“El descenso de los concursos encubre una mortalidad inusitada de empresas”

“El descenso de los concursos encubre una mortalidad inusitada de empresas”

La modificación de la Ley Concursal no ha incorporado a la Seguridad Social convirtiéndola en un órgano recaudador.

Juan Alberto Gómez

 

El primer trimestre de 2015 ha terminado con cifras esperanzadoras en la batalla que libran las empresas por salir airosas de la quiebra. En este sentido, el número de concursos de acreedores ha descendido un 26,6 por ciento según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la mitad que en el mismo periodo del año anterior, lo que confirma, en una primera lectura, el anticipo de que la crisis es cosa del pasado.

 

Pero hay que echar la vista atrás para ver su desastroso paso. Desde 2008, han echado el cierre en la provincia de Málaga un total de 16.000 empresas, un número escalofriante. Tanto que, ha arrasado sectores enteros dejando exiguo el tejido industrial. La construcción sigue siendo la principal protagonista en los procesos de impago. A gran distancia, se sitúa el comercio. Casi el 90 por ciento son procesos voluntarios, lo que demuestra la disposición de la empresa a cumplir con sus obligaciones pero, sobre todo, a mantener la actividad.

 

De cualquier forma, hay expertos que ven otra causa a este frenazo de la mortalidad. El profesor de Derecho Mercantil de la Universidad de Málaga (UMA), Vidal Setién Hernández, lo atribuye al escaso número de supervivientes de estos ruinosos procesos.

 

El largo plazo del concurso de acreedores, la excesiva dilación de los juicios, han terminado por apuntillar a muchas compañías que, de otra manera, hubieran perdurado. “El colapso de los juzgados mercantiles o plazos de cuatro años para la celebración de un juicio”, enumera, “son algunos de los males actuales”. A este ambiente hostil se añade el que “cientos de miles de sociedades se encuentren prisioneras de las reglas propias del concurso”. “Empresas”, en su opinión, “heridas pero no muertas” cuya principal infortunio no fue otro que “sufrir problemas de gestión”. “Muchas son perfectamente salvables”, lamenta el experto de la UMA y miembro del bufete. Sobre todo “en el inicio de la recuperación”.

 

El Gobierno modificó recientemente la Ley Concursal, en concreto, los artículos 146 y 147 para regular la venta de unidades productivas, lo que se conoce coloquialmente como ‘trocear una empresa’ para vender activos, filiales, inmovilizado, etc. Entre sus principales novedades se reconocían ventajas como el ”mantenimiento de los puestos de trabajo, la menor depreciación de la compañía o acelerar la salida de la situación de concurso”. En general, “se ha ganado coherencia”, alaba el docente aunque “nace con un problema de raíz”. “Quien compra se hace cargo de las deudas que la empresa mantenía con la Seguridad Social”, desvela. Un feo asunto ya que, en este ámbito, la compañía no disfruta de los beneficios y la protección de la Ley Concursal.

 

Lo peor que puede ocurrir es que, al extenderse los plazos del concurso “la deuda no deja de incrementarse”, explica Setién Hernández. “Al final”, esgrime, “el impago con la Seguridad Social es igual o superior al que arrastraba la propia empresa”. La conclusión para el experto es rotunda: “el sistema una vez más ha fallado, no es racional” argumenta con inquietud pues mantiene a la “administración al margen del concurso”. “La peor consecuencia” para el representante de Cabra de Luna Abogados, es que “el legislador haya dejado que los funcionarios adquieran una función recaudatoria”.

 

“Si el concurso se alarga, el impago con la Seguridad Social no deja de crecer y, en muchos iguala o supera la deuda que mantenía”

 

Tampoco ayuda el escenario actual con un exceso de oferta residencial y terciaria en el mercado provincial que “no permite al empresario desprenderse del inmovilizado inmobiliario”. “Es indigerible”, resume el abogado de lo mercantil. Por si esto no bastara, “cualquier decisión judicial puede dilatarse meses, incluso años”. Como conclusión, “una justicia lenta no es justicia

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