El perejil del inspector. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado - El Sol Digital

El perejil del inspector. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado

Las actas formalizadas por la Inspección de Trabajo, con arreglo a los requisitos legales establecidos, están dotadas de presunción de certeza de los hechos y circunstancias reflejadas en las mismas que hayan sido constatadas por el funcionario actuante, salvo prueba en contrario. Así, la presunción de certeza de las actas del citado cuerpo inspector, encuentra su fundamento en su especialización técnica, su objetividad, así como su imparcialidad (STSJC 11.5.2011, Rº 2364/2010) y alcanza a los hechos que hayan sido percibidos de forma directa y personal por el funcionario actuante al tiempo de la visita y reflejados en el acta, a los deducibles directamente de los mismos y también a aquéllos que por su propia naturaleza o por los  momentos temporales a que corresponden, no eran objetivamente susceptibles de una captación directa por el citado funcionario en el acta de la visita, pero que quedan establecidos en virtud de pruebas practicadas en el momento de tal personación y consignadas en el acta (como pueden ser documentos o declaraciones incorporadas a la misma), en definitiva, hechos y realidades personal y directamente comprobadas y constatadas, sin que se incluyan en el privilegio probatorio del precepto simples apreciaciones globales, juicios de valor o calificaciones jurídicas ( STS, Sala 3ª, de 23.9.2009, Rº6213/2007)

Ahora bien, los hechos constatados por los funcionarios de la Inspección de Trabajo que éstos reflejan en las actas de infracción legalmente levantadas,  si bien tienen la citada presunción de certeza, aquella  no es  absoluta, ya que pueden desvirtuarse en virtud de las pruebas que los interesados puedan aportar. Presunción legal que, desde luego, no se destruye automáticamente por la existencia de alguna prueba en contrario, pero que tampoco precisa, a esos efectos, que la que resulte contraria esté adornada de determinadas cualidades. De este modo, cuando existe prueba que la contradiga, la valoración ha de hacerse con arreglo a los criterios generales establecidos en nuestro ordenamiento, esto es, de naturaleza mixta, en los que existe una regla general de valoración libre de la prueba, si bien algunas de ellas están dotadas legalmente de un determinado valor probatorio.

De este modo, si bien la conclusión a que pueda llegar el funcionario actuante en el acta de infracción relativa a la existencia de relación laboral no vincula al juez de lo Social, no pueden desconocerse los hechos contenidos en la referida acta y a los que sí alcanza la presunción de certeza. Ahora bien, los hechos recogidos en el acta, dejan de ser una mera presunción cuando el Juez a quo, a la vista de la prueba practicada en el juicio y en ejercicio de las facultades que tiene conferidas forma su convicción y eleva los mismos a hechos probados de la sentencia.

En efecto, en  el caso que nos ocupa, el funcionario actuante giró visita sobre las 13.30 horas,  a un restaurante,  constatando  que la Sra. M., perceptora de prestaciones de desempleo, estaba cortando unas ramas de perejil en la cocina; si bien, dicha señora era cliente habitual y tenía relación personal de vecindad con la madre del titular, que estaba ayudando a su hijo, al haber sido intervenido quirúrgicamente ese mismo día, hecho coyuntural, tangencial, marginal o accidental para el juzgador hasta el punto de   valorar  jurídicamente aquel  la relación de citada señora como de buena vecindad o a título de amistad, excluida de relación laboral (ex art. 3.1.d) ET (conforme al criterio del Tribunal Supremo  STS 18.4.1990), por entender, que ni del acta de infracción, ni de las actuaciones posteriores, ni con la prueba propuesta y practicada, resultaban  indicios serios que pudieran  permitir concluir la existencia de relación laboral.

De cuanto antecede, la aplicación del artículo 1.1 ET, exige de la presencia de los elementos que conforman lo que puede entenderse como relación de trabajo, con independencia de la forma jurídica empleada por las partes, o de que la auténtica relación se haya encubierto bajo la apariencia de una relación puramente ocasional o esporádica, por expresa disposición del artículo 8.1 del citado texto legal, que presume la laboralidad del vínculo, por otro lado, también es cierto que cuando alguien trabaja para otro es deducción humana  razonable que lo hace retribuidamente, salvo que concurran datos indiciarios de que los servicios, como es el caso que nos ocupa, pudieron prestarse desinteresadamente,  criterio definitivo que ha servido al Juzgador para interpretar la falta de relación laboral establecida por la Inspección, habida cuenta que fue la falta de retribución en el expediente administrativo  lo que sirvió para llegar a tal  convicción judicial,  por lo que  no existe contrato de trabajo cuando se trabaja desinteresadamente para otro, puesto que falta el requisito económico. Precisamente por ello, nuestro legislador excluye expresamente de esa calificación jurídica el trabajo que se realiza por razones de amistad, benevolencia o buena vecindad (art. 1- 3-d ET), toda vez que el mero hecho de apariencia de trabajo para otro no constituye base suficiente para que entre en juego la mencionada presunción  de laboralidad.

En resumen: relación de amistad y vecindad y ocasionalidad de la tarea son, en fin, causas de los servicios “puntuales” del corte de perejil  en cuestión que, desde luego, puede acreditarse por los medios de prueba de que se valió el juzgador y que aportaron las partes. Tales hechos, por lo demás, no son contradictorios ni mucho menos incompatibles con los que la Inspección había constatado, pues ésta nada comprobó sobre la retribución del trabajo y, por lo demás, resultan de ese carácter puramente ocasional de la visita inspectora. A partir de esos datos, la existencia de un contrato de trabajo queda huérfana en este caso de dos pilares imprescindibles: el carácter retribuido de los servicios prestados y la dependencia. Huérfanas una y otra de prueba, no cabe sino desvirtuar por el Tribunal Superior de Justicia la presunción iuris tantum de la Inspección de Trabajo y la falta de laboralidad en el corte del perejil.

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