El futuro incierto. Carlos Ramírez Sánchez Maroto. Abogado - El Sol Digital

El futuro incierto. Carlos Ramírez Sánchez Maroto. Abogado

Prometió todo lo que querían escuchar los distintos grupos parlamentarios del hemiciclo que les iban a votar la moción de censura. ¿Sabía que no podría cumplirlo?, sí, ¿y qué? La votación estaba ganada, y con dos años por delante de legislatura. El peor ejemplo del oportunista había conseguido su meta. Rajoy se iba y con él el partido de la metástasis de la corrupción en diversas Comunidades Autónomas.

Ante el nuevo escenario, el PP tendrá que seguir librando la batalla de las cuarenta sentencias sobre su corrupción por conocerse, que seguirá atenazándolo salvo que se depuren responsabilidades políticas de forma inmediata. Las sentencias por corrupción son la línea roja que va a seguir diferenciando a Cs del PP, además de sus propuestas, “desde la barrera” en políticas sociales con las que pretenden ampliar terreno por la izquierda.

En cuanto al horizonte del virtual ganador del día 5, los afiliados al corriente de pago y que hayan especificado su deseo de participar en el proceso votarán en doble urna. En la primera, elegirán al candidato que prefieren. En la segunda, a los compromisarios que votarán al nuevo líder en el Congreso Extraordinario. Solo pueden pasar un máximo de dos aspirantes, salvo que uno logre más del 50 por ciento de los votos, más de 14 puntos de diferencia con el segundo y ganar en más de la mitad de las circunscripciones. Entonces será candidato único. El 20 y el 21 de julio se celebrará el Congreso Extraordinario en el que los compromisarios elegirán quién es el líder del PP y candidato a las elecciones.

Que el PP necesita muchos cambios en diversas facetas es nítido, pues desde hace años se ha convertido en un partido alejado de la juventud y de políticas sociales atractivas, y pasivo y sin relato en temas esenciales de defensa de valores y compromisos éticos. ¿Quién puede encarnar el cambio inexorable y tranquilo, la seguridad y el impulso a los valores y compromisos que demandan sus simpatizantes y votantes tradicionales y buena parte de los perdidos? Es tanto una cuestión de persona, de equipos, como de programas, y el PP ya no es una marca ganadora. Han de tomarse decisiones muy difíciles para convencer a millones de españoles, y la “tostadora diaria” de los medios de comunicación, al menos, no se va a cansar de investigar y criticar al PP.  Hay muchas metas. La polarización ante decenas de temas sociales, territoriales, económicos, pueden contribuir a unificar al partido y a su base social, o a que vaya desapareciendo en Cataluña y Navarra.

Cospedal asegura encarnar “los valores” del PP, que “son los valores de la libertad, de la defensa de la iniciativa individual, de la defensa del espíritu de sacrificio, del afán de superación, del esfuerzo colectivo, también de la solidaridad”.  Falta sustancia. ¿Y el relato de la defensa de la vida, la unidad territorial, la integración social, garantizar más y mejor la igualdad entre españoles?

Sáenz de Santamaría no representa la renovación. Ella llegó con Rajoy y ha caído con Rajoy. Éxitos políticos no se le reconocen en abundancia, pero si algunos fracasos, por ejemplo, en la misión bautizada como “operación Cataluña”, es decir, reconducir el problema territorial abierto con la Generalitat, y el conflicto se multiplicó exponencialmente.  Quizás su mayor error ha sido en relación con los medios de comunicación y el reparto de licencias de televisión. Son conocidas sus gestiones con directores de medios y ha dado el visto bueno a la fusión de Antena 3 y la Sexta, además de dar oxígeno a canales y medios radicales en contra del gobierno.

Lo relevante es que hoy una gran parte de nuestra sociedad necesita y desea un liderazgo de ideas, que busca una sólida identidad de la que no tenga que esconderse o gritarla, que cree en las ideas de la derecha social y que reivindica un espacio público y político en el que se sienta representado. Que sí tiene la sociedad de izquierdas identitaria de España, pero no la tiene la de derechas. La derecha debe ser plenamente centrista en lo social, en la apertura de ideas y la ausencia de sectarismo pero, además, debe apostar por su identidad ideológica, por sus ideas centrales, sin complejos. Si lo consigue, porque quiera hacerlo, ganará las elecciones, y también podrá liderar el debate social, periodístico e intelectual en España, desde hace décadas en abuso de la izquierda por ausencia de contrincante.

