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El Cultural – La Corte de Carlos IV

El Cultural – La Corte de Carlos IV

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “La Corte de Carlos IV”: el segundo libro de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

La Corte de Carlos IV

 

Siguen las aventuras de Gabriel Araceli, ahora en la capital donde, por un anuncio, entra al servicio de una cómica del teatro del Príncipe, llamada Pepa González, y cuyo actor principal es el histórico Isidoro Maíquez, gran figura de la escena, pero hombre muy vanidoso y engreído. En el servicio de su ama, Gabriel asiste al estreno de “El Sí de las Niñas” de Moratín y, aunque su papel allí es patear la obra, encuentra en ella valores que renuevan el género. Además, conoce a dos damas de la aristocracia, a las que les gusta mezclarse con gentes de inferior categoría, según costumbre arraigada en las clases elevadas, y a las que él llama Lesbia y Amaranta, que ocultan nombres conocidos de la nobleza española. A una de ellas, Amaranta, se la identifica bien con la duquesa de Alba. Además, conoce a Inés, una chica muy sencilla y buena, que tiene una agudeza especial para ver claros los asuntos y es muy prudente y despierta y da buenos consejos a Gabriel. Éste entra al servicio de Amaranta, quien le lleva a El Escorial, donde asiste en Palacio al complot de Fernando, entonces Príncipe de Asturias, para derrocar a Godoy y relevar a su padre, Carlos IV, del reinado, asesinando a su madre. Descubierta la conjura, Fernando es apresado y, en su vileza y cobardía, pide perdón a sus padres y acusa a sus partidarios, pero el pueblo en general sigue siendo su partidario, pues odian a Godoy y no ven el peligro de que Napoleón haya metido ya veinte mil hombre en España con la disculpa de conquistar Portugal, no se sabe bien para qué. Lesbia y su amante, Juan de Mañara, están en ese complot, pero son exonerados porque conocen secretos de Godoy y de la reina, y también de Amaranta, que es fiel a los reyes pero ha tenido una hija secreta cuando se dejaba pintar desnuda por Goya. Esta hija luego parecerá que es Inés. Amaranta propone a Gabriel, que quiere encumbrarse, que desde casa de Pepa vigile los amores de Mañara y Lesbia, y él no acepta eso que va contra su honor, pero, por una serie de casualidades, se entera de muchos secretos de Estado y de alcoba, y también del complot de Fernando, con lo que de paso nos enteramos nosotros. Mañara le da una carta para Lesbia y la respuesta de ésta no puede ser entregada al haber sido aquel encarcelado. Regresa Gabriel a Madrid para participar, como Pésaro, en una mala traducción de Otelo, que se va a representar en casa de una marquesa, tía de Lesbia. La carta ya la tiene Pepa, que se la ha quitado a Gabriel y es una respuesta en que se hace de menos a Isidoro, con el que tontea Lesbia y el cual se ha enamorado de ella. Pepa, enamorada de Isidoro y loca de celos, durante la obra da la carta a Isidoro (Otelo, en la obra), y éste quiere hacer de verdadero Otelo y matar a Lesbia (Desdémona), pero Gabriel lo impide poniéndose delante y, además, luego chantajea a Amaranta con el asunto de su hija y recupera la carta, que le da a Lesbia. Isidoro y Pepa se van juntos. Muere Juana, la supuesta madre de Inés, y, antes de hacerlo, confiesa a su cuñado, el padre Celestino, que Inés no es hija suya, pero no le da tiempo a decir el nombre de la madre. El padre Celestino recibe un cargo en Aranjuez, que le ha conseguido Gabriel de Amaranta, cuando estaba a su servicio, y que esperaba hace años. Ahora Gabriel se dispone a proteger a Inés.

                Genial Galdós en este Episodio, el segundo, escrito en abril y mayo de 1873, a continuación del anterior. Con una maestría singular y llevándonos de la Historia a la novela, y viceversa, sin que nos enteremos, nos sume en un relato cautivador y que nos prende desde las primeras páginas y nos tiene en suspenso para conocer el desenlace, que no será más que provisional, ya que las andanzas de Gabriel continuarán en toda la serie. Ahora se define ya más el carácter del protagonista, que con la edad adquiere cierta cordura, aunque se equivoca muchas veces, y, su ansia de subir deprisa, le hace cometer muchos fallos, que luego enmienda. Por casualidad se entera de muchas intrigas palaciegas, pero sale indemne de ellas, así como de los enredos de alcoba, los adulterios y los amores contrariados de que es testigo y, a veces, involuntario partícipe. Hay personajes muy bien definidos, como el del tío de Amaranta, el marqués diplomático y retirado, que siempre presume de estar enterado de todos los secretos nacionales e internacionales y pide mucha discreción y que no le obliguen a contar nada, cuando nada sabe. Insigne la figura del Pacorro Chinitas, el amolador, senequista y sabio, sin saber leer, ni escribir, pero que, en su cordura natural, adivina lo que va a pasar en España por la mala cabeza de los gobernantes y la simpleza de la mayoría del pueblo. Aparece la figura del padre Escoíquiz entre los intrigantes contra Godoy, personaje que ya vimos en El Audaz. Interesante es también la figura de Pepa, la cómica, creemos que imaginaria, coqueta y enamorada del cómico Maíquez, este personaje real del que ya hemos hablado. Y,  cómo no, de las dos damas nobles, Lesbia y Amaranta, amigas y enemigas, pues militan en facciones opuestas y además tienen rivalidades personales a causa de su belleza, que es en ambas acusada. Las dos son enredadoras y producto de la corte corrupta e intrigante. Gabriel sabe nadar y guardar la ropa y salir indemne de todo. Episodio de los más entretenidos y, aunque el folletín salte al final en la oscura historia de Inés, eso no desdice en nada de los méritos de la obra y contribuye a crear una cierta intriga para el siguiente episodio.

La Deriva

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