El Cultural - El Verdugo - El Sol Digital
El Cultural – El Verdugo

El Cultural – El Verdugo

Esta semana hemos estado en la filmoteca viendo la película “El Verdugo” de Luis García Berlanga. Richerdios.

El Verdugo

 

Título original. El verdugo

Año. 1963

Duración. 90 min.

País. España

Dirección. Luis García Berlanga

Guion. Rafael Azcona, Luis García Berlanga, Ennio Flaiano

Música. Miguel Asins Arbó

Fotografía. Tonino Delli Colli (B&W)

Reparto. José IsbertNino ManfrediEmma PenellaJosé Luis López VázquezÁngel Álvarez, María Luisa PonteMaría IsbertJulia Caba AlbaGuido AlbertiErasmo Pascual, Xan das BolasJosé OrjasJosé María PradaFélix FernándezAntonio Ferrandis, Lola GaosAlfredo LandaJosé SazatornilAgustín GonzálezChus Lampreave, José Luis CollJosé CorderoPedro BeltránDolores GarcíaEmilio Laguna, Enrique TusquetsEnrique Pelayo

Productora. Coproducción España-Italia; Naga Films / Zabra Films

Género. Comedia | SátiraComedia negraPelícula de culto

Sinopsis. José Luis, el empleado de una funeraria, proyecta emigrar a Alemania para convertirse en un buen mecánico. Su novia es hija de Amadeo, un verdugo profesional. Cuando éste los sorprende en la intimidad, los obliga a casarse. Ante la acuciante falta de medios económicos de los recién casados, Amadeo, que está a punto de jubilarse, trata de persuadir a José Luis para que solicite la plaza que él va a dejar vacante, lo que le daría derecho a una vivienda. José Luis acaba aceptando la propuesta de su suegro con el convencimiento de que jamás se presentará la ocasión de ejercer tan ignominioso oficio.

Premios. 1963: Festival de Venecia: Premios FIPRESCI

 

