El Centro centrípeto - Antonio Porras Cabrera, vicepresidente de la Asociación de Profesores Jubilados de la Universidad de Málaga (ASPROJUMA) - El Sol Digital

El Centro centrípeto – Antonio Porras Cabrera, vicepresidente de la Asociación de Profesores Jubilados de la Universidad de Málaga (ASPROJUMA)

No me negarán ustedes que, en estas fechas, el centro de la ciudad de Málaga ejerce una fuerza centrípeta sobre el resto de la ciudad. En este sentido cabe pensar y elucubrar muchas cuestiones referentes a este fenómeno, que no está exento de voluntad política y de gestión del conjunto urbano. Los economistas aluden al coste de oportunidad como una forma de valorar la inversión en función de la elección del objetivo de la misma, es decir, de estimar lo que se deja de hacer con ese dinero y ver si es de mayor o menor importancia que lo que se hace; lo que llevaría a un balance entre el valor de lo que se ha hecho y aquello que se dejó de hacer y se podía haber ejecutado con esa inversión. Dado que yo no soy economista, aunque mi profesión en el ramo de la gestión me haya llevado a estudiar y formarme en algunos aspectos de esta temática, posiblemente, puedan corregirme el concepto los expertos en el tema; pero sí aprovecho para reflexionar sobre cuáles son los criterios de inversión que una empresa, u organización, pueda tener a la hora de elegir o priorizar sus inversiones según su conveniencia. En este caso, la complejidad del asunto es notable, ya que son muchos los intereses que se entrecruzan a la hora de tomar las decisiones en lo referente a los aspectos políticos, económicos y sociales. Al final, se optó por una inversión de primera magnitud en un alumbrado espectacular de la calle Larios, que atrae a una considerable cantidad de gente, tanto de la ciudad como de fuera de ella. Ello tiene relevantes consecuencias positivas, como el reclamo turístico, la oferta del espectáculo a la ciudadanía, una mayor trascendencia de la ciudad hacia fuera con un reconocimiento a nivel nacional e internacional en función de la propaganda que se desprenda del hecho, etc. Los mismos malagueños, y yo entre ellos, publicamos vía internet videos del espectáculo audiovisual que se ofrece, dando a la ciudad una importante publicidad entre amigos y conocidos de todo el mundo, con esas tres visiones en las que se conjuga la luz y la música (sobre fondo musical de ‘Show must go on’ de Queen, ‘La última Navidad’, de Cascada y ‘O fortuna’, de Carmina Burana) con un excelente, fastuoso y gran resultado que deja al observador con la boca abierta. El flujo de gente, como es lógico, lleva a mayor movimiento económico en esa zona, por lo que los comercios se benefician de ello y aumentan sus ingresos. Las terrazas de los bares adyacentes se llenan, las tiendas venden y todo el centro tiene la posibilidad de aprovecharse. Es esa fuerza centrípeta, la atracción de esa luz, de ese divertimento espectacular, lo que provoca el flujo de gente y dinero según su poder adquisitivo y sus ganas de holganza y ocio. Pero es en calle Larios y en la plaza de la Constitución, con su otro espectáculo de luz y sonido proyectado en la fachada de la clínica Martí y Torres, donde se concentra la oferta mayor y más sobresaliente. El resto de las calles circundantes tienen alumbrado navideño, pero tras el resplandor del principal queda ninguneado, tristón y mustio. Eso sí, aun teniendo un alumbrado de menor calidad, la gente las busca para su refrigerio, tapeo o cena, evitando la fotoestimulación extrema de la calle Larios (no sé si se habrá dado algún caso de crisis comicial – epiléptica – por esa fotoestimulación). Pero este flujo de personal y dinero hacia el centro, atraído por esa fuerza centrípeta espectacular, va en detrimento de los barrios, donde el alumbrado navideño es prácticamente nulo, no hay elementos atrayentes en ellos, y sus bares y comercios sufren las consecuencias, pues el que va al centro y consume allí no lo hace en su barrio. Eso lo veo en el mío y lo comento con los afectados que se quejan de la movida del casco antiguo y de la falta de gente en su zona. ¿Cuál es el reclamo? Pues las luces y alumbrado del centro que ha instalado el ayuntamiento junto a la mayor oferta de establecimiento de ocio y comercio que a su amparo crecen. Es aquí donde caben otras consideraciones.

  1. ¿Se podrían promocionar actividades y ornamentación navideña en los barrios, con el apoyo del ayuntamiento y los habitantes de los mismos, para darles vida a esas zonas y sus comercios y acercar el espíritu festivo a la gente?
  2. ¿Es justo que se hagan inversiones tan costosas de las que se beneficien comercialmente en el centro en detrimento de los barrios?
  3. ¿Hacen aportaciones, a esa inversión, en mayor medida los comercios que se benefician de ello, recayendo en estos un importante monto de ese coste?
  4. ¿Es el centro la parte mimada de la Alcaldía por otorgarle mayor importancia y considerarla la cara bonita de Málaga a presentar al turista? 5. ¿Existe algún cariz de clasismo o de otro tipo en esas decisiones? Jugamos, pues, con el coste de oportunidad y los criterios políticos que tengan aquellos que han de tomar las decisiones sobre el asunto. Yo pido equidad solidaria, no llenemos la mesa del señor para dejar las migajas en la del sirviente. Tal vez sería bueno implicar más a la gente de los barrios en su ornamentación y participación festiva de la mano de un ayuntamiento al que se le vea el interés por la periferia. De todas formas, es innegable que el espectáculo de luz y sonido de calle Larios es espléndido, lo que justifica ese efecto centrípeto al que me refiero.

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