Editorial - ¿Mascarilla o bozal? - El Sol Digital
Editorial – ¿Mascarilla o bozal?

Editorial – ¿Mascarilla o bozal?

En homenaje póstumo a Marco Mundstock, miembro de Les Luthiers fallecido hace solo unos días, podríamos decir que el Gobierno que preside Pedro Sánchez piensa que toda cuestión tiene dos puntos de vista, el equivocado y el suyo. Así, sea cual sea la crítica que reciba, el Ejecutivo no tiene culpa alguna, serán las fake news, el PP, el espantajo de la ultraderecha… cualquiera menos él y los suyos.

El Gobierno ha dejado al pie de los caballos al general de la Guardia Civil Santiago, que reveló que se investigaba a quienes se oponían a la gestión gubernamental de la crisis. Lo ha disculpado, ha dicho que fue “un lapsus” y a otra cosa, sin que la oposición reclame una comisión de investigación, aunque están en juego nuestros derechos y libertades constitucionales. Pero este episodio es uno más en el rosario de despropósitos. Semanas antes diseñaba las ruedas de prensa del presidente a su medida, seleccionando las preguntas que más le convenían; quiso sustraerse a las sesiones de control del Congreso hasta que el PP le obligó a celebrarlas; sondeó la posibilidad de internar contra su voluntad a los enfermos asintomáticos; exploró las posibilidades de control social con aplicaciones móviles; ha influido para suprimir reenvíos a más de cinco destinatarios por whatsapp; reparte dinero público a Atresmedia y Telecinco para blindarse informativamente, además de mantener en su puesto de control gubernamental a Rosa María Mateo en RTVE¿Estos eran los que hablaban de ley mordaza cuando Rajoy y Jorge Fernández Díaz? Vamos… La tentación totalitaria ya es manifiesta, prefiere los bozales a las mascarillas. De hecho, con los prorrogados estados de alarma, no ha habido en la historia democrática de España una persona que haya acumulado más poder que Pedro Sánchez, y eso que no tiene mayoría absoluta, piensen qué pasaría si la tuviera. Eso sí, cuenta con los comunistas de Podemos en el Consejo de Ministros, y en su investidura con los golpistas catalanes y los filoterroristas de ETA. Las mejores compañías.

Esta crisis del Covid-19 es seguro que sería menos crisis, homologándose a la de otros países europeos menos Bélgica, de no contar con este Gobierno y sí con uno más preparado y eficiente. Cuando los bomberos tienen que tirar las puertas de algunas casas porque la gente se muere más y también sola porque estamos confinados hay que replantearse muchas cosas. Y es que con el 0,8 por ciento de la población mundial, España tiene el 29,8 por ciento de los muertos por coronavirus. Es para preocuparnos por nuestro futuro como país.

Lo que quiere Sánchez con su pacto de reconstrucción nacional son adhesiones norcoreanas, y a estas alturas de sus hazañas parece aconsejable no creerle lo más mínimo. Cabe decir aquello de que si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos veces, la culpa es mía; pero si me engañas tres veces, la culpa es del PP. Y es que a veces Casado trata a Sánchez como si estuviera en un parque Disney y fuera un compañero de juegos, no valora en toda su magnitud a quien tiene enfrente.

La verdad es amarga, pero no por esta razón un buen puñado de medios de comunicación se alejan de ella sino porque buscan el arreglo económico con el Gobierno, cumpliendo así  el vergonzoso rol de palmeros del Ejecutivo, en la creencia de que si dices cien mentiras al día suenan ciertas.

Este es el Gobierno, conviene recordarlo, que dio a luz aquello de que “España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado”, refiriéndose al Covid-19, el 31 de enero, al día siguiente de que la OMS valorara al coronavirus como una “emergencia de salud pública de preocupación internacional”.

Si las medidas higiénicas de lavarse las manos y guardar la distancia social con nuestros conciudadanos son importantes, no lo es menos, también por higiene política, retener en la memoria la verdadera naturaleza de quienes nos gobiernan.

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