Luis García Berlanga y Rafael Azcona eran los mejores cuando debían eludir la censura y en esta comedia negra, una de las mejores películas españolas de la historia, logran su cima, junto al guionista Ennio Flaiano y el operador Tonino Delli Colli, italianos como la coproducción. El embajador de España en Roma declaró, tras intentar prohibir su exhibición, “la película me parece uno de los más impresionantes libelos que jamás se hayan hecho contra España; un panfleto político increíble, no contra el régimen, sino contra toda una sociedad. Es una inacabable crítica caricaturesca de la vida española.” Tenía toda la razón. Lo mejor es tratar esta tragedia desde una óptica cómica, que si no, la experiencia puede ser tremenda. Es antológico el último plano inhumano de “Pascual Duarte”, pero ésta es recordable fotograma por fotograma. Porque sin ser tan explícita, es mucho más terrible. Los personajes son un viejo verdugo del régimen, su hija casadera y la “víctima” de ambos, un empleado de pompas fúnebres destinado a heredar el puesto de su futuro suegro. Un hombre normal y corriente, que tiene un trabajo con el que gana poco dinero. Ya casado espera no tener que ejercer nunca su profesión. Pero ese momento llega. Imprescindible alegato contra la pena de muerte, con un Nino Manfredi acobardado, y un Pepe Isbert (tan genial que vuelve querible a su nefasto personaje) que engrandecen una película que mejora con el tiempo, junto a un gran reparto en el que asoman grandes actores. -“Amadeo: Me hacen reír los que dicen que el garrote es inhumano. ¿Qué es mejor, la guillotina? ¿Usted cree que se puede enterrar a un hombre hecho pedazos? -José Luis: No. Yo no entiendo de eso. -Amadeo: Y qué me dice de los americanos. La silla eléctrica son miles de voltios. Los deja negros, abrasados. ¡A ver dónde está la humanidad de la silla! -José Luis: Yo creo que la gente debe morir en su cama ¿no? -Amadeo: Naturalmente, pero si existe la pena de muerte, alguien tiene que aplicarla”. Excelente comedia llena de un personal humor negro y un duro alegato contra la pena de muerte. La historia de cómo obligan a José Luis a hacer lo que no quiere, casarse, tener un hijo y convertirse en verdugo, con el acicate de que mejorará su vida por lo bien que guisa Carmen y disfrutará del piso que ha conseguido don Amadeo. Es una mirada entre divertida y asqueada, certificando cómo los convencionalismos absurdos nos obligan a actuar de modo “normal”. El verdugo no es sólo una de las películas más importantes de la historia del cine español. Es también una de las más duras y siniestras, porque Berlanga y Azcona reducen la pena de muerte a un triste oficio. La sencillez con que está planificada y la versatilidad de matices que ofrece el gran Pepe Isbert otorga credibilidad al drama: en definitiva, matar a alguien en nombre del Estado es también un trabajo como otro cualquiera. Obra de dos genios, que se rueda en escenarios naturales de Madrid y Mallorca y en los platós de los Estudios CEA (Madrid). Nominado al León de oro de Venecia, obtiene el premio Fipresci (Venecia). Producido por Nazario Belmar, como productor ejecutivo, para Naga Films (Madrid) y Zebra Films (Roma), se proyecta en público por primera vez en el Festival de Venecia (septiembre 1963). La acción dramática tiene lugar en Madrid y Mallorca a lo largo de algo más de un año, en 1962/63. Amadeo es taciturno, solitario, persuasivo, dominante y obstinado. Su hija hace las labores de la casa y es soltera. José Luis es soltero y desea emigrar a Alemania para aprender el oficio de mecánico de coches. Es manejable, ingenuo, idealista y sensible. El film suma comedia negra y drama. A partir de un excelente guion construye un discurso humorístico, irónico y sarcástico contra de la pena de muerte. Expone, además, la facilidad con la que un ser humano puede perder la libertad de elección y decisión. La narración traspira una acidez especial, acompañada de un tono esperpéntico que delata la huella del tándem Azcona y Berlanga. Los diálogos son brillantes y destilan verismo y naturalidad. Los personajes están bien desarrollados. Elabora una sátira hilarante de la España chocante y extravagante de la época, que se presenta disimulada bajo la apariencia de un agitado humor costumbrista. Contraviniendo el orden natural de las cosas, el verdugo es la víctima. Muestra con delectación los anacrónicos vehículos mortuorios de la época Da testimonio de la ignorancia y el aislamiento de los intelectuales oficiales: el Sr. Corcuera, “alter ego” de José M. Pemán, poeta ampuloso y cursi, no ha oído hablar nunca de Bergman y Antonioni. Muestra el alto grado de presencia de religiosos y religiosas en la sociedad (oficina de la Vivienda, entierro del difunto, celda del condenado, acompañamiento del reo…). Muestra un extenso repertorio de extraños uniformes y el exotismo de la vestimenta de los turistas. Presenta asociaciones chocantes (champaña en prisión, baile de gala sobre la cubierta de una barca). Explica cómo la pobreza obliga a hacer por necesidad cosas indeseadas. Aborda con sorna la denuncia de grandes problemas sociales, como la escasez de la vivienda y la carestía de sus precios, el paro endémico y la emigración española a Alemania, la proliferación de subempleos, la burocratización exagerada de la administración pública, la proliferación del enchufismo, las grandes diferencias de clase, etc. Subraya el pintoresquismo del emergente turismo de masas y sus aficiones extravagantes. La música, de Miguel Asins Arbó (“El cochecito”, 1960), ofrece una partitura de melodías sencillas de aires populares que traspiran patetismo y fatalismo. Añade un fragmento del twist “El verdugo”, de Adolfo Waitzman. La fotografía, de Tonino Delli Colli, construye emotivos planos largos y planos secuencia, imágenes de luces contrastadas, composiciones con acumulación de actores en pantalla y situaciones de desorden y caos. La atmósfera melancólica y fúnebre del film se convierte hacia el final en un estallido de música, luz, baile, alegría y vida. Entretenida y divertida, invita a la reflexión.

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