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El Cultural – El Terror de 1824

El Cultural – El Terror de 1824

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “El Terror de 1824”: el sexto libro de la segunda serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

El Terror de 1824

Los protagonistas de este episodio son Patricio Sarmiento y Solita. El primero, ha perdido el juicio tras el descalabro liberal, y vaga por las calles, siendo objeto de las burlas de los muchachos y de otras gentes. Se entera por Pujitos, que viene preso en un carro detrás de Riego, el cual también ha sido detenido y conducido así para que le insulten y maltraten las turbas, de que su hijo Lucas ha muerto, y él se empeña en que ha debido ser una muerte heroica, cuando murió de enfermedad y se portó como un cobarde. Un día Patricio llega a su casa maltrecho, y Solita, que ya ha llegado de su estéril viaje, le recoge y le atiende. Le da de comer y, aunque Patricio tiene su casa en el mismo edificio, por no poder pagar el alquiler el casero lo desahucia, pero ya Sola le ha preparado una habitación. Sarmiento está empeñado en su demencia en ser un mártir de la libertad y en que ha de dar la vida por sus ideas. Sola le encierra y poco a poco le va haciendo desistir de su empeño y logra que se encariñe con ella. Más tarde la querrá como a una hija, a pesar de que al principio hable de sus diferencias irreconciliables y de que él se portó muy mal con su padre, cuando no le quiso dar agua, al prenderle. Se narra la ejecución vil de Riego y la cobardía de éste ante la muerte, en un relato espeluznante en que el que la plebe se muestra en toda su bajeza, y ya comienza la cruel venganza de la década. En todo el episodio, más novelesco que histórico, aparece de nuevo la corrupción del absolutismo, y sobre todo el afán de venganza y de borrar al adversario para evitar otro trienio liberal. Se cree que el mejor modo es acabar con la vida de todos los que han hecho la revolución, e incluso de la de los que no tuvieron nada que ver. Las delaciones por motivos personales están a la orden del día y peligran las vidas de cualquiera. Uno de los que han logrado después de muchas penalidades una amnistía es Benigno Cordero, el cual regresa a su casa por intercesión de un desagradable personaje, Romo, que pertenece a los voluntarios realistas y está prendado de la hija de Benigno, Elena. Ésta no le quiere, pues su amor lo tiene Ángel Seudoquis, hermano de Rafael Seudoquis, que es uno de los mayores agentes del liberalismo. En su venganza por el desprecio de que Elena le hace objeto, dejando aparte su agradecimiento, los delata injustamente y son prendidos en una celebración que están haciendo por la liberación de Benigno y a la que está invitado Pipaón, que también ha tenido que ver en la liberación de Benigno. Pero Sola, que es amiga de Elena, va a confesar que ha sido ella la que ha hecho de intermediaria en unas cartas que ha enviado Rafael Seudoquis para diversas personas, entre ellas Jenara. Sola es detenida y luego también lo es Sarmiento. Sola no quiere delatar a los destinatarios de las cartas, aunque al ver también allí a Jenara, sí la delata, pero ésta se salva, porque la carta no tenía nada de tipo político. Por sus palabras nos enteramos que pudo salir bien de la detención de que fue objeto, a causa de una denuncia del confesor del rey, aunque lo pasó mal. Pero además ahora Jenara se ha empeñado en salvar a Sola, para borrar el mal que le hizo con el engañoso viaje. Lo intenta con Fernando Chaperón, que es el juez y fiscal mayor de todas las causas contra los detenidos, a los que no se les hace apenas ningún juicio y los que se hacen son un remedo. Pipaón, que también quiere salvar a Cordero, lo logra en la habitación en que se reúnen Chaperón, Romo, Garrote, que también interviene en esto, y el propio Pipaón. Éste logra que exoneren a sus amigos y además pone de su parte a Garrote, al hablarle de que Jenara quiere salvar a Sola. Logra que Cordero y su hija sean puestos en libertad. Patricio es declarado demente y Sola condenada a muerte, pero la intervención de Jenara, que no se fía de nadie, ni siquiera del ministro, que ya es Calomarde, hace que apele al propio rey, y éste dé la orden a Chaperón de indultar a Sola. Pero como tiene aquí que haber un culpable, es condenado Patricio, con lo que éste recibe una inmensa alegría. Todos saben que está loco, pero se necesita un culpable que pague por todos, y además Rafael Seudoquis, que había sido detenido, se escapa, y eso aún enfurece más a los jueces. Sarmiento va a ser ahorcado y recibe el auxilio espiritual de los frailes y sacerdotes, el padre Alelí y el padre Salmón, que aparecen en otras obras de Galdós. Tampoco Sola le deja ni un instante. La muerte de Patricio es ejemplar y se contrapone a la de Riego. Parece ser que hubo un patriota que murió así verdaderamente, aunque la figura de Sarmiento es novelesca. En sus últimas horas da muestra de un valor y una vanidad, mezcladas, y todo el mundo se da cuenta de que está enajenado. Recibe los auxilios religiosos, pero también demuestra una valentía sin igual y además está convencido de que va a pasar a la posteridad como un ejemplo de mártir de la libertad, cuando todos le toman por loco y su sacrificio va a ser olvidado de inmediato. Es pues ahorcado y con ello la venganza se ceba en un inocente más, de la larga lista de los que sufren el terror de esa época.

