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El Cultural – Luchana

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Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “Luchana”: el cuarto libro de la tercera serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

Luchana

 

Continúa la Dama oculta relatando a Fernando, por carta a La Guardia donde convalece de su herida, el pronunciamiento de los sargentos en La Granja y cómo, una comisión de dos de los mismos, Alejandro Gómez y Juan Lucas, más un soldado que se agregó como curioso, tuvieron una entrevista con la regente María Cristina, y allí le indicaron la propuesta que traían, y era que volviera a estar vigente la Constitución del 12. Quisieron los políticos engañarles, pero ellos no se dejaron, en especial Gómez, que era hábil, y lograron, al final, arrancarle la promesa, pero en decreto, de que se iba a discutir en las Cortes, y luego promulgar una nueva Constitución más liberal. Será después la del 37. Esto lo transmite Calpena al resto de las gentes que lo rodean. El clérigo don José María Navarridas y su hermana María Tirgo, que son tíos de Demetria y Gloria quieren casar a ésta con el noble don Rodrigo de Urdaneta Idiáquez, conde de Saviñán, y esperan la llegada de éste, su madre y su abuelo para concertar la boda, cosa que no parece agradar mucho a Demetria. Navarridas se lo cuenta a Calpena y éste asegura que le parece lógico. Un tiempo después y antes de la llegada de los visitantes, Fernando se marcha con gran dolor de todos, que salen a despedirle, y se lleva como criado a uno de la casa, Sabas, el cual le ayuda en su empeño de llegar al encuentro de Negretti, del que le dicen donde trabaja. En Trespaderne, se encuentra con don Beltrán de Urdaneta, anciano abuelo de don Rodrigo, que se ha ido de la Guardia por diferencias con su hija y nieto, pues éste es un avaro que no le da dinero y él siempre ha vivido como un gran señor, algo libertino, mujeriego y jugador, y ahora no va a cambiar. Comparten alojamiento y camino, y don Beltrán le cuenta su vida y además le hace ver que Demetria está enamorada de él y no va a aceptar el matrimonio con su nieto, de lo cual se alegra. En Medina de Pomar se despiden y don Beltrán ha hablado allí con Espartero, que ahora dirige las operaciones, y éste le ha comentado que conoce por referencias a Fernando y que él le puede ayudar. Pero Fernando sale antes, intentando llegar a Bilbao, donde se dice que va a comenzar un segundo sitio, y cerca del cual, en Bermeo y en tierras carlistas, se encuentra Aura. También se le acerca un muchacho sordo, que se llama Churi, y le da un papel en que le insta a ir pronto a Bilbao. Aquí se nos empieza presentar a la familia Arratia, a la que pertenece Churi y también Negretti. Este, que trabajaba para los facciosos, es acusado de espía, al saberse su correspondencia con Mendizábal, y salva la vida gracias a la intercesión del infante Don Sebastián. Regresa con su familia a Bilbao, y allí su salud física y mental es precaria, porque se encuentra deprimido y arrepentido, pero sus invenciones de náutica y mecánica, aunque los demás las reputen por locas, no lo son en absoluto.  La familia Arratia, que es, en una gran parte, protagonista del episodio y con la que vive Aura, primero en Bermeo, luego en una ferrería en Lupardo, barrio de Miravalles, y finalmente, en Bilbao, está compuesta por tres hermanos, Valentín, Prudencia y Sabino. El primero es el padre de Churi, que había quedado sordo de unas enfermedades, la segunda es la esposa de Negretti y no tiene hijos y el tercero tiene tres hijos, José, Martín y Zoilo. Cuando la facción los empuja, van hasta Bilbao donde resisten el segundo cerco, y Martín y Zoilo, dos guapos mozos, pero el primero más cultivado, pelean, especialmente el segundo, con gran heroísmo, y además, y por consejo de Prudencia, Martín pretende a Aura, que sigue fiel a la espera de Fernando. Pero, además, Zoilo la quiere para él, y su temperamento es tan apasionado y su voluntad tan férrea en tal menester, y además se rodea de una aureola de heroísmo, que no consiente que nadie le tuerza en este asunto, ni aun la misma Aura. También Churi la quiere, pero sabe que no puede conseguirla por su defecto. Aun así se escapa de la villa para no matar a su primo Zoilo. Éste consigue hacer dudar a Aura, y, cuando asegura a todos que ellos se quieren casar, y ante la negativa muy débil de Aura, los demás de la familia, aunque no era lo previsto, no se oponen y aceleran el asunto para que, si Fernando regresa, ya se lo encuentre todo hecho. Le indican a Aura que si Fernando no viene es porque ha muerto o porque ya la ha olvidado, pero ella quiere resistir. Sin embargo su voluntad es más débil que la fuerza de Zoilo y la boda se consuma. Se nos relata con bastante detalle el cerco de Bilbao y las diferentes operaciones, por uno y otro bando, y los heroísmos de los Arratias y de los demás bilbaínos. Luego se habla de la toma del puente de Luchana, que es por donde abren brecha las tropas de Espartero, el cual, aunque enfermo, se ha puesto a la cabeza para la última batalla, y sus hombres entran en Bilbao. Ya, a Calpena, le ha dado Churi, que ha cruzado el cerco, una carta en que le dice que Aura se ha casado. Entra Fernando con las tropas y, cuando llega a la casa que le han indicado, la encuentra cerrada.