¿Y respecto de asuntos que interesan a la ciudadanía, como la energía, la financiación autonómica y la contaminación? El plan ambiental del nuevo gabinete socialista señala como «medida prioritaria» la retirada definitiva del carbón del sistema eléctrico antes de 2025 y de la nuclear cuando las plantas cumplan 40 años de explotación. El cierre del carbón tendría un triple impacto sobre la comunidad asturiana, que afectaría de forma directa a las cuencas mineras; en segundo lugar, a las centrales eléctricas que operan con este mineral y a la potente industria siderúrgica que lo utiliza para la fabricación de acero. En ese sentido, supondría un incremento del precio de la electricidad al sustituirlo por gas, lo que tendría un tercer impacto sobre el conjunto de la industria electrointensiva.

Es necesario un plan más ambicioso y sensible con los territorios con instrumentos de muy distinto tipo: fiscales, inversión en infraestructura, fomento del autoempleo… El carbón fue en 2017 la tercera fuerza de generación eléctrica con un 17,1 por ciento de cuota de mercado, por detrás de la tecnología eólica con un 17,4 por ciento y la nuclear, con un 20,4 por ciento. Es necesario promover un gran Pacto de Estado de la Energía que permita una política energética de estabilidad en el tiempo y facilitar así la transición energética. Las comunidades autónomas amenazadas por el cierre del carbón y de la nuclear han hecho suyo el argumento del coste del recibo que pagan hogares y empresas.

En relación con la insuficiencia de financiación para sanidad, educación y dependencia, los presidentes valenciano, extremeño, andaluz y catalán han sido muy duros con el gobierno de Rajoy durante cinco años. Este mismo invierno, Susana Díaz apostó muy fuerte y se reunió con partidos, sindicatos, patronal, rectores de universidades y todo aquel que quisiera sumar apoyos para su principal reclamación,  4.000 millones más del Estado para tener una financiación justa que mejore servicios básicos como la sanidad o la educación. Sin embargo, Pedro Sánchez ha tumbado su estrategia de confrontación labrada con mimo de guerrero malayo al aclarar que la nueva financiación autonómica no llegará antes de 2021, y atascada como está desde 2014. El relato del “maltrato” al que estaba sometida Andalucía y Valencia, y que violaba la igualdad de todos los españoles, se rompió con la moción de censura que desbancó a Rajoy. El mejor enemigo político acosado a diario por la corrupción se fue. Los amigos han llegado y no dan ni agua.

Respecto a la contaminación del aire es un gran problema de salud medioambiental global según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los índices de contaminación del aire nos afectan de manera plena, aunque no por igual. Los picos de contaminación se han sucedido además con dos de las sustancias más peligrosas: el dióxido de nitrógeno –derivado del tráfico rodado– y las partículas en suspensión PM10, relacionadas directamente con muertes prematuras, cáncer de pulmón, afecciones respiratorias, cardiovasculares e ingresos hospitalarios. La OMS presentó en 2014 un informe sobre las ciudades más contaminadas de España. El aire no debe tener partículas PM10 por más de 20 microgramos por metro cúbico, una cifra que se supera en el 76 por ciento de las 46 ciudades españolas estudiadas.

La Línea de la Concepción es la ciudad más contaminada de España, con una media al año de 33 microgramos de PM 10 y 18 de PM 2,5. Málaga ha llegado a contener una concentración de 17 microgramos por metro cúbico. Granada y Sevilla son las ciudades andaluzas que más superan los niveles de contaminación por dióxido de nitrógeno. Sus niveles de contaminación superan la media que recomienda la Unión Europea. ¿Existe salida? Sí, apostar por luchar contra el cambio climático y el consumo de proximidad tanto en alimentos como en espacios de trabajo cercanos a nuestra casa para reducir la contaminación. En este sentido, debemos aprobar estrategias sobre el transporte, las calefacciones, el consumo de agua, consumos eléctricos. Debemos cambiar el paradigma de la presión ciudadana. No hay otra solución.

 

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