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El Cultural – Cádiz

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Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “Cádiz”: el octavo libro de la primera serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios

Cádiz

 

Dejamos en el episodio anterior a Gabriel ya en Cádiz y a punto de ver a Inés en casa de Doña Flora. Esa entrevista fue muy breve y con testigos y nada se pudieron decir. Cádiz está cercado por las tropas francesas, pero el cerco es muy débil y apenas nadie se inquieta. En la Isla de León está destacado nuestro héroe y va a Cádiz a menudo. En esa misma Isla se han formado las Cortes, tras la Regencia, y allí se reúnen en el teatro. Inés está al cuidado de doña María del Rumblar, la cual la tiene junto con sus hijas para esperar el momento de casarla con su hijo don Diego, que no tiene mucho interés en ello. Además, guarda celosamente y con una disciplina férrea, a sus hijas: Asunción, a la que destina al claustro, y Presentación, que no está destinada a nada concreto. Las tres son vigiladas por don Paco, que es un buenazo al que convencen para hacer a veces alguna pillería. La marquesa, que pasa por la madre de Inés, la protege y vive allí. En casa de la del Rumblar se reúne una tertulia de gentes muy conservadoras y absolutistas, como los diputados Ostolaza y Tenreyro, don Pedro del Congosto, Calomarde y otros. Gabriel logra entrar y presentarse a doña María, llevado por Diego, y se hace pasar por un oficial valiente y absolutista, que se está preparando para entrar en el sacerdocio. También entra, y con más facilidad, en casa de doña Flora, donde vive Amaranta, que está muy enfadada, pues no puede ver a Inés y piensa en raptarla. A esta tertulia acuden gentes de toda índole política, entre ellos el propio don Pedro del Congosto, al que le gusta doña Flora y con el cual bromean todos, haciéndole creer que Gabriel tira los tejos a la madura señora. Entre los personajes políticos que allí se dan cita, están Quintana, Xérica y Beña, Arriaza, Argüelles, Muñoz Torrero, el Conde de Toreno y otros diputados de las Cortes, que más tarde se trasladan a Cádiz, a la Iglesia de San Felipe, acomodada para este menester. Otro de los asiduos a ambas tertulias, es lord Gray, un inglés que es un calco de lord Byron y, aunque se dice que era amigo de éste, el cual había pasado por la ciudad y se había marchado, todo hace pensar en la figura del poeta, ya que Galdós lo describe como agraciado, aunque no habla de cojera alguna, y además muy crítico con las costumbres de su tierra y enamorado de Andalucía, el sol, las mujeres, el vino y la vida de francachela, que se permitía a causa de su gran fortuna. Gustaba de mezclarse con la gente de más baja estofa también y tener experiencias de todo tipo, siendo su moral muy relajada y abierta. Amaranta hace creer, de buena fe, a Gabriel, que Inés se ha enamorado de él, y todo parece indicarlo así, pero, tras muchas páginas, descubrimos que el amor de Gray va hacia Asunción, e Inés hace de tapadera. Aquella se ha deslumbrado por el mundo, la figura y todo lo demás del inglés que, por otra parte, goza de grandes simpatías en todas partes, independientemente de por su saber estar, a causa del predominio de los ingleses, que en ese momento eran nuestros grandes aliados para echar a los franceses de España. Cuando Gray traza un plan para raptar a Asunción, Gabriel se presta a ayudarle, pues cree que es a Inés a quién se quiere llevar y aprovecha unas llaves de Diego para entrar en la casa, pero Gray ya se ha llevado a Asunción. Inés ve entonces a Gabriel y se aclara todo. Salen tras ella y la encuentran ya de regreso, pues se ha asustado. Se forma un gran jaleo y, como Inés ya está fuera, Gabriel la lleva con Amaranta, y allí le explica que es su madre. Gray vuelve a raptar a Asunción y parece ser que la posee, y, al día siguiente la humilla entre gentes de baja ralea. Ella escapa y va a su casa, donde su madre se porta severamente con ella, pero la admite. Inés es recuperada por la marquesa y por doña María, aprovechando que Amaranta no figura como su madre. Don Pedro del Congosto quiere batirse con lord Gray, pero éste se burla de él, en un remedo de desafío, y es Gabriel el que lucha en duelo con Gray y lo mata. Agradecida, doña María, la cual lo ha presenciado todo, le dice que se lleve a Inés, porque de todas formas ella ya no la quiere para su hijo a causa de su carácter y comportamiento. Así lo hace Gabriel y la lleva con su madre de nuevo.

Es un episodio más novelesco que histórico y tan sólo se hacen alusiones al cerco de Cádiz, tan endeble que los habitantes se burlan de él en coplas; a algunos hechos de armas que suceden en otras partes y, entre ellos, y al final, a la batalla de Albuera, gran victoria anglo-española; y como no, y con detalle, a las reuniones de las Cortes y lo que allí se dice y aprueba, en especial la soberanía de la nación y la libertad de imprenta, que pronto deviene en la aparición de una serie de periódicos y revistas, que critican lo anterior o lo defienden. También aparecen los políticos en las tertulias, algunos que luego serán célebres y aquí empiezan a hacer sus primeras armas políticas. Todo lo demás se lo lleva la novela de capa y espada, y ésta se centra en el interés de Gabriel por recuperar a Inés, lo que al final logra, y en sus celos, creyéndola enamorada de lord Gray, que es un tipo que recuerda mucho a lord Byron, como dijimos. Es el vivo ejemplo del disoluto y hedonista y además es arrojado, agraciado y adinerado, y por tanto conquistador de mujeres de alta y baja cuna. En esta segunda faceta se describen muchas fiestas de la gente del pueblo y sus bailes andaluces y sus juergas. Surge la figura del tío Poenco, que es el tabernero de Vejarruco, y del tío Lombrijón, y de algunas mujeres de vida más o menos alegre, como la tía Higadillos, Mariquilla de las Nieves y alguna otra. El hablar de estas gentes andaluzas y sus sabrosos comentarios, los plasma Galdós con gran pericia, así como el ambiente de las Cortes y los discursos, y lo que la gente de más baja cultura opinaba sobre aquella novedad. Las figuras ya conocidas no deparan sorpresas, y doña Flora hace reír, con su emoción, al creer que Gabriel la corteja. Digna es también de destacar la actitud celosa de don Pedro del Congosto, al creerlo también. De la figura de lord Gray ya hemos hablado mucho, y de los políticos, personajes reales que aparecen, no se dice tanto en la novela como para hacernos una idea de sus caracteres, como no sea por sus opiniones en tertulias o en las Cortes. Las hijas de la del Rumblar y la actitud de ésta, son una de las constantes en Galdós, que siempre ataca la excesiva rigidez de las costumbres de la época, que obligaban a los hijos, y más a las hijas, a aceptar la voluntad de los padres, o las madres; y, cuando esto no estaba acorde con sus caracteres, venía el disimulo, la doblez, el engaño y hasta los malos pasos, como el que da Asunción. Es éste un episodio entretenido, porque la parte novelesca, aunque sea muy ligera, se hace muy distraída y los lances, en pluma tan hábil como la de Galdós, resultan deliciosos.

La Deriva

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