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El Cultural – Juan Gris, Maria Blanchard y los Cubismos (1916-1927)

El Cultural – Juan Gris, Maria Blanchard y los Cubismos (1916-1927)

Esta semana hemos estado en el museo Thyssen viendo la exposición sobre Juan Gris, Maria Blanchard y los Cubismos (1916-1927). Richerdios.

Juan Gris, Maria Blanchard y los Cubismos (1916-1927)

Del 6 de octubre de 2017 al 25 de febrero de 2018. Artistas: Juan Gris, María Blanchard, Manuel Ángeles Ortiz, Francisco Cossío, Salvador Dalí, Albert Gleizes, Julio González, Vicente Huidobro, André Lhote, Jacques Lipchitz, Jean Metzinger, José Moreno Villa, Benjamín Palencia, Joaquín Peinado, Pablo Picasso.
Con esta exposición se quiere descubrir uno de los momentos más apasionantes del arte del siglo XX: la redefinición del cubismo más allá del período (1907-1914) en el que Pablo Picasso y George Braque, creadores del movimiento, desarrollaron su revolucionaria propuesta artística, que cambió para siempre la forma de ver el mundo a través de una obra de arte. Así, con el inicio de la Primera Guerra Mundial y hasta finales de los años veinte, otros artistas tomaron el relevo de los creadores del movimiento, haciendo que el cubismo tuviera una segunda vida, intensa y plena de creatividad. Los protagonistas serán Juan Gris, figura capital para comprender la transformación del cubismo en esos años, María Blanchard, cuyo papel principal en ese movimiento quiere destacar esta muestra, y varios artistas con los que ambos tuvieron amistad y sintonía creativa, como el escultor Jacques Lipchitz, los pintores Albert Gleizes y Jean Metzinger y el poeta Vicente Huidobro. Este es el panorama que, con un discurso inédito, analiza esta exposición, en la que se han reunido más 60 obras, entre pinturas, esculturas, dibujos y material documental. El discurso, estructurado en tres secciones comienza con un diálogo entre Gris y Blanchard, a través de numerosos ejemplos sobresalientes de su pintura sintética, geométrica y plana. La contextualización de su obra junto a la de otros grandes maestros del siglo XX con los que compartieron horizontes creativos conforma el segundo capítulo de la muestra, que se cierra con una representación de artistas de la primera generación de la vanguardia española —Dalí, Moreno Villa, Palencia, Peinado, Ángeles Ortiz, Cossío—, que tuvieron su acercamiento inicial a la modernidad a través del cubismo, y sobre todo del de Juan Gris.
José Victoriano González, «Juan Gris», es el décimo tercer hijo de una familia de prósperos comerciantes instalada en Madrid. En 1902 realiza sus primeras colaboraciones como ilustrador de revistas. Tras recibir nociones pictóricas del académico José Moreno Carbonero, en 1906, animado por su amigo Daniel Vázquez Díaz, decide marchar a París, instalándose en la rue Ravignan de Montmartre, en el edificio conocido como «Bateau-Lavoir», donde vive Pablo Picasso y donde Juan Gris residirá hasta 1923. Enseguida traba mistad con el núcleo intelectual del cubismo, los escritores Guillaume Apollinaire, Max Jacob y André Salmon, así como con el pintor Georges Braque y el crítico Maurice Raynal. En sus primeros años parisinos, trabaja como caricaturista para diversas revistas y periódicos (L’Assiette au Beurre, Le Cri de Paris, Le Témoin, Papitu) y asiste en primera fila al nacimiento del movimiento del cubismo analítico, liderado por Braque y Picasso. En 1911 realiza sus primeros tanteos cubistas –eje central de toda su producción posterior– en los que ya se percibe el interés racionalista por la raigambre compositiva, el gusto por la solidez y una nítida definición de los objetos que parecen prefigurar el cubismo sintético. Como miembro del clan cubista, expone en los Indépendants y con la Section d’Or en la galería La Boétie en 1912, y ese mismo año firma un contrato de exclusividad con el marchante Daniel-Henry Kahnweiler, que se convertirá en su gran amigo y principal biógrafo, y que le supone entonces una promesa de seguridad económica. En los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, Juan Gris explora con éxito diferentes técnicas para su pintura, marcados silueteados en los objetos, coloridos brillantes, composiciones mediante bandas verticales y oblicuas, collages y papiers collés… El estallido de la guerra le sorprende en Colliure, donde pasará unos meses en compañía de Matisse, y a su regreso a París se verá desasistido por el exilio forzoso de Kahnweiler, agudizándose