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El Cultural – Los Cien Mil Hijos de San Luis

El Cultural – Los Cien Mil Hijos de San Luis

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “Los Cien Mil Hijos de San Luis”: el quinto libro de la segunda serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

Los Cien Mil Hijos de San Luis

Galdós presenta este episodio como las memorias de Jenara de Barahona, divididas en dos partes, figurando que se ha perdido una entre ambas, que rellena el propio autor. Por ellas nos enteramos de que fue la propia Jenara, ya separada definitivamente de Fernando Navarro, alias Garrote, la que conspiraba en el domicilio de Naranjo, en unión de Víctor Sáez, el confesor de Fernando VII y otros realistas y que, descubierta la conspiración, hubieron de huir, y con ella fue con quien se marchó Salvador Monsalud, dejando a su madre y a Solita, al final del episodio anterior. En su huida, pues no otra cosa fue lo que hizo Jenara, Salvador la acompañó hacia Francia con el propósito de regresar apenas la dejara a salvo, pero, por el camino, se entregaron a las delicias de amor, en las diferentes etapas de su trayecto por Castilla y Aragón. Por esas zonas más al norte ya había muchas partidas de realistas y se encontraba segura Jenara, pero no Salvador. Éste fue apresado en Benabarre, cerca de Barbastro, por Regato y, a pesar de los intentos de Jenara por liberarle, no lo logró. La presencia de su marido cuando iba a llegar hasta el guerrillero el Manco, la hace temblar. Huye a Francia, aunque el marido no la ve, olvidándose de Salvador. Éste es maltratado durante seis meses y eso ya no se relata en las memorias. Es liberado por las tropas liberales, que mandaba en el norte Francisco Espoz y Mina. Lo encuentran en lamentable estado en un pueblo cerca de la Seo de Urgel, lugar en que se estableció la Regencia absolutista y a la que combatían las tropas liberales. Esta Regencia la formaban Mataflorida, el barón de Eroles y don Jaime Creux. Salvador se incorpora al ejercito de Mina y se encuentra a Pipaón, que está en misión oficial y siempre con los que van ganando y dispuesto a cambiar de bando antes de que la tortilla dé la vuelta. Pipaón le comunica que su madre ha muerto, y el dolor y el remordimiento de Monsalud es grande. Sabe también que Sola le espera todavía. Siguen aquí las memorias de Jenara, con la entrada de Mina en la Seo de Urgel, y aquella se ve en peligro porque además los franceses, dispuestos a intervenir ya, tampoco la quieren, y las ideas del rey nadie las conocía. Jenara va a París y llega a ver al rey Luis XVIII, ya que llevaba una misión oficial de la Corte española. También habla personalmente con Chateaubriand. Se ha decidido ya, por Francia, en nombre de la Santa Alianza con Prusia, Austria y Rusia, enviar a España un ejército de cien mil hombres, que se llamaron “Los Cien Mil Hijos de San Luis”, a las órdenes del duque de Angulema, para reponer en el torno a Fernando y mantener un absolutismo templado al estilo francés. Este ejército hizo una especie de paseo triunfal por el norte de España, sin apenas resistencia. Jenara viene una parte del tiempo con las tropas y en Irún conoce a Francisco Tadeo Calomarde, que tanto influirá después en las cosas del reino. También la protege un militar francés, que se ha enamorado de ella, el conde de Montguyon. Se encuentra a Pipaón, que le da noticias de Salvador y una carta de él, y así sabe que va camino de Madrid y comienza a seguirle. Al llegar a Madrid, lo busca, pero Solita, a la que visita, aún no lo ha visto tampoco, y, en un acto de bajeza, hace que la muchacha vaya a buscarle a tierras de Alicante, haciéndole creer que lo ha visto allí y enseñando la carta en la que sustituye el nombre de Urgel por Vergel. La muchacha se va presurosa en busca de Salvador y Jenara tiene así el campo libre, pero no logra verle en Madrid. Salvador ha de salir hacia el sur con las tropas que custodian al rey y al Gobierno, y que huyen de la invasión llevándose al soberano como rehén, aunque el asunto se disfrazase. Aquí comienza la peregrinación de Jenara en pos de Salvador, que se le va marchando, sin poderlo encontrar nunca, y, cuando ya está a punto de lograrlo, siempre se le escapa por unos minutos o unas horas. Así llega a Sevilla, en cuya ciudad tiene lugar la declaración por las Cortes de que el poder ejecutivo lo ostentara una Regencia, al no estar el rey capacitado moralmente, ya que el monarca se obstinaba en no salir de la ciudad, que se encontraba amenazada. Posteriormente, se le declara demente y así se evita tener que ejecutarle, como dice el marqués de Falfán de los Godos, el esposo de Andrea, la cual también está en la ciudad y se entrevista con Salvador. El marqués no deja en paz a Jenara, y ésta no sabe cómo deshacerse de él. Cuando Jenara se entera de que Salvador ha estado con Andrea, monta en cólera y cae gravemente enferma del disgusto y los celos. Una vez repuesta, va hasta Cádiz, a donde se traslada la Corte y el Gobierno, en un barco de vapor, innovación de la época. Jenara quiere que su amigo el francés busque a Salvador, contándole la historia de que es un antiguo criado que le ha robado. Cádiz es sitiado y bombardeado y más tarde ocupado, y Salvador hecho prisionero, y, cuando Jenara lo ve, le cuenta la verdad a su amigo el francés, que primero se enfada al verse burlado en sus amores, pero luego sale su parte caballeresca y salva a Monsalud y la mete en un barco inglés con destino a Gibraltar, para evitarle la muerte. Jenara iba a ir con él y en ese momento es detenida por orden de Víctor Sáez, el confesor del rey, pues ha empezado el desquite y las promesas de perdón de Fernando se hacen humo. La década ominosa comienza.

