El Cultural - 7 de julio - El Sol Digital
El Cultural – 7 de julio

El Cultural – 7 de julio

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “7 de Julio”: el cuarto libro de la segunda serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

7 de Julio

 

Salvador Monsalud protege ahora al señor Gil de la Cuadra y a su hija Solita, pero ésta oculta a aquel que el beneficio viene de Salvador, al que el padre odia a muerte. Ha pasado un año y Salvador ha logrado que un absolutista amigo suyo y maestro de escuela, Naranjo, enemigo de Patricio Sarmiento, meta en su casa a don Urbano Gil de la Cuadra, que ha sido perdonado por influencia de Monsalud. Solita visita con frecuencia a Salvador, que sigue de secretario del duque del Parque, personaje que aparece con más claridad. Fue un buen general de la guerra pasada, pero ahora es diputado liberal y no brilla por su oratoria, aunque le escribe Monsalud los discursos. Solita está enamorada de Salvador y éste parece inclinarse por la muchacha, pero no pasan de llamarse hermanos, pues Salvador sabe que existe el primo Anatolio Gordón, con el que Solita está prometida. Éste no aparece, aunque al final lo hace con gran contento de Gil de la Cuadra, que ve en ello la salvación de su hija, ya que Anatolio tiene un buen pasar. Cuando llega, quiere fijar pronto la boda y Solita consulta con Salvador, que le dice que debe casarse, aunque ella no tiene muchas ganas. El muchacho está alistado en la Guardia Real, que es la que protege a Fernando, al que llaman Tigrekán los liberales, y está compuesta de miembros en general absolutistas y a los que el rey maneja. Por otro lado está la Milicia Nacional, compuesta de gente del pueblo y algunos liberales de más fuste. Los males del gobierno, presidido por Martínez de la Rosa, al que llaman Rosita la Pastelera por sus frecuentes pasteleos y concesiones a unos y otros, así como los enfrentamientos de las diferentes facciones liberales, siguen agravándose, y ya estamos en 1822. Los Comuneros continúan actuando y El Zurriago, periódico más que liberal extremado en todo, ataca con saña a unos y otros de forma acerada. En la Milicia se encuentran elementos conocidos nuestros, como Sarmiento y también los Cordero, que ahora introduce el autor y luego veremos muy a menudo, don Primitivo y su tío don Benigno, el primero más exaltado y el segundo más ponderado y ecuánime, y amigos ambos de Salvador. La Guardia y la Milicia se enfrentan a menudo en escaramuzas, pero instigada la Guardia por el propio rey y su camarilla tiene un encuentro serio en las calles de Madrid contra la Milicia, que la pone en fuga el siete de julio de 1822. Matan a algunos y detienen a otros, siendo incluso delatados sus escondites por el propio rey, dando éste una vez más muestras de su cobardía. Y el caso es que, incluso las gentes del pueblo, le creen dominado por la camarilla y que está como “seducido”, y así le denominan. Ha habido una conspiración para sublevar a la Guardia en casa de Naranjo y, aunque Gil de la Cuadra se ha enterado, no ha participado. Descubierta ésta, Naranjo huye, pues sabe que van a ir a prenderle a él y a de la Cuadra, y Solita le da todo el dinero que tiene. Anatolio está luchando en la Guardia y Solita busca a Salvador, que lucha en la Milicia, y así se encuentra en plena refriega. Al final lo encuentra, y Gil de la Cuadra muere antes de que vayan a prenderle, lo que intenta el propio Sarmiento cuando ya está muerto Gil, con el desprecio de Salvador. Éste ha hecho el papel de Anatolio para que el hombre muera en paz. Al final el padre ha explicado a Solita por qué odia a Salvador y Solita perdona a éste los amores con su madre. Salvador busca y encuentra a Anatolio, que sólo ha sido herido ligeramente. Un tiempo después, aparece y duda de Solita, pues ha sabido por Lucas, el hijo de Primitivo Cordero, la ayuda de Salvador, a espaldas de don Urbano, pero no la cree inocente, por lo que deshacen su previsto matrimonio. Salvador se mantiene en duda sobre si se va a ir o no, y sospechamos que es con la mujer de la conspiración. Pide a su madre y a Solita que le impidan la marcha, y, cuando parece decidido a quedarse, por la noche y sin decir nada a nadie, se marcha con la mujer que le viene a buscar en un carruaje. Solita se desmaya de dolor.

Es este un episodio, como el anterior, más que nada novelesco, pero los sucesos y los hechos cotidianos de tipo histórico están entremezclados y sólo se relatan con detalle los enfrentamientos callejeros de la Guardia y la Milicia. Los enredos del rey y los enjuagues del gobierno de Martínez de la Rosa, que era incapaz de lograr pacificar la guerra civil larvada que ya existía, los narra también Galdós con algún detalle, pero se centra más en la actuación de personajes de ficción, mezclados con algunos históricos, y así logra dar una idea del clima que imperaba en la España de la época, y sobre todo en la Villa y Corte, en cuya ciudad se desarrollan los hechos. Los nuevos personajes que introduce el autor, como Naranjo y los Cordero, son tipos muy definidos, y que luego, como pasa con los segundos, irán apareciendo en otras obras del autor. El duque del Parque, al que se había ya aludido en otros episodios, aquí se dibuja muy bien con ocasión de su ensayo de discurso escrito por Monsalud y en compañía de éste, y luego en las Cortes cuando ha de pronunciarlo con su mala oratoria. Aparece una dama que conspira y que es un enigma de quién se trata, enigma que no se desvela en toda la obra, quedando para más adelante. El amor de Solita por Salvador está claro y no tanto el de éste por aquella, aunque parece muy inclinado a proteger a la muchacha, si bien puede ser también por remordimiento de su conciencia, a causa de lo ocurrido con su madre. El odio de Gil es hasta la muerte, y, ni aun así, le perdona, aunque le cree su sobrino y por ello muere feliz. También relata muy bien Galdós el fanatismo de Sarmiento, que abandona la docencia por las armas, y no perdona a nadie en su feroz liberalismo. Es de todas formas un episodio semejante a los anteriores y en general a toda esta serie, en que lo novelesco triunfa, y eso se debe a que los hechos históricos son más bien de tipo político y social y enraizados en el pueblo, que es el que los sufre y a veces los determina con sus pasiones más o menos elevadas.

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