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El Cultural – Mendizábal

El Cultural – Mendizábal

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “Mendizábal”: el segundo libro de la tercera serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

Mendizábal

 

Aparece, desde las primeras líneas, la figura del protagonista de la serie Fernando Calpena, y lo hace envuelta en el misterio de su origen. Es un muchacho muy agraciado en todos los sentidos y muy joven, que llega a Madrid, y, nada más hacerlo, se encuentra con su vida resuelta en todos los aspectos: alojamiento, vestidos, dinero etc., pero no sabe de dónde le viene el regalo. En la lujosa fonda donde para, hace dos amigos, los dos únicos huéspedes además de él, y que son: un clérigo que espera una cátedra en Alcalá desde hace tiempo y que se llama Pedro Hillo y es una persona todo bondad. Se hace gran amigo y luego protector de Fernando. El otro se llama Nicómedes Iglesias y es un político liberal, que aspira a entrar en el Estamento, como se llama en ese momento a la Cámara de Diputados. El primer ministro es Mendizábal, que ha sido llamado para que viniera de Inglaterra, y desempeña, además de la Presidencia, cuatro carteras. Lo llaman Juan y Medio por su alta estatura, y es elegante y distinguido, aunque su cultura no es muy grande y es más bien versado en asuntos económicos. Natural de Cádiz, es un hombre inmensamente rico, que propició y logró el trono de Portugal para la liberal doña María de la Gloria de Braganza, hija del emperador del Brasil don Pedro, la cual es el equivalente aquí de Isabel, teniendo que expulsar, para ello, por las armas, a su tío don Miguel, que ocupaba el trono de manera absoluta. Ha sido la regente María Cristina, casada ahora morganáticamente, a los tres meses de enviudar, con un guardia de corps muy guapo llamado Fernando Álvarez, y con el que ya ha tenido un hijo y va camino del segundo. Ahora el Ministro intenta regenerar el país. Tiene en cartera un proyecto de desamortización de los bienes de la Iglesia, que pretende le dé el dinero que las arcas del Estado precisa. Planteada la cuestión de confianza la pierde, y vienen defecciones importantes en sus filas, como Istúriz y Saavedra, y hay enemigos políticos a la vista, como Martínez de la Rosa y Córdova, el general que acaudilla las tropas cristinas que combaten en el norte a los carlistas, en la guerra civil que continúa. Pero Mendizábal promulga los decretos de disolución de las compañías de frailes y monjas, y el de desamortización de sus bienes. Pero, además, Mendizábal protege a Calpena, al que conoció en París cuando Fernando estaba allí. Sabemos que Calpena fue criado por un cura de Vera, provincia de Navarra, y que era su padrino, o algo parecido, pues sus progenitores son para él desconocidos, y la muerte de su protector, de forma imprevista, impidió que se enterara. Lo cogen bajo su tutela familiares del cura fallecido y lo envían a Francia, donde recibe una buena educación, que complementó la que le había dado el cura. Allí fue empleado de una poderosa Banca, Ardoin, y conoció a Mendizábal, cuyo nombre era Juan de Dios Alvarez y Méndez, y su procedencia era judía, aunque pasaba por cristiano viejo. En París le sirvió de guía y, aunque no hicieron amistad, el entonces financiero le cogió simpatía. Pero ahora Fernando es espiado en la sombra por una mujer, que no se sabe quién es y que le escribe notas y le dice los caminos que ha de tomar y le envía dinero. Es seguramente la que le ha proporcionado todo, pero no se da a conocer y se especula sobre el origen noble y hasta real de Fernando y hasta se le reputa por hijo del propio Mendizábal. Albacea de una joven llamada Aura, o Aurora, es el propio ministro, y el origen