El liderazgo según los jesuitas

El liderazgo según los jesuitas

Vicente López Mortes

 

El “fenómeno jesuita” se ha destapado por la elección del Papa Francisco, jesuita y argentino. Esta orden religiosa es un elemento clave en la historia económica moderna y su potente organización, después de casi cinco siglos, es referente para cualquier multinacional.

En 2008, la revista Forbes nombró a la Compañía de Jesús como “la corporación multinacional más antigua y exitosa de la Historia Económica Moderna”, más que Coca Cola o JP Morgan.

 

Chris Lowney ex seminarista jesuita y banquero de inversión, en su libro El Liderazgo al Estilo de los Jesuitas dice que “uno de los factores de éxito de la Orden fue su movilidad permanente y apertura de mente frente a otras culturas”.

Para Lowley, los pilares fundamentales del éxito y del enfoque empresarial de los jesuitas son:

  • Conocimiento de sí mismos: saber reconocer muy bien cuáles son las fortalezas, debilidades y valores de uno mismo. Tener un claro conocimiento del mundo y hacia dónde se quiere ir.
  • Ingenio: siempre innovar y al mismo tiempo adaptarse a las circunstancias de un mundo cambiante. Explorar nuevas posibilidades e ideas. Aprender de las otras culturas y darles su valor.
  • Amor: querer a los demás y tratarlos a partir de esa realidad. Siempre mantener una actitud positiva. Ganar a la gente por el amor y no el temor. Los líderes tienen confianza en sí mismos y la proyectan a los demás.
  • Heroísmo: despertar en uno mismo, y en los demás, grandes deseos. Fortalecer en sí mismo, y en los demás, aspiraciones heroicas.

 

 

La fundación la promovió un noble vasco, soldado y caballero: Iñigo de Loyola, más tarde San Ignacio de Loyola (1491-1556). Tiene una estructura militar y el superior de la orden es “General” y la orden “Compañía” en sentido castrense, no empresarial. La orden no está bajo el mando del obispo, su jefe es el Padre General. Las órdenes religiosas no reportan al Obispo de la Diócesis y los jesuitas dividen el mundo en Provincias de la Compañía de Jesús; tienen Padres Provinciales y un Padre General.

Para ser jesuita se debe estudiar teología y filosofía en sus seminarios y tener titulación universitaria, esto es una condición específica. El Papa Francisco es químico-industrial.

En sus normas no hay prohibición de ser obispo o Papa. Se especializaron en la educación, y obviaron las conjuras de la Curia Romana y en un momento donde el protestantismo era un clamor, los esfuerzos de la Compañía se canalizaron en la lucha contra las corrientes protestantes. Acumularon tal poder político y económico que al Padre General se le conocía como “El Papa Negro” y formaron un universo paralelo en la estructura católica.

 

Los esclavos negros tenían status de animales, los jesuitas los hicieron “propietarios” y les daban su parte del negocio, todo ello con la prohibición de la Corona.

El “Padre Administrador” el “controller moderno” era quien seguía los presupuestos y confeccionaba las estadísticas de las fundaciones jesuitas.

Fueron precursores del cooperativismo y en Sudamérica sus misiones fueron ejemplo de gestión. Las de Paraguay, Bolivia y norte de Argentina, repartían entre los indios y esclavos, parcelas de tierra, animales y semillas. Los procesos de producción estaban estandarizados en función del cultivo o la actividad industrial. Iniciaron una era “mini industrial” con la producción en función del canal de negocio. Obras, maestranzas, trapiches y factorías tenían índices de productividad enormes, y añadían valor a las materias primas. Hicieron un uso eficiente de los recursos. En agricultura, desarrollaron la agro-industria y la agro-exportación con tales resultados que serían la envidia de cualquier grupo actual. En el siglo XVIII, el chocolate producido y procesado en una estancia jesuita paraguaya, era tomado en Versalles y en la Corte de los Habsburgo. Todo, a través de un tecnificado sistema de almacenamiento y redes. Diseñaron el concepto de distribución, canales de negocio y logística. El control de costes era muy eficiente: los beneficios, después de un ejercicio fiscal, eran distribuidos primero entre los indios y esclavos, después entre el quinto real y la Compañía. Hacían caja constantemente pues la producción de sus haciendas, se distribuía entre indios y esclavos, quienes a su vez, la invertían en sus chacras, vendiendo lo que iban sacando de ellas. Esto les aseguraba un ingreso recurrente, y evitaba el endeudamiento para cubrir el déficit de caja, calculaban el beneficio por cada línea de producto y en función de los costos unitarios fijaban el presupuesto para el siguiente año fiscal. Fueron los primeros en aplicar la teoría de la tasas de transferencia en negocios. Sus inversiones en fincas, conventos, seminarios, colegios mayores y universidades les generaban caja, casi todas sus instituciones eran privadas y cobraban, lo que les permitía subsidiar a alumnos o seminaristas con bajos recursos. Reducían el riesgo sistémico de sus finanzas con la diversidad de inversiones y líneas de producción.

