El IBEX y el Impuesto sobre Sociedades - El Sol Digital
El IBEX y el Impuesto sobre Sociedades

El IBEX y el Impuesto sobre Sociedades

Israel Mármol, Economista

“La mitad de las empresas del IBEX no pagan ni un euro por el Impuesto sobre Sociedades”.
Esta es una de las “noticias” que se repiten todos los años y que ningún periodista se molesta en analizar para ver si es un abuso o hay razones lógicas para que se dé esta situación.

Citas escogidas:

“La recaudación por el impuesto de sociedades no ha dejado de caer desde que comenzó la crisis. Pese al regreso a los números negros. Lo que las compañías del IBEX 35 pagan a Hacienda por sus ganancias se ha reducido en casi 12 puntos desde 2007, el año de mayor auge económico.”

Poco me parece que la recaudación por IS haya caído solo doce puntos desde el mejor año para la economía española.

”Bases imponibles negativas, regularización fiscal interanual, créditos fiscales con las administraciones tributarias de los países en los que actúan […] son algunas de las manifestaciones que muestran la gran capacidad de actuación estratégica de estas empresas para diferir, programar o, simplemente, eludir sus obligaciones fiscales”.

Bases imponibles negativas es lo más lógico del mundo pero rara vez se entiende bien. Si una empresa no pudiera deducir de los impuestos que debería pagar sobre un beneficio de 100 euros en el segundo año de actividad las pérdidas de 50 euros del primero… no se emprendería ningún proyecto de más de once meses, o se emprenderían muchísimos menos ya que la rentabilidad tendría que absorber esos impuestos adicionales que habría que pagar sin restar los de las pérdidas anteriores.

Se puede argumentar que es injusto que las personas físicas no tengan la posibilidad de nivelar sus impuestos de acuerdo con las fluctuaciones anuales de sus ingresos y que puedan hacer una media entre los ingresos de los años de bonanza con aquellos menores de años en que los ingresos caigan, por una situación de desempleo, por ejemplo. Pero es que técnicamente sería difícil y tampoco se permite a las empresas la compensación retroactiva de pérdidas con beneficios de ejercicios anteriores.

Cuando se habla de “créditos fiscales con administraciones tributarias de otros países” enlazando a la noticia de que las empresas del IBEX aumentaron su presencia en paraísos fiscales en un 44 por ciento se está consiguiendo confundir dos conceptos:
No se restan créditos fiscales con administraciones tributarias de otros países. Se restan… los impuestos de sociedades o equivalentes pagados en otros países.
No hacerlo sería una nueva forma de colonialismo. El Banco Santander obtiene el 41 por ciento de sus beneficios en economías en desarrollo. Si no pagara el 41 por ciento de sus impuestos en dichas economías estaríamos esquilmando los recursos de esos países. Eso está muy mal con el coltán pero parece que sí que está bien en el caso del dinerito contante y sonante. Como dice un auditor en el artículo de El Confidencial que explica este mismo asunto con algo mas de rigor “los resultados contables vienen de todo el mundo, pero la cuota pagada es sólo nacional, con lo que ese dato tiene trampa, porque se están combinando cifras distintas”, añade.

“Cuando una empresa española trae 100 millones de beneficios de otro país, no es que haya ganado esos 100 millones. Es que esos 100 millones son los que gana tras haber pagado los impuestos en el país de origen. Por eso, cuando llegan a España no generan más impuestos, porque ya han sido pagados. Sin embargo, son incluidos para llegar a esa tasa efectiva del 3,8 por ciento o del 5,3 por ciento, y no debería ser así” y así se llega a la cifra del 3,8 por ciento de tasa impositiva efectiva al “poner en relación los impuestos desembolsados (en España) por los grupos consolidados –3.122 millones de euros en 2011– con sus beneficios contables –81.120 millones.”

La afirmación “Caixabank es la empresa que menos tributó por el impuesto de sociedades en 2014”. Con unos beneficios antes de impuestos de 202,17 millones de euros, se apuntó unos ingresos fiscales a su favor de 619,92 millones; es decir, tributó a un tipo efectivo del -206,6 por ciento” no sé ni cómo comentarla, es errónea en tantos conceptos que parece mentira que se haya colado en un medio que resulta que es serio.

Por último, comparan churras con merinas al decir que “en 2014 las empresas cotizadas repartieron 40.923 millones de euros entre sus accionistas, lo que supone un aumento del 85 por ciento respecto al año anterior. Es decir, por cada euro que las grandes compañías han pagado a sus accionistas han abonado sólo 44 céntimos a la Hacienda Pública en concepto de impuestos de sociedades”.

En primer lugar, gran parte de ese dividendo fue en forma de “scrip dividend” y eso no es una remuneración, es un truco de ilusionismo para hacer creer al accionista que está recibiendo algo cuando no le dan más que papelitos que no incrementan su participación porque el efecto final es nulo.
Además, comparar lo que pagan de dividendos con lo que abonan por Impuesto de Sociedades tiene tanto sentido como compararlo con lo que pagan a las compañías de gas y eléctricas por el suministro de energía. No sirve para nada más que para mesarnos los cabellos e indignarnos.
Por último, el dividendo no se paga con el beneficio. Se paga con la caja. Es un error contra el que lleva años luchando el profesor Pablo Fernández en una tarea que no acabará nunca, como la guerra contra las drogas que no es una guerra porque las guerras en algún momento acaban, como decían en The Wire. El beneficio es un apunte contable, el dividendo es una salida de caja. La empresa con el mayor beneficio del mundo puede no tener ninguna capacidad para pagar dividendo si no genera caja por las razones que sean, por ejemplo haberse embarcado en algún tipo de inversión financiada con recursos propios que haya esquilmado su tesorería.

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