de esta chica es también algo misterioso. Está viviendo en casa de una joyera, llamada Jacoba Zahón, contrahecha y de mal genio, y esta mujer tiene grandes negocios con otro joyero llamado Carlos Maturana. La chica es hija de un tal Jenaro Negretti, que parece ser corso, o hijo de corso y española. Aura nació en Inglaterra y fue traída a España y luego vivió en Malta, volviendo después a España. Tiene en la ascendencia, que ella conoce, sangre de muchas naciones, pero la mezcla ha dado como fruto una preciosidad de jovencita, que enamora a Fernando en cuanto la ve, pues va a casa de Jacoba a llevarle un paquete que contiene joyas, que en Francia le encargó lo llevara una amiga de sus protectores, llamada Aline. Ésta, luego, resultará ser espía de Mendizábal en terreno carlista, pero bastante enredosa. Fernando ha recibido un destino en el ministerio de Hacienda, con doce mil reales y eso es mucho para un joven que empieza, pero, además, Mendizábal lo ha cogido un poco como secretario particular, en unión de un hombre mayor llamado José del Milagro, que se hace bastante amigo suyo y es gran amigo de Jacoba y su contable. A Fernando todo el mundo lo mima, pues se le cree de sangre noble o real y es muy bien recibido por Jacoba, y además Aura se enamora locamente de él. La vieja, avara en sus negocios, pero no en su vida privada, ve primero con buenos ojos la relación. La mujer que espía y que envía cartas a Fernando, le dice que esa relación no le conviene. Él no acepta dejar a Aura y el propio Hillo se convierte en confidente y servidor de la enigmática mujer, que no aparece, pero le da órdenes y dinero a través de las misivas. Por su negativa a dejar a Aura, Fernando recibe orden de traslado a Cádiz, pero no acepta ir y renuncia a su puesto, con lo que entra en un periodo de dificultades económicas. Se cambia de casa, a una más modesta y vive con precariedad, lo que hace que Jacoba, ahora, se oponga a las relaciones de ambos, al creer que Fernando es un “don nadie”. Hillo, que iba a ser recompensado con la cátedra, no la consigue, pues ha hablado mal de Mendizábal al dar pábulo a las habladurías sobre si Fernando era hijo de él y de alguna persona de sangre real, o una reina. Por encargo de la dama misteriosa y con su dinero, Hillo vigila a Fernando cuando puede, y deja su vestimenta eclesiástica, vistiéndose de seglar. Fernando ha abandonado sus amistades aristocráticas y de alta política y ha entrado en los círculos de literatos y cómicos, con los que se hacen trazos de la vida literaria de la época y se habla de algunos escritores de aquellos momentos, entre ellos de Eugenio de Harzenbustch, de Larra y de Espronceda. Los amores de ambos jóvenes los ampara el criado de Jacoba, y antes de Aura, un maltés llamado Lopresti, quien se encarga de llevar las cartas de uno a otro y, cuando hay dificultades, las esconde en el sombrero de Milagro y éste sirve de cartero involuntario. Pero cuando Jacoba se opone y encierra a la muchacha, ésta quiere matarla, y Lopresti lo evita y le dice que escriba a Mendizábal, pero éste ya ha decidido quitar la custodia a Jacoba y ha llamado al tío de Aura, Ildefonso Negretti, para que venga a buscarla. Cuando Fernando está decidido y ya ha avisado a Aura de que la va a ir recoger, para marchar juntos, es encarcelado por delitos políticos, pero aunque él ha hablado fuerte en algún lugar público, éste no es el motivo, sino la mano poderosa de la dama invisible, que así quiere evitar el encuentro de los dos amantes y espera el momento de que Aura sea recogida por su tío. Pero para que Fernando no esté solo, también hace que encarcelen y metan en la misma celda a Pedro Hillo, que paga así con la prisión su entrega a la desconocida. Aquí, termina el episodio.