sus problemas económicos, pese a la ayuda pecuniaria de sus amigos norteamericanos Michael Brenner y Gertrude Stein. En 1916 establece un contrato con el marchante Léonce Rosenberg, quien le dedicará una importante exposición monográfica en su galería L’Effort Moderne, en 1919. Esos años son los de mayor fecundidad creativa, el denominado «período arquitectónico» de Juan Gris, un cubismo sintético donde los objetos están representados con la mayor sencillez, de colorido armónico, en el que todas las partes del cuadro cooperan en su unidad y donde se muestra cierta intención clasicista, con referencias a Corot y Cézanne, por ejemplo. Alterna su actividad en París con estancias en Beaulieu, la tierra de su mujer Josette, donde le visitan sus amigos Lipchitz, Blanchard, Metzinger o Huidobro. Por su maltrecha salud, a partir de 1920 pasa los inviernos en el sur de Francia (Bandol, Céret y Toulon). Ese año retoma su relación comercial exclusiva con Kahnweiler y expone por última vez con el grupo cubista en el Salon des Indé- pendants. Inicia entonces Gris una nueva etapa creativa, con sus series de arlequines y pierrots y las naturalezas muertas con ventanas abiertas, en las que funde exterior e interior en el mismo plano. Tras la guerra su obra gana en rotundidad, se advierte un gusto por los volúmenes redondeados y una deriva a la monumentalidad serena y clasicista. En 1923 realiza escenografías para los ballets rusos de Diaghilev y traslada su residencia a Boulogne, donde lleva una vida tranquila y laboriosa. En 1924 pronuncia en la Sorbona la conferencia «Sobre las posibilidades de la pintura», fundamental para entender su pensamiento artístico. Tras unos años de graves problemas de salud, en 1927 fallece repentinamente. Ejemplo de modestia, honradez, rigor y coherencia, las cualidades humanas de Juan Gris ayudan a traducir su inmensa obra, apenas diecisiete años de pintura.
Buscando la vanguardia artística de su tiempo, María Blanchard llegó por primera vez a París en 1909, aunque no entraría en contacto con el cubismo hasta su segunda estancia en la capital francesa, entre 1911 y 1914, y su pintura no se integraría plenamente en este movimiento hasta su instalación definitiva en la ciudad, a partir de 1916. Hasta entonces, su arte había oscilado entre la tradición y la modernidad, por influencia de sus maestros en Madrid (Sala, Álvarez de Sotomayor, Benedito), de Anglada-Camarasa y Kees van Dongen, con quienes completó su formación en París y aprendió un uso del color pleno que mantendría en sus obras de madurez, y de su amigo, el pintor mexicano Diego Rivera, que estimula su acercamiento al cubismo. A través de Van Dongen conoció en 1912 a Juan Gris, con quien tuvo una estrecha amistad y comunión intelectual y creativa, decisiva para la orientación de su pintura hacia el cubismo desde 1916. Pues, si bien en los años en que su producción se desenvuelve dentro de la segunda vida de este movimiento (1916-1920), Blanchard comparte camaradería, afinidades artísticas e incluso, en algunos casos, estudio, entre otros con Rivera, Lipchitz, Lhote, Metzinger y Severini; con Juan Gris, con quien convivirá en su casa de Beaulieu en el verano y el otoño de 1918, mantendrá una sintonía plástica que incluso llevaría a que después de fallecidos ambos a que algunas de sus obras fueran atribuidas a Gris. Su pintura, aunque vinculada por tanto al estilo sintético de Juan Gris, con el que comparte modelos, temas, recursos e ideales estéticos es, sin embargo, muy personal y se caracteriza por su sentido constructivo, su uso de los planos, su austeridad y equilibrio y su trabajo con el color, su principal aportación al segundo cubismo, del que sin duda Blanchard ha de ser considerada figura protagonista y en el que realizó algunas de las mejores creaciones de su carrera. Como los grandes representantes del cubismo, contó con el apoyo del marchante Léonce Rosenberg, con quien tuvo contrato entre 1916 y 1920 y en cuya galería, L’Effort Moderne, hizo su primera exposición individual en 1919, con la que culminó su período cubista. En 1920, y coincidiendo con el distanciamiento general de los cubistas del movimiento que los había unido, Blanchard comienza una nueva etapa en su pintura, con la protección de André Lhote. Se orientará entonces hacia una producción figurativa, de «vuelta al orden», que seguiría siendo, sin embargo, deudora de sus años en el entorno de Gris.

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