El Cultural - El milagro de Ana Sullivan - El Sol Digital
El Cultural – El milagro de Ana Sullivan

El Cultural – El milagro de Ana Sullivan

Esta semana hemos estado en la filmoteca viendo la película “El Milagro de Ana Sullivan” de Arthur Penn. Richerdios.

El Milagro de Ana Sullivan

Título original. The Miracle Worker

Año. 1962

Duración. 107 min.

País. Estados Unidos

Director. Arthur Penn

Guion. William Gibson (Teatro: William Gibson)

Música. Laurence Rosenthal

Fotografía. Ernesto Caparros (B&W)

Reparto. Anne BancroftPatty DukeAndrew PrineInga SwensonVictor JoryJack Hollander

Productora. Playfilm Productions. Distribuida por United Artists

Género. Drama | BiográficoEnseñanzaDiscapacidadDiscapacidad auditiva

“Helen Keller, nacida en 1880 y fallecida en 1968, quedó ciega y sorda como consecuencia de una posible meningitis o escarlatina cuando tenía un año y medio de vida. Gracias a la ayuda de su maestra Anne Sullivan, obtuvo logros increíbles a lo largo de su vida. Aprendió a hablar, podía leer francés, alemán, griego y latín en Braille. Fue la primera mujer en sus circunstancias que obtuvo un título universitario y, con los años, fue activista política, autora, confidente de más de un presidente de los Estados Unidos y líder mundial e inspiración para millones de personas.” Si lo anterior les ha impresionado, seguro que les impresionará aún más cuando vean esta excelente película. Les dejará tocados. Absolutamente noqueados, tanto por las cornadas que da la vida como por el coraje necesario para salir adelante. Y es que hay que echarle pantalones, fuerza de voluntad y lo que ustedes quieran para afrontar y si es posible superar, un problemón así. Es muy fácil decir “Podemos” pero luchar hasta la extenuación por una causa tan hermosa como difícil tan solo está al alcance de unos pocos, no elegidos por la diosa Fortuna sino forjados en las más duras circunstancias de la vida. Y en este sentido, actores y actrices capaces de situarse al borde del abismo de los desplomes físicos y sicológicos, capaces de representar fuerza y agotamiento y hasta de cansarnos con su extenuación, solo pueden encontrarse en ese reducto minúsculo de hombres y mujeres que más que actuar transmiten sentimientos plenos de autenticidad. En esta línea, Anne Bancroft es Ana Sullivan. No la interpreta. No. La vive, más golpe a golpe que verso a verso hasta removernos en nuestros asientos con las entrañas alteradas. Supongo que las esperanzas de arrebatarle el Oscar a la Bancroft, por parte de sus competidoras serían nulas. Y tres cuartos de lo mismo respecto a la interpretación de la niña ciega y sorda acreedora a la estatuilla a la mejor actriz de reparto. Y aquí no vale eso de que así se las ponían a Fernando VII o que con personajes así el éxito está asegurado. Los dos papeles son tan difíciles que hubiesen dejado en evidencia a muchísimas otras actrices. Pero Anne Bancroft y Patty Duke, de la mano de Arthur Penn, consiguen superar la prueba y con nota. Sobresaliente para ambas. Este tipo de películas suele resultar incómodo. Es un cine vital. De realidades que se enquistan como moscas cojoneras en nuestras conciencias y nos obligan a volver los ojos hacia esos dramas ajenos que parecen recriminar nuestra vida plácida. Pero esto es un ejercicio de humanidad tan necesario como inevitable. La película es una enseñanza y una invitación a la reflexión. Una obligatoria mirada hacia el mundo de los discapacitados, el de la educación e incluso el del amor paterno incorrectamente encauzado no por maldad si no por ignorancia.  Ahora, eso sí, nunca hay que confundir la fuerza, el coraje y los arrestos, en pos de una causa justa, con la violencia gratuita y deleznable. El guion de William Gibson, basado en su propio obra de teatro, es maduro, sólido, bien escrito, alejado del sentimentalismo edulcorado y capaz de dinamitar la conciencia de más de un padre o una madre que habrá malcriado a sus hijos con la excusa del amor infinito que los profesan. Uno de los temas de la película es el peligro de la compasión, capaz de convertir a un discapacitado en un ser violento y maleducado, pero también es una cuestión aplicable a los miles de niños malcriados que corretean por los restaurantes vociferando y molestando a todo el mundo, que son impertinentes hasta la náusea y que gozan de las risitas y mofas de sus papis ante sus continuas trastadas y muestras de mala educación, consentidos por unos padres torpes e incapacitados para educar a nada ni a nadie. Esta película habla de la auténtica educación, del auténtico amor, del verdadero compromiso para ayudar a los demás a través de una enseñanza pulcra pero férrea. La película tritura falsos mitos educacionales embadurnados de almíbar y pone sobre la mesa el reto definitivo: arrancar a una niña consentida y malcriada de su eterno universo de silencio y tinieblas para mostrarle el mundo y el poder de la comunicación a través de las palabras, aunque estas estén deletreadas por medio de gestos de las manos. Sobrecoge y emociona porque es una película noble y sincera, porque cuenta una historia con tantas toneladas de amor y sentido común que cualquiera capaz de sentir algo no podrá evitar emocionarse. No es un milagro, pese al título, es la recompensa a la perseverancia, al amor por la docencia y al ansia de superación. Una obra maestra absoluta.

La Deriva

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