Es éste un nuevo episodio en que se mezcla lo novelesco y lo histórico, de una forma total, y quizá, aún más amalgamado que en ocasiones anteriores. Los sucesos que se van relatando en la ficción llevan un absoluto paralelo con lo histórico. Poco hay que destacar, ya que en el argumento hemos dejado relatado casi todo. En este episodio, y por ser la narradora, es Jenara la protagonista principal, y ella confiesa sin pudor su absolutismo, pero también su interés por la causa liberal y sus cambios de humor para la política, conforme van los sucesos de su corazón. Enamorada, o más bien encaprichada o apasionada por Salvador, también es capaz de dejarle solo a su suerte cuando su marido aparece, y luego de enviar a Solita, en una acción nefanda, hasta tierras alicantinas, donde no va a encontrar a Salvador. Ella comienza una peregrinación, que es como una expiación, para no conseguir encontrar a Salvador y casi morir de celos, y al final ser apresada como víctima de los mismos para los que ha trabajado y se ha movido. Sigue pues su carácter voluble y muy apasionado en unos momentos, para después cambiar de opinión, especialmente en los asuntos públicos, para los que a menudo muestra un gran desapego. Deja que el francés la corteje mientras sirve a sus propósitos, pero al final tiene la nobleza de confesarle la verdad, con lo que es mejor servida. Salvador continúa su peregrinaje y la mala suerte le sigue acechando, y de nuevo cae preso y es martirizado. Al final, en Cádiz, es herido, aunque levemente, y apresado. El francés lo salva de la condena a muerte. Éste es el típico quijote que sirve a una mujer, aunque ha sido engañado y burlado por ella, y devuelve bien por mal tan sólo para halagar su vanidad de caballero. Aparecen múltiples figuras históricas, casi todas conocidas ya anteriormente. Lo que destaca, como premisa fundamental, es la cobardía del rey, su apego al absolutismo y la poca eficacia del gobierno de Martínez de la Rosa, al que llaman Los Siete Niños de Écija, que le secuestra y lo lleva por Andalucía en huida, pero no es capaz de tomar una decisión más drástica. También se contempla el grito del pueblo español, ya cansado de los errores del liberalismo y que ha cambiado de opinión. Las turbas gritan ahora “vivan las caenas“, y dan salvas al rey absoluto. El terror, que va a traer la venganza de un rey despreciable como Fernando, comienza ya, y eso es asunto del siguiente episodio.

 

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