Es un episodio escrito en 1899 y los sucesos a que hace referencia ocurren en 1836. En ellos hay una proporción parecida de hechos novelescos e históricos, pero siempre bien intercalados y teniendo su origen los unos en los otros. Destaca, sobre todo al principio, el personaje de don Beltrán, que resulta un vejete simpático y dicharachero y muy corrido de todo en la vida y que ahora no puede ver a su familia porque le tienen sin dinero, y se regodea en pensar que su nieto va a ser rechazado por Demetria. Cuenta con detalle su historia, en plena revolución francesa y en la época del Directorio, pues él era diplomático. Fernando sigue en pos de su Aura y se va de la Guardia, pero ya nos damos cuenta de que Demetria está enamorada de él, aunque nada le da a entender. Es en la familia Arratia en la que centra el episodio, y ellos son, en general, buenas gentes y nobles, pero Prudencia es muy astuta y ambiciosa y quiere que la dote de Aura y su señorío se queden en la familia, y aprovecha el mal estado físico y mental de su marido, Ildefonso Negretti, para urdir el plan de casarla con Martín, aunque éste es apocado y no se sabe explicar, no obstante su mejor educación. Zoilo es una fuerza de la naturaleza, que arrasa con todo y se queda con las voluntades de los demás. Es un carácter muy bien retratado por Galdós, que se esmera en este prototipo. Logra que nadie se oponga a sus deseos de poseer a Aura y hacerla su esposa. Para ello se juega la vida como un temerario y sale bien, se convierte en héroe de la ciudad y la lleva al matrimonio, acaso en contra de la voluntad de la muchacha, pues la acosa y le hace perder el sentido, sin que sepa ya si debe o no esperar a Fernando, y, al final, en medio de una especial situación de desánimo y de fiebre mental y física, acepta, y, sin darse cuenta apenas, se casa, o la casan. Los demás dan por bueno el matrimonio, pues Zoilo es un muchacho muy bien parecido y de gran voluntad. Fernando sale así malparado en su anhelo, y aunque aquí no se sepa con certeza, se supone que el matrimonio se llevó a efecto, y, además, así se lo escribe Churi a Fernando. Este Churi es un tipo original que ama a Aura y no se atreve a decirle nada, acomplejado por su falta de audición, y que además se expresa con dificultad. Por no matar a Zoilo en su despecho, se va de la ciudad y rompe el cerco en una barca. Quiere que Fernando llegue, pues antes de ver a Aura en manos de su primo, prefiere que se la lleve el madrileño. Negretti está dolorido por el trato recibido de los carlistas, y, además, luego, como parte de los Arratias, también arrepentido de haber ayudado a fabricar las armas y balas con que matan a sus conciudadanos. Al final aparece Saloma Ulíbarri, cuyo padre fue fusilado. Ésta apareció en la serie anterior y luego tendrá más protagonismo en esta serie. El romanticismo de la novela, continúa en todo su esplendor, y, como siempre pasa en estos casos, el destino juega malas pasadas y hace que los amantes no se puedan encontrar, y que la distancia y los acontecimientos les alejen, manteniendo el interés del lector vivo y palpitante. Galdós lo hace con gran eficacia, como ya hemos apuntado en otros episodios.

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