El cambio climático actual y la Pequeña Edad de Hielo del siglo XVII (I)

El cambio climático actual y la Pequeña Edad de Hielo del siglo XVII (I)

Alejandro González Herrera

Ya han pasado los lustros suficientes para verificar si alguna de las previsiones que hicieron algunos científicos climáticos se han cumplido o no. Una de las más alarmistas y que parecía irrefutable señalaba que el deshielo de los polos era irreversible y por ende muchas ciudades costeras sufrirían las consecuencias por la subida del nivel del mar. El científico que osara decir lo contrario era condenado al ostracismo. Pues bien, ha pasado el tiempo y los teóricos reunidos en la Cumbre del Clima celebrada en París (2015) han tenido que reconocer como dato objetivo que no sólo no han subido las temperaturas en esas latitudes sino que tanto en la Antártida, el Atlántico Norte y Groenlandia han bajado un grado y han padeciendo “una anomalía de frío persistente”.

Resulta sorprendente que una de las acepciones de la palabra cambio de la RAE lleve el subtítulo de climático y diga lo siguiente: “cambio previsible en el clima terrestre provocado por la acción humana que da lugar al efecto invernadero y al calentamiento global”. Esta definición me lleva a la conclusión que hasta las instituciones más serias y academicistas se están contagiando de lo llamado políticamente correcto. En puridad, la definición de la RAE es una verdad a medias. ¿Por qué? Ni la acción humana es la única responsable, ni el calentamiento global es uniforme en nuestro planeta. Por otro lado, se deja de lado una obviedad que pocos científicos quieren resaltar. El cambio climático es consustancial al planeta Tierra desde la noche de los tiempos.

Ha habido glaciaciones y también épocas cálidas (por ejemplo, el denominado “Pequeño Óptimo Climático o Periodo Cálido Medieval” que fue desde el año 900 al 1300) y tanto la historia como la geología se empeñan en demostrar que el ser humano tuvo poco que ver en esas variaciones climáticas extremas. La verdad es muy tozuda y estas dos disciplinas empequeñecen al ser humano hasta lo que es: un grano de arena ignoto en un arcano universo, pero con la suficiente inteligencia de creerse que para todo existe una respuesta válida, en la cual el hombre es el centro de todas las cosas y supremo hacedor tanto por acción como por omisión, y eso no es así. La soberbia humana no tiene límites y parece pecado mortal que determinados científicos no reconozcan sus dudas y faltas de certezas en determinadas cuestiones, y una de ellas es por qué se producen determinados cambios climáticos. En lugar de eso, han creado una pseudoreligión, cuyos silogismos pocos se atreven a refutar al estar basados en obviedades y medias verdades. Estos teóricos de lo políticamente correcto parecen no conocer el viejo aforismo tan aplicado en la ciencia que establece que el necio afirma o niega rotundamente y el sabio duda.
No somos pocos los que no creemos en el concepto de cambio climático tal y como nos lo han vendido, es decir como inmenso negocio, mucho más pendiente de satisfacer la especulación de lobbys empresariales del sector que a solucionar verdaderamente problemas básicos de contaminación y reforestación. Para que nos hagamos una idea del poder económico e intereses creados que envuelve todo lo relacionado con el cambio climático puede comprobarse que después del Acuerdo de París se produjo una subida espectacular de las empresas del sector en la Bolsa de Nueva York y se esperan unas inversiones de 100.000 millones anuales. ¿Para qué? Para seguir manteniendo la misma farsa de que el clima cambia, cosa que ya sabía, por la mera observación, un campesino manchego del siglo XV. Con el río de dinero que se está destinando para éste tema a multinacionales del primer mundo, toda África tendría agua en el espacio de 5 años.

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