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El Cultural – Gerona

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Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “Gerona”: el séptimo libro de la primera serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

Gerona

Gabriel va camino de Andalucía, otra vez en el ejército español, del que ya es alférez. Se encuentra a su amigo Andrés Marijuán, que también está en el ejército aunque sólo como soldado, y éste le cuenta todo lo que le sucedió en Gerona cuando participó en el tercer cerco y asedio de la ciudad. En este episodio, pues, el protagonista es Andrés, y Gabriel narra lo que le contó su amigo, y además se basa en un relato, o diario, que llevó un médico, llamado don Pablo Nomdedéu, que tendrá gran protagonismo en los relatos. Es éste un episodio parecido, como una gota de agua a otra, al anterior, aunque los sucesos sean diferentes, pero es también el relato de un continuado asedio por parte de los franceses y de una heroica resistencia, más allá de lo humano, de una ciudad española que no se rendía mientras le quedara algo de fuerza. Comienza cuando llega Andrés a la ciudad y ha de hacerse cargo de una huérfana, Siseta (Narcisita), y sus tres hermanos, por muerte del padre de los mismos, que le había dado asilo a Andrés. Además, se enamora de la muchacha y se prometen en matrimonio. La historia es la de las penalidades de la ciudad y sus habitantes, centradas, más que nada, en la huérfana, sus tres revoltosos hermanitos, Andrés y sus vecinos, don Pablo, médico del lugar, que tiene gran trabajo cuidando heridos y también a su hija Josefina, que se había quedado sorda como consecuencia de la explosión de una bomba en el anterior cerco. Ahora, y como casi no habla ni oye nada, el padre quiere hacerle creer que no hay guerra, y cuando las penalidades, sobre todo el hambre, empiezan y se agravan, el pobre hombre hace todo lo que puede para que ella no se entere y no pase privaciones. En esta lucha llega a convertirse en una fiera y volverse contra Andrés y los huérfanos, a los que, al final, quiere atacar. Sin embargo, su hija se curará cuando se enfrente a la realidad, porque ya no queda más remedio. La parte histórica se centra en la defensa de los diferentes lugares de la ciudad que, como Zaragoza, se defiende casa a casa, y, además, en el hambre, pues las provisiones se acaban y no pueden entrar más, a causa del feroz cerco. Las tropas las manda el general gobernador don Mariano Álvarez de Castro, que defendió la plaza con gran heroísmo y más allá de toda lógica, pero que demostró valentía, coraje y arrestos. El autor lo ensalza hasta el límite. El hambre llega a ser tan grande que se come de todo y las ratas son un alimento que llega a ser exquisito, pero hasta corcho, pieles y otros tejidos se llegaron a comer. Gerona se rindió al final, cuando ya no era posible más resistencia y don Mariano había sido herido. Después, se narra cómo Andrés encontró a la huérfana y dos de sus hermanos, pues el más pequeño murió, y como fueron, el general y sus ayudantes, llevados a Francia, siendo Andrés, como asistente de uno de ellos, uno más de la partida. Sufrió el general toda clase de vejaciones, y al final lo llevaron de vuelta a España, no dejaron a los demás que lo acompañaran y lo metieron en el castillo de Figueras, donde tiempo después apareció muerto y se sospecha que lo asesinaron alevosamente. Andrés y otros lograron huir. Tres fueron capturados y fusilados, y, él y otros dos, consiguieron entrar en España. Andrés se incorporó de nuevo al ejército. Antes supo que Siseta se quedaba viviendo con Josefina, pues don Pablo murió y, al terminar la guerra, y esto ya lo cuenta Gabriel, se fueron a vivir a la Almunia, de donde era Andrés, y se casaron y vivieron felices. Al final, Gabriel nos prepara para el próximo episodio, pues ha llegado a la Isla de León, frente a Cádiz. De nuevo se encuentra a Amaranta por casualidad, y ella hace que la acompañe a la ciudad en un episodio novelesco de capa y espada, para que no se lleven a Inés, entre la marquesa y otras damas. También, y otra vez aparece el folletín, va a parar a casa de doña Flora, donde está Inés, pero a ésta la verá en el próximo episodio.

Es un episodio para el que valen muchos de los comentarios sobre la valentía, más allá de la lógica, que hicimos en el anterior, ya que las situaciones fueron paralelas, si bien el hambre en Gerona fue más feroz. Galdós se recrea en hacer la narración de este mal y lo describe en todas las formas de que su pluma era capaz. Hay un pasaje ingeniosísimo de la caza de las ratas y el ataque de éstas a las personas, y cómo se comportan e incluso luchan unas contra otras a causa de su hambre. La que las manda es una gran rata que se llama Napoleón, y Galdós aprovecha también para hacer símiles entre esta rata y el emperador de Francia, anticipando lo que luego será la caída del gran conquistador. También es destacable el relato de la degradación de los valores que el hambre, y las consecuencias de ésta, pueden hacer padecer a las personas más honestas y bondadosas, que llegan a convertirse en fieras, sobre todo si, como don Pablo, tienen una hija a la que idolatran y son capaces de todo para que ella no tenga penas. Son simpáticas las figuras de los muchachos que se acostumbran a los muertos, los tiros, las bombas y la guerra, así como al hambre y se hacen hombres pronto sin dejar de ser niños. Aparecen frailes aguerridos y que se comportan como soldados, y están las figuras de Siseta y Andrés, enamorados, que sufren las penalidades y las soportan con resignación, y al final triunfa su amor. Por lo demás es un episodio en el que se cambia el protagonista para no forzar las situaciones, pues el cerco de Gerona fue inmediato al de Zaragoza, y era difícil justificar que Gabriel hubiera estado en los dos. Estos sucesos, del tercer sitio de Gerona, tuvieron lugar desde la primavera de 1909 al invierno del mismo año, mientras los de Zaragoza lo habían sido al comienzo del mismo año y parte del anterior. A los franceses les costó unos veinte mil hombres tomar una ciudad que no estaba defendida ni por la mitad de esos efectivos. Su venganza fue luego mezquina, y la muerte de Álvarez de Castro alevosa y un baldón para el prestigio francés.

La Deriva

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