco que ahora ven algunos en su ensueño como el final. En este propósito, que Cataluña tenga las competencias en Educación significa ni más ni menos dos cosas: que se ha “educado” a los niños y jóvenes que viven en Cataluña en el odio contra España y que se ha privado de la enseñanza en español, un derecho fundamental, a millones de estudiantes.

Así las cosas, y al no tratarse este cáncer más que con aspirinas, llega la hora de entrar en quirófano y creemos que el Gobierno necesita de todo el respaldo posible de los españoles, al que deben sumarse todas las fuerzas políticas, empresariales, sindicales, culturales y de todo orden para las que la palabra España signifique algo más en nuestras vidas.

La hora presente, junto al intento fallido de golpe de Estado de Tejero en 1981, es con toda seguridad la más trascendente que vive España, bueno es decirlo porque este nuevo golpe de Estado debe encontrar toda una nación dispuesta a pararlo en seco. Salvo que tiremos la toalla en este mismo momento, tras el 1-O hay que ponerse manos a la obra en una distinta configuración autonómica para no alimentar más la serpiente secesionista; las competencias en Educación, entre otras, deben ser asumidas por el Estado para garantizar que los españoles catalanes se educan como los de Málaga o Vigo. Lo que no debería hacerse, bajo ningún concepto, es morder la manzana que ya ha sido tendida en la mano de Pedro Sánchez de una reforma de la Constitución y del Estado para calmar a los separatistas ofreciéndoles más poder. Sería el fin. Un fin imperdonable.

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