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El Cultural – Bailén

El Cultural – Bailén

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “Bailén”, el cuarto libro de la primera serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

Bailén

 

Como ya apuntamos al final del episodio anterior, Gabriel no ha muerto y, gravemente herido, ha sido recogido por unos vecinos y se recupera. Don Celestino sí ha sido fusilado y muerto. La casa en la que ha sido recogido Gabriel es también la morada de Juan de Dios, que le cuenta a Gabriel que no le pudo salvar, pero que, además, el licenciado Lobo se llevó a Inés a casa de unos nobles, que dijo la cuidarían, y ya no ha sabido más de ella. Gabriel encuentra al licenciado y éste le cuenta que entregó a Inés a esa familia, que no es otra que la de Amaranta, y ahora se han ido todos a Córdoba huyendo de los franceses. Además, en la casa donde convalece, se aloja otro hombre, Luis de Santorcaz, que habrá de tener protagonismo posterior en los sucesos. Es éste un hombre afrancesado de ideas, ya que ha vivido en Francia mucho tiempo, y ahora está en España por asuntos particulares. Toda la novela está plagada de hechos concatenados y folletinescos, pues ya Galdós se lanza de manera descarada a utilizar el sistema, y las casualidades se suceden una tras otras, de forma que Gabriel pueda saber de Inés, verla y seguir su rastro. Eso no desmerece la calidad de la novela y del episodio, que es uno de los más entretenidos y a la altura de los anteriores. Junto con Santorcaz y otro compañero, Marijuán, Gabriel va hacia Andalucía y atraviesan la Mancha, donde Gabriel hace evocación del Quijote y Santorcaz cuenta las hazañas y las grandes victorias de Napoleón en Europa, y de aquellas en las que él participó. Cuando llegan a Bailén, se alojan en la casa de la condesa de Rumblar, que es el ama de Marijuán, y, como luego sabremos, prima de Amaranta, de la marquesa y del marqués. Además, ya se ha concertado la boda del heredero de esta condesa, que es tonto de capirote, infantil, e ingenuo, con Inés, la cual se encuentra en un convento en Córdoba y dice que quiere profesar. Todos van hasta Córdoba, aunque Santorcaz se queda para resolver unos asuntos, y, ya en Córdoba, Gabriel se presenta a Amaranta y comete la ingenuidad de decirle que ama a Inés, lo que le vale ser expulsado. Pero, por otra casualidad, el marqués le pide a Gabriel que vaya al convento donde está Inés y haga un recado que él no se atreve a realizar por el miedo a los franceses. Entonces Gabriel puede hablar con Inés y conseguir que ésta acepte salir de allí, ya que no quería y deseaba ser monja creyendo muerto a Gabriel. A todo esto, las tropas españolas han sido derrotadas en el Puente de Alcolea y, Córdoba y otras villas, han sido saqueadas por los franceses. Se está formando un ejército de toda Andalucía, que manda el general Castaños, aunque hay otros cuerpos de ejército al mando de otros generales. Tras una serie de maniobras y de marchas en diferentes sentidos, se celebra la batalla definitiva en Bailén, en que vencen los españoles claramente y humillan a los franceses, a los que obligan a capitular y retirarse hacia Madrid. El conde del Rumblar, Gabriel, Santorcaz, Marijuán y otros participan en la batalla y ninguno muere, y Santorcaz es hecho sargento. En la refriega y por casualidad, llega a manos de Gabriel el caballo de Santorcaz, con cartas de Amaranta a éste, y de éste a Amaranta, así como de un criado del conde del Rumblar a Santorcaz, y por su lectura se entera Gabriel de que Santorcaz es el padre de Inés y Amaranta su madre, pero que quien la va a reconocer como hija es el marqués diplomático. Además, se entera de que, para vengarse, Santorcaz quiere raptar a Inés y llevársela con él. Terminada la batalla, el conde del Rumblar hace el ridículo contando lo que le ha pasado en el campamento francés, y, al final, todos salen para Madrid, y Gabriel los acompaña como criado. Santorcaz no va, pero, en el camino y en Despeñaperros, los viajeros sufren un asalto y ahí termina la novela.

Escrita en octubre y noviembre de 1873, en ella Galdós sigue mezclando realidad y ficción con gran maestría y, como ya hemos indicado, se lanza abiertamente por el camino del folletín en la parte novelesca, estando todo lleno de casualidades y de enredos que se entremezclan y complementan, y permiten a Gabriel seguir el rastro de Inés. Lo verdaderamente ejemplar son las descripciones minuciosas de los movimientos de tropas y de sus estrategias, marchas y contramarchas, así como de la batalla en sí, que recrea con delectación y nos la hace vivir en el pleno calor de las llanuras de Córdoba y Jaén, en un día de Julio, el 19, de 1808. En medio de la misma lucha, Gabriel se enfrasca en la lectura de las cartas ajeno a aquella, pero, sin embargo, se porta heroicamente y no desmerece del resto. Los tipos que describe aquí Galdós son menos detallados, y conocemos a Santorcaz, el francmasón que luego es héroe en la batalla contra los franceses, a los que admira, y que fragua su venganza contra Amaranta en la persona de su hija. Aparece Marijuán, muchacho dispuesto y amigo de Gabriel, del que no se dice mucho. Sigue el protagonista, Gabriel, que continúa con sus andanzas en busca de Inés. Están también el licenciado Lobo, intrigante como siempre; Juan de Dios, al que perdemos la pista casi al comenzar la novela; el marqués, que todo lo sabe y no lo quiere contar, y también los héroes históricos, de los que Galdós dice poco y sólo de pasada; habla algo de Dupont, de Castaños y de algún otro. No es un episodio de mucha descripción de personajes y sí, más bien, de hechos bélicos o prebélicos con todo detalle y sin cansar, con la maestría propia de un especialista en el género.

La Deriva

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