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El Cultural – El Grande Oriente

El Cultural – El Grande Oriente

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “El Grande Oriente”: el tercer libro de la segunda serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

 

El Grande Oriente   

Sigue Salvador Monsalud siendo el protagonista. Ha comenzado el trienio liberal, tras la victoria de la sublevación comenzada por Riego, aunque éste ha sido prácticamente apartado de cualquier decisión y ocupa un cargo militar. Salvador no tiene muy buen concepto de él, ni tampoco de lo que está empezando a ocurrir desde que triunfó el liberalismo. El rey sigue conspirando para derrocar el sistema y se vale para ello de múltiples estratagemas. Salvador vive en una casa con su madre y tiene como vecinos al maestro de escuela Patricio Sarmiento, furioso liberal, a don Urbano Gil de la Cuadra, oculto absolutista y esposo que fue de doña Pepita Sanahuja, que libró a Salvador de ser apresado y muerto en la huida de España de los franceses, como se narra en el episodio “El Equipaje del Rey José”, y, además, fue amante del propio Salvador, cosa que no sospechaba don Urbano. Con éste, ya viudo, vive su hija Solita, no muy agraciada, pero muy buena muchacha. Además, Salvador tiene una novia llamada Andrea y que es hija de un correligionario suyo en la masonería, concretamente en el Grande Oriente, al que los dos pertenecen, y que es bastante adinerado y se llama Mauricio Campos. Mauricio quiere casar a Andrea con un marqués ya algo mayor. Don Urbano parece mezclado en el que, sí fue histórico, intento de restaurar el absolutismo por parte del cura Matías Vinuesa, llamado Tamajón por el lugar en que ejerció su curato. La conjura, propiciada por Fernando, fue descubierta y los culpables enviados a la Cárcel de la Villa. El pueblo deseaba que los matasen, pero la influencia de algunos, ya moderados liberales, del Gobierno, hizo que sólo se pidieran diez años para Vinuesa. Salvador, que debe a don Urbano la vida, como se ha dicho antes, se compromete a salvarle, y lo intenta entre su correligionarios, pero no lo consigue, mas transige con Campos en devolverle la libertad sentimental a su hija a cambio de lograr la fuga de don Urbano. De todas formas, Andrea ya ha flirteado con el marqués, aunque luego, arrepentida, busca a Salvador, que la rechaza a pesar de estar enamorado, aunque pensando también en que es muy veleidosa. Antes de relatar la parte histórica terminaremos con la novelesca. Salvador, por influencia de Campos, que tiene gran poder, entra en la guardia de la cárcel, y allí llega José Manuel Regato. Este personaje, histórico y agente del absolutismo, aunque infiltrado en la masonería, le propone la fuga de Vinuesa, y para ello le intenta comprar con dinero, y, como así no lo logra, lo hace con un chantaje, pues posee cartas que le comprometen políticamente, ya que Salvador conoce interioridades del flirteo de Fernando con Bonaparte durante el destierro, y un amigo le ha escrito cartas en ese sentido. Pero lo que más le preocupa a Salvador es que allí hay también cartas amorosas de la mujer de don Urbano. Salvador engaña a Regato y lo deja encerrado en la celda de don Urbano en el momento en que entran las turbas y matan a martillazos a Vinuesa. En ese rato, Regato da pruebas a don Urbano de la infidelidad de su mujer con Salvador, y, cuando éste lo salva y lo envía con Solita, a la que ha cuidado como a una hermana y hace que salgan de Madrid, don Urbano le desprecia; y Monsalud se desespera de que nada le salga bien en la vida y todo aquello que toca se le deshaga entre las manos y fracase en todo lo que emprende. En cuanto a lo puramente histórico se relata aquí la pertenencia a las diversas logias masónicas de la mayor parte de los diputados y ministros, y gran parte del pueblo, pero también se ve la doblez de la masonería, que interviene demasiado en la cosa pública y en la política activa, siendo detentadora de cargos y repartiendo éstos, lo que no era propio de sus fines, y además muestran tibieza, al igual que el Gobierno, mientras aparece una nueva orden más propiamente española, pero también llena de simbologías, que Galdós describe muy bien, y que se llaman los Comuneros. Éstos son mucho más exaltados y cercanos al pueblo, pero también pierden los papeles y se entregan a toda clase de excesos. Esta orden viene formada por aquellos que huyen de los males de la masonería, a la que Salvador acusa, con gran fiereza y acierto, cuando sale de la misma. Muchos otros lo hacen, pero se encuentran con una nueva orden tan poco efectiva como la anterior. El trienio estuvo lleno de desaciertos, tibieza y corrupción, como lo fue el sexenio anterior, y se deshizo por los mismos males, o parecidos, al precedente. Los intelectuales que lo dirigieron tenían buenas ideas, pero poca práctica política y poco ingenio, y además se dejaron llevar por los acontecimientos que, desde la Corte, el rey manejaba de muy diversas maneras, no siempre acertadas, pero que al final dieron su fruto para los intereses de Fernando, que era volver a ser rey absoluto, o neto.

Es éste un episodio que, siendo muy novelesco, es también un retrato fiel de la realidad histórica del trienio, cuyos males hemos apuntado anteriormente. La figura de Salvador Monsalud sigue siendo el prototipo de la indecisión y más bien de la falta de acierto en lo que hace. Pero también los acontecimientos lo llevan a su aire y él no se sobrepone a los mismos. Le falta fuelle para reaccionar ante algunas circunstancias y se deja muchas veces llevar por su corazón y por su integridad y pierde muchas ocasiones de salir adelante con sus propósitos. Parece que paga culpas anteriores y deudas atrasadas y tiene mala suerte con las personas que le rodean. Ha perdido la fe en la causa del liberalismo. No por dejar de ser liberal, sino porque se da cuenta de los males que adivinó antes de que triunfaran, y ahora ve como todo se va al traste, cuando la tibieza de unos, las insidias de otros, la corrupción de los más y la infiltración de agentes reales acaba con la ilusión colectiva, ayudados por un pueblo inculto y muy manejable, y que además era apasionado como español, y borreguil por ignorancia e ingenuidad. Los personajes, históricos, o novelescos, están muy bien dibujados, como ya es costumbre en el autor, y así el maestro de escuela Sarmiento es toda una creación de Galdós, con sus múltiples peculiaridades, y también lo es don Urbano, absolutista en la sombra y cobarde en el fondo. Aparecen muchos tipos ya vistos en otros episodios, como Pujitos, que ahora es también masón, y muchos otros del Madrid de la época, tal como el propio Bragas, que ya, en la masonería, tiene más grado que el propio Salvador. El cura Vinuesa, figura histórica, muerto por la plebe de forma horrible, se presenta como una víctima de Fernando, que lo abandona después a su suerte. Galdós retrata muy bien las sesiones de las logias masónicas y sus simbolismos, y nos describe sesiones con diputados y ministros de la época y su tibieza y dejadez para los asuntos importantes, sin quererse implicar en decisiones que pudieran comprometerles y hacerles perder el favor. También describe sesiones de Los Comuneros y algunas del propio pueblo, que se reunía en los clubs o en las tabernas o cafés, como La Fontana de Oro. Todo el mundo se reunía, hablaba, conspiraba, y, al final, unos por otros y con sus enfrentamientos y desaciertos, trajeron de nuevo el régimen absolutista y la revolución fracasó.

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