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El Cultural – La furia del color. Francisco Iturrino (1864-1924)El baño (Sevilla), una de las obras del pintor de Santander

El Cultural – La furia del color. Francisco Iturrino (1864-1924)

Esta semana hemos estado en el museo Thyssen contemplando las exposiciones temporales dedicadas a Matisse e Iturrino. Richerdios.

 

Museo Carmen Thyssen Málaga C/ Compañía nº 10. 29008. Málaga Tel: +34 952 21 79 64 Móvil: +34 629 259 107 Horarios: De martes a domingo de 10 a 20h.
Tarifas: General: 4,50 € Reducida: 2,50 €

 

La furia del color. Francisco Iturrino (1864-1924)


Del 6 de octubre de 2018 al 3 de marzo de 2019

 

Artistas: Francisco Iturrino. André Derain, Hermen Anglada-Camarasa, Darío de Regoyos, Juan de Echevarría, Isidre Nonell, Ignacio Zuloaga, Manuel Ortiz de Zárate, Henri Matisse, Maurice de Vlaminck, Fernando de Amárica, Ismael Smith, Daniel Vázquez Díaz.

 

Con esta exposición, desde el Museo Carmen Thyssen Málaga se rinde homenaje a Francisco Iturrino (Santander, 1864-Cagnes-sur-Mer, 1924), uno de los artistas principales de la Colección permanente, y contribuir a saldar una deuda histórica, el injusto silenciamiento de un pionero de la vanguardia española del primer cuarto del siglo xx. Las piezas que aquí se presentan, una cuidada selección de obras de procedencia diversa que obedece a criterios de calidad y fidelidad al discurso expositivo, revelan la riqueza y variedad de la pintura de Iturrino. Un personaje singular y cosmopolita, muy bien relacionado con la modernidad artística e intelectual de su tiempo, y que es, en palabras de Ramón Gómez de la Serna, «por una profunda paradoja, el hombre del Norte que es el pintor más meridional». La furia del color constituye el diario pictórico de un artista nómada, cuyo capítulo principal narra el decisivo contacto del pintor con la luz y el color del sur. Este feliz hallazgo significará la superación de la estética bohemia y simbolista de su primera etapa belga y parisina, en favor de una obra original que, aun tomando sus motivos del folclore español, se decanta por el uso vibrante y expresivo del color, en sintonía con la pintura de los fauves. Es esta potencia cromática la mayor aportación artística de Iturrino, una pintura libre de ataduras, protagonizada por monumentales desnudos femeninos, exquisitos bodegones y exuberantes paisajes. Una emocionada idealización del sur que alcanza su cénit en la prodigiosa visión del malagueño Jardín de La Concepción. Por último, se muestra aquí la obra de Iturrino desde una perspectiva inédita, al plantear una serie de diálogos con las creaciones de algunos de sus contemporáneos y amigos más relevantes –Matisse, Derain, Zuloaga o Regoyos–, lo cual, además de poner de manifiesto las interesantes afinidades electivas entre artistas semejantes, refuta el mito del artista marginal que trabaja a contrapié de su época.

 

Henri Matisse. Jazz

 

A partir de la década de 1940, el deterioro de su salud y las dificultades para pintar llevan a Henri Matisse a una nueva fase de investigación creativa, en la que el collage con papiers découpés (papeles recortados) de colores se convierte en su principal medio de expresión. A este brillante capítulo final de su carrera pertenece Jazz, un innovador y experimental libro del artista, un «manuscrito con pinturas modernas, el más hermoso libro jamás realizado sobre el color», en palabras de su editor, Tériade. Publicado en 1947, la idea del libro surgió en 1942, a raíz de los primeros collages realizados por Matisse para la revista Verve, dirigida por el propio Tériade. Pieza maestra en su género, Jazz cuenta con veinte ilustraciones. Para su edición a partir de los collages originales que Matisse realizó con recortes de papeles pintados con gouache, se recurrió al estarcido, con plantillas para reproducir las distintas formas y el efecto de superposición y utilizando los mismos pigmentos. El resultado de este laborioso procedimiento manual fueron unas muy cuidadas y hermosas ediciones, realizadas una a una, por lo que cada ejemplar es único. En 1947 se hicieron dos tiradas, una de 100 ejemplares sin texto, como la aquí expuesta, prestada por el Musée Fabre de Montpellier (Francia), y 250 acompañadas de notas manuscritas a pincel por el propio artista. Pese a lo novedoso de su técnica, Jazz refleja una continuidad con la pintura de Matisse, en el uso del color como elemento expresivo y compositivo, y en su gusto por lo decorativo. Todo ello se renueva aquí en composiciones de colores planos, puros y vibrantes, de los que el artista extrae con sus tijeras siluetas esenciales, flexibles, dinámicas, ligeras, agrupadas en «improvisaciones cromáticas y rítmicas» que evocan visualmente los sonidos de la música jazz. Las figuras, elementos vegetales, arabescos y siluetas abstractas de la edición, inspiradas por el circo, cuentos populares o recuerdos de viajes del artista, forman una melodía de colores. Sin una sola línea y sin pinceles, dibujando con un par de tijeras, Matisse se reinventa como pintor y logra los más sorprendentes efectos plásticos.

Una de las figuras de Matisse

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