El Cultural - Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis - El Sol Digital
El Cultural – Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

El Cultural – Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Esta semana hemos visitado la biblioteca para leer la novela de Vicente Blasco Ibáñez: “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”. Richerdios.

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Marcelo Desnoyers, francés emigrado a Argentina, entra al servicio del rico hacendado español Julio Madariaga, poseedor de inmensas tierras en las que cría ganado. Con el tiempo llega a ser su administrador y el hombre de su total confianza, y más adelante se casará con una de sus dos hijas llamada Luisa. Al servicio de Madariaga entra también, por elección de éste, un emigrante alemán llamado Karl Hartrott, el cual pasa a ser un subordinado de Marcelo. Con el tiempo el alemán, que ha sido militar y de origen noble y ha tenido que huir de su país, para evitar el deshonor por su conducta delictiva, logra ganar el amor de la otra hija llamada Elena, a la que apodan la romántica, y ello contra la voluntad y con la oposición de Madariaga, que hace salir de su casa a Karl y a la hija, y sólo los acepta de nuevo, aunque con renuencia, cuando el alemán engendra hijos, y eso con el apoyo de Marcelo. Un tiempo después muere Madariaga y la mayor parte de la herencia queda para Luisa y su marido, aunque la otra hija también tiene su parte importante. Dado el inmenso caudal dejado por el hacendado, Karl y su esposa pueden regresar a Alemania con sus hijos e hijas, y Julio, que al final ha tenido un hijo, Julio, y una hija, Luisa, de apodo Chichi, hace lo propio, regresando a Francia, pero con la diferencia de que el primero ha liquidado toda su herencia y con el producto ha invertido con suerte en Alemania y ahora es también rico, y el segundo continúa con sus propiedades en Argentina, siendo también inmensamente rico. Se establece en París y allí posee una gran casa y muchos objetos de valor, y además compra un castillo en Vileblanche sur Marne, que también decora profusa y ricamente. Ya mayores sus hijos, Julio, que tiene una bella estampa y baila muy bien el tango y además pinta, se independiza y vive en otra casa con un amigo y confidente: el español Argensola, y tiene mucha relación con un amigo del éste, cuya vivienda está en el mismo edificio, el ruso Tchernoff, un peculiar anarquista y filósofo. Julio es un bon vivant que tiene una amante, la cual va a divorciarse de su marido y cuyo nombre es Margarita, y el del marido, Lacour. A su vez, Chichi está enamorada del hijo de un senador, amigo de Marcelo, llamado René Laurier. La familia de Alemania y la de Francia, aunque no tienen mucha relación, se han visitado alguna vez en ambos países, pero la distancia entre ambos es ya patente y la belicosidad alemana hace más profunda la brecha. Ha pasado ya un tiempo desde que Marcelo regresara a París, y estamos en 1914. Los alemanes se están preparando para la guerra y Bismarck y todo el ejército prusiano listos para la gran ofensiva. Estalla la guerra y Bélgica es invadida, y el ejército alemán quiere ocupar París, pero son detenidos y obligados a una retirada en el Marne y la guerra se estabiliza en las trincheras. La familia, menos Julio e incluso Elena, que se ha quedado en París oculta en la casa de su hermana, van hasta Biarritz, y don Marcelo llega a su castillo y allí puede ver, al tiempo que la destrucción del mismo y lo que contiene, todos los horrores del paso del ejército alemán y de su retirada, salvando la vida de milagro. Ya en París de nuevo, se entera de que su hijo se ha alistado, a pesar de no ser de nacionalidad francesa, abandonando su dejadez y su buena vida, e impelido sobre todo porque Margarita ha vuelto con su marido, al saber que, en los combates, ha quedado casi ciego, y eso él mismo lo ha visto en un viaje a Lourdes, donde Margarita cuida de su esposo. La familia, ya pasado el peligro en París, ha regresado, y Elena ha logrado llegar a Alemania. Más tarde se enteran de la muerte de algunos hijos de Karl y Elena y de otros miembros de esta familia, con alguno de los cuales se vio Marcelo en el Marne. René pierde un brazo y Chichi lo cuida. Julio muere en uno de los combates y la novela termina con la visita de toda la familia a la tumba de éste en la zona de guerra y muerte. Es esta probablemente una de las novelas más famosas del autor y una de las de mayor calidad literaria, tal vez junto a alguna de las de ambiente valenciano. Fue escrita en el propio París, en condiciones