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El Cultural – De Oñate a La Granja

El Cultural – De Oñate a La Granja

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “De Oñate a La Granja”: el tercer libro de la tercera serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

De Oñate a La Granja

 

En el anterior episodio dejamos a nuestros héroes Fernando Calpena y Pedro Hillo entrando en la cárcel, en la que han de pasar un tiempo. Están en la misma celda y no se les acusa de nada ni se les juzga. Allí ven a otros amigos revolucionarios. Hillo está preocupado por lo que va a pasar, cuando salga, con su fama y honor, pero en las cartas que a ambos escribe la Dama oculta y que se demoran, pues ella ha pasado una enfermedad que la ha tenido a las puerta de la muerte, la Dama le dice a don Pedro que no se preocupe, pues el nombre con el que le han encarcelado es otro. Un tiempo más tarde, y cuando ve la Dama que no puede evitar el amor de Calpena, decide que los suelten y le asegura a Hillo que no se opondrá a los amores de Fernando y Aura, y además que se le dará a conocer a él. Pero, cuando salen, otra vez desaparece la Dama, y por testimonio de un tal Ibraim, otro revolucionario, se entera Pedro de que la Dama ha muerto y era una cortesana acomodada que estaba en posesión de una joya de las que había tenido Maturana y que era única. El pesar de Pedro es grande, pero más tarde le dicen que ha ido a verle una señora y no lo ha podido esperar. Se da cuenta así de que la Dama no ha muerto, y era de otra de la que hablaban. A todo esto, Ferrando se ha marchado hace tiempo del lado de Pedro y va buscando a Aura. Se asocia con un tal Rapella, siciliano, que es un hombre enigmático y que lleva el encargo de negociar con el pretendiente Carlos en nombre de María Cristina, y para ello debe ir hasta Oñate, donde está la corte ambulante. Allí está también Negretti, el tío de Aura. De ésta saben que se encuentra, por falta de salud, tomando baños en un puerto del norte, en tierras facciosas. Fernando acompaña a Rapella y van hasta Oñate, donde tienen una entrevista con el infante don Sebastián, hermano de Carlos. Fernando, que pretendía raptar a Aura, llega a ver y hablar con Negretti, quien le dice dónde está Aura, y que él no se opone a sus amores, siempre que le demuestre que es digno de ella y que es partidario de don Carlos y buen católico. En eso quedan y en verse más adelante en Bermeo, donde está Aura. Mientras tanto, y al nivel histórico, ha caído Mendizábal y le ha sustituido Istúriz. Los partidarios de Juan y Medio quieren que éste pelee para regresar al lugar que ocupaba, pero don Juan está cansado y ya renuncia a esas peleas. En el norte, las tropas cristinas han logrado grandes victorias, mandadas por Cordova, al que secundaban Espartero y Riverón, y Oñate debe ser evacuado y con ello toda la Corte. En el desconcierto general de la huida, una muchacha se dirige a Fernando en solicitud de ayuda, y el generoso mozo no sabe negarse y la ayuda, a ella y a su hermana más pequeña. Las muchachas se llaman Demetria y Gracia y tienen que llevarse a su padre, don Alonso de Castro-Amézaga, que estaba preso del carlismo por haber querido desafiar a don Carlos a combate singular, y tras haber perdido el juicio. Don Alonso se encuentra impedido y sin poder salir de su encierro domiciliario. Calpena las ayuda y logra que lo haga también un criado de Rapella, y además encuentra un carro y bueyes para pasar a campo cristino. El padre es un señor noble y rico de La Guardia, en la Rioja. Tras muchas peripecias y ser herido, logra Fernando que ellas salgan con bien, pero no así el padre, que muere en el camino. Las muchachas, agradecidas por su ayuda, lo llevan a su finca inmensa, pues son muy ricas, y allí le cuidan y le atienden los mejores médicos. Ha de estar varios meses en cama, y luego recuperándose. Recibe cartas de Pedro Hillo, que le indica que en La Granja, la Dama se ha descubierto, pero no le dice a Fernando quién es. Luego, la propia Dama le escribe, sin decirle tampoco quién es, y le da permiso para seguir sus amores con Aura y le cuenta la asonada de los sargentos, que han obligado a la Regente a liberalizar más al país, prometiendo para el siguiente episodio, el autor, dar cuenta de lo que dice sobre estos sucesos históricos, en su larga carta, la Dama. En esta situación termina el episodio.

Escrito en 1898, relata sucesos de 1836, y en ellos la Regente es obligada a modificar el sistema y jurar otra constitución, aunque de eso se hablará en el siguiente episodio. En éste, cae Mendizábal y es sustituido por Istúriz. En el norte, los carlistas sufren graves derrotas y han de abandonar su corte de Oñate. Se hacen retratos muy detallados de don Carlos y del infante Don Sebastián, y Galdós se esmera en retratar bien al Pretendiente y su falta de dotes y de cualidades. En el plano novelesco continúa la novela romántica y el incógnito de la Dama, que en algún momento se cree que ha muerto. Fernando sigue tras su amor, y para ello se alía con el aventurero y hábil Rapella, que le introduce en la corte facciosa, de la que luego sale con Demetria y Gracia. Éstas son dos prodigios de belleza, sencillez y cualidades. El hecho de que Aura no aparezca en toda la novela y la simpatía que se despierta entre Demetria y Fernando, hacen ya pensar en otro final para la serie. Pero aún no hay nada decido. Por otra parte, el tío de Aura, que es un carlista furibundo, no rechaza a Fernando y sólo le indica que se debe hacer merecedor de Aura. Pedro Hillo sigue siendo el amigo fiel de Fernando y está al lado de la Dama, en cuanto la encuentra y la conoce por fin. Sigue siendo el intermediario, aunque la dama escribe ya directamente a Calpena. Es más bien un episodio de tránsito y no de los mejores, en que cae el todopoderoso ministro y los carlistas sufren reveses y en el que Fernando sabe ya dónde está Aura, pero no puede llegar aún hasta ella. Quizá lo más importante del episodio es que Fernando conoce a dos bellas damitas de esmerada educación y prendas singulares.

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