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El Cultural – La Caza

El Cultural – La Caza

Esta semana hemos estado en la videoteca viendo la película “La Caza” de Carlos Saura. Richerdios.

 

La Caza

 

Título original. La caza

Año. 1966

Duración. 93 min.

País. España

Dirección. Carlos Saura

Guion. Angelino Fons, Carlos Saura

Música. Luis de Pablo

Fotografía. Luís Cuadrado (B&W).

Reparto. Ismael MerloAlfredo MayoJosé María PradaEmilio Gutiérrez Caba,Violeta GarcíaFernando Sánchez PolackVioleta GarcíaMaría Sánchez Aroca

Producttora. Elías Querejeta

Género. Drama | CazaAmistad

Sinopsis. Tres amigos van de caza a un coto que fue escenario de una batalla durante la Guerra Civil. Todos ellos están pasando por momentos difíciles, separaciones, problemas con el alcohol, de modo que lo que iba a ser una tranquila jornada de caza se convierte en un enfrentamiento entre los tres.

Premios. 1966: Festival de Berlín: Oso de Plata – Mejor Director

 

Oso de Plata. No fue de oro porque los contactos de Polanski le permitieron imponerse a Saura y a Satyajit Ray. Ganó, además, otros tres premios españoles de menor repercusión.
Tres actores de los mejores de su tiempo, un director que alcanzó su culmen artístico, un montón de técnicos competentes, y ya tenemos una película para el recuerdo, una de las mejores de nuestra filmografía autóctona, aunque eso tampoco sea decir mucho si nos comparamos con otros países. La jugada que propone Saura se resume sucintamente: un experimento etológico-fílmico con un acabado muy académico. Las críticas sociopolíticas metafóricas de tendencias izquierdistas, sobre todo visuales (despiadados aburguesados que abaten salvajemente a indefensos conejos, un coto yermo por culpa de la despreocupación de su dueño, el cadáver republicano que se quiere olvidar…), la cuidada fotografía, un montaje notable, del que destacan las reflexiones internas de los personajes, y una música grotesca idónea, contribuyen a esa perfección estilística. Pero la aproximación costumbrista a la España de posguerra, aun siendo muy relevante, no alcanza la misma importancia que el desarrollo dramático, califiquémoslo como universal, de las relaciones entre los tres amigos. Nunca llegaremos a saber qué negocios se traían entre manos, pero la desesperación de José, el egoísmo de Paco y la indiferencia de Luis, son actitudes que no combinan bien con una jornada cinegética, aquí y en el resto del mundo. Es de destacar la apocalíptica advertencia de Luis: «Llegará un día en que los conejos se coman al género humano. Nos invadirán y formarán una nueva civilización. Y, como son más pequeños que nosotros, habrá lugar para todos, y la lucha de clases desaparecerá, y no habrá más envidia. Y así se arreglará el mundo. Pero antes sostendrán una gran guerra con las ratas». Rodada en unos momentos en que la dictadura franquista se hallaba en medio de una incipiente apertura al exterior que coincidió con la llegada de la década de los sesenta, es lo que tradicionalmente ha dado en llamar la crítica una película “de personajes”, es decir, un filme que se estructura en base a la tensión dramática entre dos o más personajes y que depende básicamente del diálogo para expresar dicha tensión. Tres amigos deciden reunirse, pasados algunos años, para salir de caza como antaño solían hacer, pero no tardarán en comprender que las cosas han cambiado entre ellos de manera definitiva y que no es posible recuperar el pasado.
Bajo el abrasante sol de Toledo –elemento recurrente del film, que subraya constantemente la situación extrema en la que se están colocando los personajes–, van aflorando gradualmente los rencores, las diferencias y las envidias. Todo ello desembocará en la dantesca escena final en la que los tres protagonistas acabarán masacrados los unos por los otros en una orgía de violencia y sangre. La cacería actúa, sin duda, como una metáfora de la Guerra Civil, el principal tabú entre los tres amigos, al que aluden en más de una ocasión sin querer profundizar demasiado en él. Así, organizan la caza como si de una operación militar se tratase, con la cámara recreándose en la minuciosa preparación de las armas que llevan a cabo. A esta visión castrense de la actividad de la caza se une la matanza indiscriminada de conejos, filmada con una gran crudeza, que incide en la naturaleza violenta de los tres protagonistas y nos va preparando sutilmente para el terrible desenlace final. La Guerra Civil es el gran silencio de la película. “La caza” es una película en la que las alusiones son fundamentales: aquello a lo que se alude pero no se dice es, a veces, mucho más importante que lo que sí articulan los personajes. Arturo es el otro gran silencio del film, la otra ausencia relevante, el personaje que debería participar en la cacería pero que no puede. De él sabemos que se suicidó a causa de cierto desfalco que cometió, pero muy pocos datos podemos recabar sobre él porque los demás personajes aluden a su caso de manera muy superficial. En definitiva,  “La caza” constituye una obra maestra del cine español, una película producto de su tiempo y realizada en un período en el que era imperante que los directores fuesen cuidadosos e imaginativos para poder contar sus historias en imágenes salvando el escollo de la censura. Al igual que en “Un chien andalou” de Buñuel, en “La caza” la violencia aparece tratada de una manera metafórica, casi lírica, a menudo latente, pero sólo patente –y en toda su crudeza y esplendor– en el desenlace.

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