precarias y durante la misma época en que suceden los acontecimientos. Ha sido traducida a todos los idiomas y llevada al cine en varias ocasiones. El retrato de los personajes que hace Blasco es de los más acertados del autor, desde el hacendado español Madariaga, un verdadero paradigma de los colonizadores de aquellas tierras, con un carácter fuerte y dominante, que tiene hijos naturales con las aldeanas y a los cuales proporciona trabajo y no los oculta, y que además trata a las gentes con una mezcla de látigo y amabilidad, según el momento. Son sus ataques de cólera seguidos de otros de bondad, y sus riquezas y posesiones enormes. Se prenda de las virtudes de Marcelo y no confía demasiado en Karl y lo margina cuando pretende tener los mismos privilegios que el francés, y además considera que el hecho de llevarse a su hija es como un robo. Luego se ablanda al final de su vida y deja la fortuna repartida, aunque más a favor de la casada con Marcelo. Éste es el prototipo del hombre emigrado, que logra la fortuna con su trabajo y honradez, y que regresa a su tierra ya maduro y allí conoce todos los horrores de la guerra, y, antes, la desviación de su hijo Julio hacia una vida sin sentido y sin ocupación, y, luego, cuando se alista, lo considera un héroe, al que cree inmortal, aunque, para su desgracia, sí tiene lugar su muerte. Julio es el exponente del joven alocado, que tiene fortuna y la dilapida en una vida de diversión entre la bebida y las mujeres, y que encuentra su lugar y hace algo útil, aunque la utilidad de la guerra sea discutible, cuando sufre un desengaño amoroso. Argensola es también un gran tipo de amigo fiel y perruno, que vive a la sombra de Julio y de su dinero, pero que tiene asimismo su faceta de hombre bueno y generoso y da muestras de ello. Tchernoff es otro gran tipo de anarquista ideólogo y acertado en todo lo que dice. A su lado las otras figuras de la novela se desdibujan y tienen menos peso específico, y sus retratos están más difusos, pero cumplen su papel en el desarrollo del relato. Podría destacarse a los alemanes, entre ellos a Karl, en su época de Argentina, en que, como emigrado forzoso, logra abrirse camino con el apoyo de Marcelo, y, a su vuelta a Alemania, se enriquece y colabora en la guerra de muchas formas y con gran empeño en que las hostilidades tengan lugar. Blasco realiza unas descripciones magistrales y barrocas, llenas de colorido y de gran calidad literaria en ocasiones, mayor que en otras novelas. Especialmente son destacables aquellas que tienen por marco Argentina y las labores de los campos de ese país, que el autor conocía bien, y también en las operaciones de la entrada en el Marne de los alemanas y la destrucción y saqueo del castillo, como símbolo de todo lo que hicieron, y después en su afrentosa retirada. Igualmente describe en otros capítulos la guerra de trincheras, y, más adelante, los campos de muerte en que tuvieron lugar las sangrientas batallas de esta cruel guerra, tal vez la más sanguinaria de la historia de la humanidad, incluso por encima de la segunda. La ideología y los motivos del desencadenamiento de la guerra, que pueden ser más o menos discutibles y que desde luego están vistas desde su posición pro francesa, son puestas en boca de algunos de los personajes. Especialmente digna de mención es la teoría de los cuatro jinetes del Apocalipsis: el hambre, la guerra, la peste y la muerte, que tan bien relata Tchernoff. Hay otros momentos interesantes, como la muestra de belicosidad e interés porque la guerra comience, hecha por diferentes alemanes, tanto en el barco en que Julio regresa de Argentina como de la familia entera de éste, y todo ello motivado por su ansia imperialista y sus afanes de dominar al mundo, considerándose de una raza superior, que fue la constante también durante la gestación y desarrollo de la siguiente guerra. En todo caso son acertadas, aunque se puedan discutir, algunas afirmaciones, y esto no les quita su aproximación a la verdad, si bien en ocasiones haya un exceso de filosofía de la historia, un poco traída por los pelos y al hilo de acontecimientos que pueden hace perder la perspectiva y la realidad de los motivos. Es pues una novela importante del autor y en general de la literatura de la época, y lo es tanto por la importancia y la fama que ha tenido, como por su calidad literaria como narrativa, y asimismo por su apasionamiento tanto en la toma de posiciones, como en la presentación de los acontecimientos, que mantienen el interés del lector en todo momento.

La Deriva

Deja un comentario

El email no será público.