Episodio netamente novelesco, pero que retrata perfectamente los sucesos históricos que acontecieron en el año 1824 y los siguientes. Galdós se recrea en relatar, con mimo y detalle, las relaciones entre los caracteres de Sarmiento y Sola, y como ésta va logrando, en un acto de verdadera cristiana, hacer entrar en razón al viejo cascarrabias y llevarle por la senda de la cordura, aunque al final, vuelva por sus fueros. Le devuelve el mal que le hizo con un supremo bien, pero el buen corazón de Sarmiento le hace querer con locura a Sola y tenerla por hija. Se retrata también el fanatismo de los realistas y su odio a los adversarios y a los que podían parecerlo, hasta el punto de quererlos borrar a todos de la faz de la tierra. Se narran los remedos de juicios y cómo eran instruidas las causas, si es que así se pueden llamar aquellas farsas, que dependían del capricho de uno, o a lo más de unos cuantos. La vida de las personas no tenía ningún valor ni ninguna garantía. El rey amparaba todo esto y se recreaba en la carnicería que se estaba produciendo y en las injusticias sin cuento que cada día ocurrían. Es notable la forma de decretar las penas, que se hace en una habitación, entre el que tenía a su cargo el imponer estos castigos y los voluntarios realistas, más Pipaón que aquí resulta el mejor de todos, aunque una vez más se ha acomodado a las circunstancias y ya es una figura del absolutismo de nuevo. Aparece el licenciado Lobo, personaje de otras obras de Galdós y habla de los favores que debe a Gabriel Araceli y de cómo ve él la situación de la nación en esos momentos, y cómo se instruyen, si así pueden llamarse, las causas, ya que era el secretario de Chaperón. Benigno Cordero es un personaje que se ha acomodado a la situación presente, no quiere meterse en líos y sí vivir feliz con su modesto negocio, pero no le dejan y continúan persiguiéndole con saña, hasta que al final, puede librarse. Jenara deshace el mal que produjo a Sola, logrando con arduos esfuerzos librarla de la horca. Monsalud no aparece en ningún momento y la figura central es Sarmiento, que empieza siendo objeto de burla en las calles, y, por la dedicación de Sola, consigue la estabilidad mental y física, para perder al final la vida, que era lo que pretendía al principio, cuando las circunstancias favorecen ese fin, que él aprovecha para considerase, en su gran vanidad, como un héroe, y como tal se porta, yendo a la muerte con alegría, y siendo, para él mismo, un mártir de la libertad, aunque los más le tomen por loco. Queda al final la duda de si de verdad lo está. Un episodio muy entretenido y que se lee con verdadera avidez, dejando abierta la puerta para otros sucesos que prometen ser muy apasionantes.

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