Escrito en el mismo año que el anterior, o sea en 1898, introduce ya al protagonista de la serie, que es el apuesto y joven Fernando Calpena, y lo rodea de un misterio muy romántico desde el principio, y hace que en su vida surja un amor con grandes dificultades, por la oposición de la dama misteriosa, que suponemos puede ser su madre. Todo ello es a propósito, y así lo quiere Galdós, muy romántico. Repetidamente se hace alusión al romanticismo de lo que ocurre en la obra y en la literatura de la época, que es plenamente romántica, como románticos son sus autores, tanto en España, como en otros países. El mayor misterio envuelve el origen de Fernando y se pueden hacer suposiciones para todos los gustos, y eso le da una aureola más romántica y enigmática. Además, está la joven, cuyos orígenes son más conocidos, pero cuya estancia en aquella casa y teniendo por albacea a Mendizábal, al que algunos atribuyen la paternidad de Fernando. Todo esto lo hace más folletinesco y propio de una novela por entregas. Pero Galdós es un genio del relato y no cae en tremendismos, ni abusa demasiado de las situaciones y, aunque no deje de ser un folletín el episodio, es un buen folletín, de calidad literaria y muy entretenido y que se lee con apasionamiento. El carácter de Fernando es el de un chico cultivado, que cuando encuentra bienes materiales los acepta, y, cuando se enamora, lo hace violentamente y, aunque hasta ese momento había aceptado los mandatos de la dama oculta, en ese punto no transige y se rebela con pasión, en cuya rebeldía le acompaña su amada, no menos romántica y violenta que él. De todas las figuras que les rodean, es entrañable la de Hillo, que se hace gran amigo y protector de Calpena y renuncia a su futuro eclesiástico, o al menos de momento, por protegerle y seguir los dictados de la dama oculta, que cree de buena fe que son lo mejor para su amigo, del cual se convierte en una sombra. Hay además otros que espían a Fernando por orden de la dama. Otra figura singular es Jacoba Zahón, de estirpe de joyeros y talladores y gran comerciante de este género, en su casa, en la que hace grandes negocios y es muy buena entendida en la materia, al igual que Maturana, que es su gran amigo, aunque a veces la haga rabiar, logrando mejores negocios que ella. Aura es la muchacha díscola y falta del disimulo de las jóvenes educadas de la época, y esto la hace más simpática y adorable, tanto a los ojos de Fernando como del lector, que la reputa por una muchacha sincera y apasionada y se gana todas las simpatías, al igual que el protagonista. Aparecen varios conspiradores, más o menos encubiertos o conocidos de todos, entre los que destaca Iglesias y algún otro, todos ellos metidos en la política nacional, que sigue siendo un patio de monipodio, aunque Mendizábal intente regenerar el país y casi lo consiga, pero, como dice Hillo, gran aficionado a los toros, no remata la suerte. Se retrata bien la figura del ministro y sus cavilaciones, sus problemas, tanto públicos como privados, y su actividad diaria en ambas facetas, y también su carácter y su proceder privado quedan un poco en el misterio, al no saberse bien sus relaciones con Fernando y Aura. En lo político se le ve apoyado, hasta cierto punto, por algunos como Argüelles, y abandonado por otros, a los que ya citamos. Los sucesos históricos son menos importantes que los novelescos, y se hace alusión a ellos con gran habilidad, mezclados en la novela y sin tener que acudir a la descripción separada de los mismos, salvo tal vez en algún caso, como la votación de la moción de confianza, que pierde Mendizábal. Es éste un episodio que nos introduce ya en lo que se adivina va a ser una gran historia romántica y folletinesca, con los amores contrariados del protagonista y Aura, y  la resolución de los enigmas de sus ascendientes, que pensamos tendrán algo en común, o al menos eso se sospecha. Galdós, que ya ha escrito, por estas fechas, grandes novelas de una singular profundidad, no desdeña acometer un género algo más frívolo y demuestra en éste la misma maestría que en el otro, pues su buen hacer le permitía acometer, con la misma dignidad y altura, un género novelístico que otro, y brillar en ambos a más altura que ningún otro escritor.

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