 

El miedo a su influencia motivó en 1768 su expulsión de España, Portugal y las colonias. Las monarquías absolutas temían sus ideas avanzadas: creían en la igualdad, la libertad económica, el cooperativismo, la redistribución del capital, el libre acceso al mercado, la educación de las minorías, etc. La expulsión supuso el cierre de sus colegios mayores, seminarios y universidades en todo el mundo, lo que fue un duro golpe para la educación occidental. Las instituciones educativas jesuitas representaban la excelencia.

Astutos, aplicaron “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo” y se exiliaron en estados protestantes y hostiles al Papado. En el imperio ruso de Catalina La Grande, que era una emperatriz ilustrada, los jesuitas se ganaron su respeto y admiración y ella no sólo les dio cobijo, sino el tesoro más importante para un jesuita: tiempo. Tiempo para regresar y de hecho 40 años después de su expulsión lo hicieron a lo grande, refundando colegios y universidades en todo el mundo.

 

Fue la única Orden que abiertamente se opuso al nazismo y al holocausto judío, muchos jesuitas fueron perseguidos por eso; algunos torturados y asesinados en campos de concentración. De hecho, para los judíos, la Compañía de Jesús es un referente de diálogo y para Israel es “Justa entre las Naciones” por su labor en contra del holocausto.

En los años 70 su posición progre y de izquierdas se hizo evidente: unas décadas antes habían decidido dejar de cantar misa en latín y usaban  el idioma del lugar. Decidieron no usar sotana y menos camisa con alzacuellos. Esa actitud causó recelo en las dictaduras (seis jesuitas fueron asesinados en El Salvador). Ser progres y estar cerca de los pobres y lejos de los grupos de poder les granjeó recelos por parte del Opus Dei.

 

Los progres jesuitas no se desvincularon de los grupos de poder, sus relaciones se basaron en la enseñanza. Fueron conocidos por ser los “educadores de las élites” en Europa y América Latina. Por sus aulas han pasado destacados intelectuales, políticos, científicos, artistas, militares y religiosos. Eso les daba acceso a familias y grupos adinerados y  poderosos. Pero su formación no trasmitía los vicios y costumbres de estos grupos, fueron más allá.

 

Los jesuitas son conocidos como “lava cerebros” una mafia donde quienes han sido educados se reconocen por ciertos rasgos, lenguaje corporal y forma de hablar. Una especie de “secta” con lenguaje y modos propios. Es una orden global y en constante diálogo interreligioso e intercultural. Desde el principio les quedó claro eso que ahora se llama “globalización”. Aunque llegaron “tarde” a la América española, mucho después que dominicos o franciscanos, en una década  llegaron a triplicar el patrimonio de los que llegaron antes. En el siglo XVI, los fundadores de la Orden enviaron a sus discípulos a lugares como China, India o Japón ya que Sudamérica se les quedaba pequeña.

 

El Padre Matteo Ricci SJ viajó a China y tomó contacto con el emperador. No era cosa fácil  ya que  en Asia, la experiencia jesuita había resultado un fracaso: decapitaron en Japón a 22 jesuitas y martirizaron a otros tantos en la India. El Padre Ricci SJ se ganó el respeto y admiración del emperador al dibujarle un mapamundi donde colocó a China, por primera vez, en la cartografía mundial. Ricci era matemático, geógrafo y cartógrafo. La mente abierta de este jesuita le permitió también colgar el confucionismo a la praxis cristiana. Fue un éxito ya que el emperador de China lo nombró consejero, siendo el primer y último caso de un occidental “privado” de un regente chino.

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