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Editorial – Un Papa discutido

Editorial – Un Papa discutido

Está muy extendida la idea de que el Papa Francisco no es que meta ocasionalmente la pata en algunas declaraciones, en las que tanto se prodiga, es que no hace otra cosa. Un día fue aquello de que “si se meten con mi mamá” -tras el atentado terrorista en Charlie Hebdo– “pues yo le pego un puñetazo” (e hizo el gesto), y no sabe lo que se lo agradecieron los yihadistas. En otro momento, defiende vehementemente a un obispo de Chile, Juan Barros, frente a las fundadas acusaciones de proteger a curas pederastas, como el sacerdote Fernando Karadima, y afirma que no hay pruebas, aunque meses después todo el cuerpo episcopal de la nación andina le dimite ante la magnitud de las evidencias, de este caso y de otros. Ya en enero de 2018 fue abucheado por el pueblo en Santiago, la capital chilena, dada su indiferencia ante la gravedad del escándalo nacional de la pederastia. Pero hay que citar también su defensa de Lutero, al que llama “testigo del Evangelio” -si lo escuchara San Ignacio de Loyola…-, sus tesis doctrinales acerca de los divorciados… Eso sí, también tiene tiempo para acudir a su amigo, el director del periódico italiano La República, Mario Calabresi, un jueves Santo y declarar que el infierno no existe y que las almas de los condenados se disuelven, negando así explícitamente la inmortalidad del alma. Se recuerda también su visita al campo de refugiados de Lesbos (Grecia), desde donde se hizo acompañar a Italia por varias familias musulmanas y ninguna católica de las muchas que allí estaban recluidas.

Ha intentado modificar el fundamento de la moral de la Iglesia, promoviendo la moral de situación de Bernard Haring frente a la tradicional, como la de Santo Tomás. Sus exabruptos se recuerdan, “me da igual la religión en la que se eduque un niño, lo importante es que le den de comer”, o aquello de que la fe es incompatible con la certeza, y tantas otras ocurrencias que, en el mejor de los casos, solo se explicarían por su ignorancia teológica; entre las últimas manifestaciones, hace solo unos días y desde Marruecos, escuchamos que vendría a España “cuando haya paz”. Francisco, ¿estamos en guerra?

Estos y otros muchos hechos y palabras siguen provocando un grave escándalo en el seno de la Iglesia católica, que se debate entre los creyentes de buena fe que consideran al Papa más allá de toda sospecha por muy evidentes que sean su falta de prudencia y sus muchos errores y aquellos que se han decidido a dar el paso de mirar de frente y sin miedo a Francisco. Porque la Iglesia duele a quienes la llevan en el corazón y duele también este Papa por el que millones de católicos rezan para que sea el vicario de Cristo en la Tierra.

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