El Cultural - Un Voluntario Realista - El Sol Digital
El Cultural – Un Voluntario Realista

El Cultural – Un Voluntario Realista

Esta semana hemos estado en la biblioteca leyendo “Un Voluntario Realista”: el séptimo libro de la segunda serie de “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós. Richerdios.

Un Voluntario Realista

 

Narra la historia de Pepet Armengol, llamado Tilín, que era un sacristán de monjas en Solsona, en el convento de San Salomó. Ellas le habían criado cuando su padre, el anterior sacristán, había muerto, y él les ayudaba en todo, pero su temperamento muy fogoso y fiero, sin ningún freno, le llevaba a querer ser un defensor de la fe a todo trance y mezclarse en guerras en que hubiera que defender la religión. En el convento, entre otras, había una monja llamada sor Teresa de Aransis, que no tenía excesiva vocación, era de procedencia noble y vivía con cierto lujo y regalo y no con todas las reglas de la orden. Pepet se enrola en los voluntarios realistas y participa en la campaña de Jep dels Estanys, en Cataluña, en cuyo Principado se ha formado una Junta, que no se sabe bien si está propiciada por el rey o por su hermano Carlos, que ya empieza a ambicionar el trono. Esta Junta lucha contra la templanza del gobierno absolutista de Fernando, que, según tales individuos, no actúa contra el liberalismo, y sobre todo contra los absolutistas moderados que no emplean, según su opinión, todo el rigor preciso. El caso es que se levantan partidas de voluntarios realistas o de apostólicos, y se habla del Ángel Exterminador, especie de sociedad secreta apostólica, cuya existencia no está demostrada históricamente. Tilín está a las órdenes de Pixola, un colaborador de Jep y de Caragol, otro de sus adláteres. Tilín recibe el encargo de convencer a Pedro Guimaraens de que se les una, y lo logra amenazándole, y luego le mandan a reclutar hombres, dinero y caballos, y lo hace a conciencia, y, además, ataca a tropas enemigas y las vence, pero no es felicitado por Pixola, que le tiene envidia, y él, aunque se ha ascendido a sí mismo a comandante, se retira con las monjas. Pero más tarde se va con Jep por su cuenta y éste lo tiene como una especie de criado. Como no le gusta la situación, actúa por su cuenta. Toman Manresa y ya aparece un hombre extraño, que se llama Jaime Servet, y al que en seguida identificamos como Salvador Monsalud, que trae una misión secreta, aunque aparece como un amigo de las monjas de San Salomó. Tilín lo detiene, pero él le engaña, aunque sus jefes no se han dejado engañar y lo han detenido, pero luego él, al actuar por su cuenta, lo libera. Además, Tilín se ha enamorado de la monja y le declara su amor, y ella le rechaza. Él se quiere suicidar o morir en batallas absurdas. Lo que hace es asaltar el convento para raptar a la monja y lo quema. En ese momento, Servet, o Monsalud, está convenciendo a la monja para que le dé protección, pues viene huyendo de Carlos Navarro y sus amigos, que le han reconocido y le persiguen. El convento arde, las monjas son salvadas y Servet detenido y entregado a las tropas del rey, que ya han llegado y disuelto las partidas apostólicas, pero para ser fusilado, pues es acusado de haber quemado el convento. La monja logra escapar del rapto de Pepet. Se entera de que Monsalud va a ser fusilado, sabiendo que es inocente, y, además, habiéndose enamorado de él. Logra de Guimaraens, que ha sido encargado por Chaperón, el cual dirige el asunto, de fusilar a Monsalud, que acceda al cambio de Monsalud por Pepet. Éste ha llegado hasta la monja y ella le ha convencido de que si la ama debe morir para salvar a su hermano, que es quien le dice que es Monsalud, y, además, porque el verdadero culpable del incendio es él. Pepet es fusilado y Monsalud se salva. La monja no quiere reconocer que es ella la que le ha salvado.

Episodio, como todos los de esta serie, más novelesco que histórico, pero con todo mezclado y relatando bien la campaña de Cataluña, tan absurda como que la historia aún no ha podido determinar su origen ni sus causas, y menos quién la instigó, aunque se sospecha que fuera un golpe de Fernando contra su propio gobierno, como hizo otras veces a causa de la moderación de éste, o bien, también, de su hermano Carlos, que ya ambicionaba el  trono y se jactaba de ser más católico que su hermano, y eso le granjeaba las simpatías del clero y muchos arribistas. Ya se estaba gestando el carlismo y las guerras civiles. La figura de Pepet, que es un poco el protagonista, parece como la de un muchacho sanguíneo y lleno de pasiones y que no tiene claras las cosas. Lo mismo sirve a una causa que a otra, aunque sobre todo tiene un amor sensual por la monja, que al final troca en idílico para morir, y la quiere tener por encima de todo, y entonces atropella la religión y todo aquello que había defendido, aunque, más que por convicción por el ansia de sacar fuera su ímpetu y su carácter tempestuoso. La monja es parecida y, aunque su amor no está en Pepet, al que al principio instiga a ir a la guerra, sí se prenda de Monsalud, y también atenta contra todas las reglas de su orden y hace morir a un hombre en lugar de otro, con engaños, aunque sea el culpable del crimen y el verdadero incendiario. Luego, renuncia a su amor por Monsalud más que nada por orgullo o por arrepentimiento, y no quiere aceptar que le ha salvado la vida. El propio Salvador sigue estando metido en líos, en los que está a punto de perder la vida, y siempre con misiones peligrosas, que no se aclaran bien y que le hacen fluctuar constantemente y ser juguete de los acontecimientos, más que dominador de los mismos. Episodio entretenido y que se sale un poco de las líneas de los anteriores, al presentarnos a estas figuras tan apasionadas y tener por escenario Cataluña exclusivamente.

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